Datos
técnicos:
Título: La
ley de los justos.
Autor:
Chufo Lloréns.
Editorial:
Grijalbo (Grupo Pengüin Random House).
2ª
Edición: Febrero de 2015.
Encuadernación:
Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN:
978-84-253-5290-4.
Idioma:
Español.
Nº pág.:
1153.
Sinopsis:
En
la Barcelona modernista germina una historia de amor entre dos
jóvenes de clases sociales distintas. Una gran novela histórica de
pasión, ideales y venganza.
A
finales del siglo XIX, Barcelona vive una época de esplendor. Acaba
de celebrarse con gran éxito la Exposición Universal y una
burguesía próspera y culta, que busca inspiración en los salones
parisinos, exhibe su elegancia en fiestas y veladas musicales. Pero
al otro lado de la ciudad, donde las calles se estrechan y huelen a
pobreza, el rencor y la injusticia están fraguando una revolución
capaz de recurrir a la violencia más descarnada.
Práxedes
Ripoll dirige con mano de hierro a los obreros de la fábrica que
lleva su nombre, pero no consigue que sus hijos vayan por el camino
que él pretende. El mayor, Germán, es un vividor que goza del favor
de las mujeres y disfruta de los placeres que le ofrece la Barcelona
más canalla mientras que el menor, Antonio, está decidido a abrazar
el sacerdocio para el resto de sus días. Y Candela, su joven y
rebelde sobrina, que no está conforme con el papel que destina para
la mujer la machista sociedad de la época, tampoco está dispuesta a
seguir sus designios.
Y es
que, desde hace un tiempo, Candela se ve a escondidas con Juan Pedro
Bonafont, el hijo de la costurera; un muchacho de mirada franca y
amante de los libros de quien se ha enamorado perdidamente. Un amor
imposible para las rígidas costumbre de los Ripoll, quienes no
dudarán en usar todos los medios a su alcance para frustrar los
planes de la pareja.
Con la
habilidad de los grandes maestros de la novela histórica, Chufo
Lloréns teje un tapiz geográfico y humano apasionante. Su pluma
ágil y perspicaz nos conduce desde los lujosos reservados del teatro
del Liceo hasta los lóbregos sótanos donde se tramaban las
conjeturas anarquistas, mientras el destino de los personajes se va
trenzando en una Barcelona que se debate entre la atracción por la
modernidad y el miedo a unos cambios sociales violentos e
inevitables.
Opinión
Personal:
Hacía
tiempo que no leía un tocho de un considerable número de páginas,
como La ley de los justos, de Chufo Lloréns (Barcelona,
1931). Leí en Internet que este es su proyecto literario más
ambicioso en el que, a través de 1153 páginas, el escritor
barcelonés hace un magnifico retrato de la Barcelona modernista. Una
Barcelona en la que la Exposición Universal de 1888 supondrá un
antes y un después para la ciudad condal, porque iniciaba una
nueva singladura de progreso y prosperidad que hacía ver el futuro
con optimismo. A lo largo de los capítulos el lector que se interese
por esta magnífica novela histórica, comprobará cómo en el último
tramo, y sobre todo la alta sociedad barceloneses, empieza a
beneficiarse de inventos como la luz y el teléfono, que les
proporcionan una gran ayuda para su día a día. Una ciudad condal en
la que, sin embargo, se percibe una gran diferencia entre las clases
sociales, porque la alta burguesía sigue refugiada en su
particular burbuja, ajena a las penalidades que atraviesan el resto
de los estamentos sociales, sobre todo una vez finalizada la
exposición.
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| (Calle Muntaner-Barcelona) |
Pese
a la larga extensión de La ley de los justos, en mi caso me
encontré muy cómodo durante su lectura. En este sentido, y en una
novela de esta índole, soy partidario de lo que dice el autor en la
nota que acompaña al cuerpo de la novela: «preciso describir
para que el lector sea consciente de la época en la que transcurre
la acción» (pág. 1139). En mi opinión, este tipo de
descripciones, sobre todo en lo que a
espacios cerrados se refiere, me ayuda a imaginarme cómo son las
lujosas mansiones y torres en las que viven los burgueses, al igual
que los espacios por los que se mueven los personajes de las demás
clases sociales. Aunque, si el autor de turno se explaya en demasía,
sí que entiendo que influye en la interrupción del relato de la voz
narrativa. Y hago este comentario, porque este tipo de descripciones
me recuerdan a las de los grandes clásicos rusos, en cuyas novelas,
sobre todo las de larga extensión, el relato es más bien pausado y
las descripciones diría que mucho más minuciosas que las que me
encontré en esta novela. Repito, símplemente esto es una
apreciación mía; otra cosa es el parecer del resto de los lectores
al respecto.
En
La ley de los justos el lector se encontrará con un complejo
entramado compuesto por una serie de subtramas muy atractivas que se
van derivando de la trama principal. Unas subtramas que me incitaron a estar muy pendiente de todo
lo que sucede a lo largo de los capítulos que las conforman, con el aliciente de que no tardo en darme cuenta de que voy un paso por delante de los personajes. En todas ellas me encontré con situaciones que atrajeron mi
atención y me llevaron a redoblarla ante la intriga que me
plantean los episodios que restan hasta confluir de nuevo con la trama principal. Unas subtramas que conforman un conjunto muy
compacto: un verdadero y complejo puzle, porque el autor encaja las
piezas que lo conforman a medida que se aproxima el desenlace. Una
trama principal en la que el romance está muy presente, pero
conforme las vicisitudes que acompañan a los protagonistas de la
relación sentimental entre dos personajes que pertenecen a
diferentes clases sociales, me pregunté si su pasión tendría el
final deseado. Está claro que el autor es consciente de que el
desenlace tiene que ser previsible, aunque lo planifica y
desarrolla de tal forma que me sorprendió su desarrollo, rematado con un último capítulo en el que todavía aguarda
una sorpresa que redondea una gran historia. En mi caso es una
historia con mayúsculas, por lo que no me extraña que en tan poco
tiempo se acabara la primera edición de esta novela.
La
trama propiamente dicha de esta novela comienza en 1888 y finaliza en
1893, si bien al comienzo de la misma hay dos capítulos en los que
la voz narrativa retrotrae el relato a Cuba, en 1871 y a Barcelona,
en 1874, en donde me encontré con dos episodios que, más adelante,
entendí que eran el punto de partida de una historia que guarda
relación con quien era uno de los próceres de la ciudad condal. En
1888 se inaugura la Exposición Universal, que se instaló en el
Parque de la Ciudadela. Una exposición que contribuyó a mejorar las
infraestructuras de toda la ciudad, como se podrá comprobar en el
primer tramo de la novela. Sin embargo, y sobre todo a partir del fin
de este evento, Barcelona vive un período muy convulso, sobre todo porque los anarquistas imponen su terror a través de bombas con las que
denuncian la mano de hierro que utilizan los patronos con los
obreros, para los que solicitan mejores condiciones laborales y un
salario más digno en relación al que cobran tras largas horas de
trabajo. A lo que acabo de comentar hay que añadir lo que era ya una
realidad en Cuba, porque sus ciudadanos ansían la independencia de
su isla, y con el paso de los años son más frecuentes y cruentos
los enfrentamientos entre las distintas facciones independentistas
con las tropas españolas acantonadas en la isla. Una guerra de Cuba
sobre la que me informa la voz narrativa a lo largo de varios
capítulos intercalados entre la trama principal. Capítulos que
guardan relación con uno de los protagonistas de la novela, pero en
los que también estuve muy pendiente de lo que sucede en las
diversas haciendas que se dedican a la plantación del tabaco, al
igual que en los ingenios azucareros. Si bien, como también se podrá
comprobar en algunos episodios, los afines a la independencia recelan
sobre el papel que desempeña Estados Unidos en esta contienda pues,
tras su finalización, temen que su alzamiento sólo
sirva para cambiar de amo.
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| (Prisión Reina Amalia-Barcelona) |
Como
adelanta la sinopsis, La ley de los justos es una gran novela
histórica de pasión, ideales y venganza, aunque diría también que
de supervivencia y de superación. Una historia de pasión, porque
Juan Pedro Bonafont se siente prendado por Candela Guañabens, joven
de una de las familias de la alta burquesía más poderosas de Barcelona, y
que vive en una gran mansión de la calle Valencia, en cuya casa
trabaja como costurera Luisa Rach, madre del joven protagonista. Una
historia de pasión impropia de una época en la que era impensable
el enlace entre parejas de diferente clase social, y en la que
imperan los matrimonios concertados, sobre todo si a través de
ellos se incrementa el patrimonio de las familias cuyos vástagos
contraen nupcias, como este es el caso. Una historia de ideales por
lo que ya comenté en esta reseña sobre lo que pretenden conseguir los anarquistas
con sus proclamas pero, sobre todo, con las bombas Orsini que segaron
la vida de inocentes, sobre todo en brutal atentado cometido el 7 de
noviembre de 1893 en el Liceo de Barcelona. Sin duda alguna, para mí
es uno de los mejores capítulos relatados por la voz narrativa,
porque el autor desarrolla unos episodios que mantuvieron mi
atención, sobre todo a medida que se presentía que algo iba a
suceder en el teatro de ópera en activo más antiguo y prestigioso
de la ciudad condal, con el aliciente de los episodios que tienen
lugar en uno de los proscenios de la meca del bel canto barcelonés.
Los capítulos que se desarrollan en el Liceo son muy interesantes,
porque en ellos se reflejan todos los entresijos que se llevan a cabo
mientras se desarrolla la ópera de turno, y que diría que no tienen
desperdicio, sobre en lo que se refiere al uso que de él hace la
alta burguesía. La ley de los justos es también una historia
de venganza, porque a través de la relación que mantienen varios
personajes se percibe que el camino que toma la misma no
conduce a nada bueno. Pero también es una historia de superación y
supervivencia. De superación porque el lector se encontrará con personajes que
quieren mostrar que su talento les puede dar el salto al éxito, caso
de Claudia Codinach, en quien el prócer Práxedes Ripoll ve una
promesa de la ópera, pese a que, con el paso de los capítulos,
tendrá que ser ella misma, quien sorprenda a los que dejaron de confiar en su talento cómo se convierte en una
gran diva aplaudida en todos los escenarios del bel canto que
reclaman su actuación. Diría que también es una historia de
supervivencia, como se puede comprobar en el personaje de Amelia Méndez, quien trabaja en los almacenes El
Siglo, pero a quien la vida le depara una serie de reveses que, pese
a que en un principio tiene la sensación de que su destino por fin
va a cambiar, se encuentra con que las vicisitudes no la abandonan.
Chufo
Lloréns perfila una galería de personajes muy interesantes, porque
a través del amplio elenco que la conforman, me pude hacer una clara
idea de cómo era la sociedad de la Barcelona de los dos últimos decenios del siglo XIX, y conocer con el paso de los capítulos a los que más peso
tienen en el desarrollo de la trama. Unas clases sociales entre las
que la alta burguesía les hacía saber a los
escalafones inferiores el lugar que les corresponde. Sin duda
alguna, creo que este amplio elenco de personajes es uno de los
grandes reclamos de La ley de los justos. Personajes creíbles, muy vivos —de carne y hueso, como habituamos a decir en estos casos— , con un gran trasfondo psicológico y una
evolución brutal. En este sentido, en algún momento me pregunté si, dado el amplio abanico de personajes, alguno de ellos no se
rebelaría en algún momento contra la sucesión de episodios que el
autor quería que protagonizasen. Pese a que Juan Pedro Bonafont y
Candela Guañabens son los protagonistas de esta novela histórica,
entiendo que estamos ante una novela coral, porque varios de los
personajes secundarios protagonizan su propia subtrama y puede
decirse que tienen igual protagonismo que los dos jóvenes aunque, sin
embargo, hay algunos que parecen sobresalir pero su trascendencia se
diluye con el paso de los capítulos. Una novela coral en la que el
lector se encontrará con una natural interactuación entre
personajes reales y ficticios, de tal forma que me llevó a buscar en
Internet alguno de ellos, porque tuve la sensación de que era real
su participación en los hechos históricos, tal y como los relata la
voz narrativa. Como dice el autor en la nota que acompaña al cuerpo
de la novela, «me he permitido la licencia novelística de
desencuadrar algún suceso y aprovechar algo que sucedió antes o
después para dar más interés al relato, caso de personaje de
Pancracia Betancurt, inspirado en Enriqueta Marí, llamada la Vampira
de la calle Ponent» (pág. 1139). Entre los personajes reales
quien mayor presencia tiene es mosén Jacinto Verdaguer, o Cinto,
como era llamado en la intimidad, gran poeta catalán y limosnero del marqués de Comillas. Ya en un plano secundario o
testimonial se encuentran personajes como los anarquistas Santiago
Salvador o Paulino Pallás, o el inspector Peláez, a quien se le
redobla el trabajo con los atentados anarquistas y otras
investigaciones que tiene que realizar, sobre todo porque afectan a
personajes de la alta burguesía. Entre los testimoniales figuran,
entre otros, el marqués de Comillas, de quien era capellán
limosnero, al igual que el gobernador civil de turno o el obispo
Català.
Como
dice el autor en una entrevista que en su día le hicieron en RNE:
«en sus libros siempre hay un bueno muy bueno al que amar, un
malo muy malo al que odiar, personajes secundarios que pasan a ser
principales, protagonistas que se diluyen y un final coherente pero
sorpresivo». En este sentido, diría que personajes como Alfredo
Papirer o la citada en el párrafo anterior, Pancracia Betancurt, a
los que añadiría a Juan Massons, terrateniente y socio de Práxedes
Ripoll en Cuba, personaje este último que también puede incluirse
en este grupo, aunque no por equipararse a la maldad de los antes citados,
sino por cómo utiliza su posición social en su beneficio y la mano
dura que utiliza con los trabajadores de sus empresas, al igual que
los negocios turbios en los que está metido. Me sorprendió el
cambio de Alfredo Papirer, porque tiene un inicio más bien
picaresco, pero las circunstancias y las malas compañías hacen que
se vuelva un malo malísimo. Otro tanto sucede con Máximo Bonafont,
a quien las malas compañías y la venganza le llevaron por un camino
del que ya no pudo desviarse. Aunque estoy seguro de quienes leyeron
esta magnífica novela coinciden conmigo en que la palma de este
grupo se la lleva Germán Ripoll, personaje prepotente, ruin,
canalla, avaro y todos los calificativos que se le quieran añadir.
Entre los buenos buenísimos sobresalen el ya mencionado Juan Pedro
Bonafont, Antonio Ripoll —de quien estuve muy
pendiente de sus desencuentros con su padre, pero sobre todo con su
hermano Germán—, o el propietario de la hacienda San
Andrés, en Cuba, Julián Cifuentes, personajes todos ellos que
representan lo mejor del ser humano, sin olvidarme del papel que
desempeña en la vida de Juan Pedro el librero Nicanor Cardona.
Mencionaría aparte a personajes como Amelia Méndez y las
vicisitudes que la acompañaron a lo largo de los capítulos; el
mestizo Silverio, traído de Cuba por Práxedes Ripoll, o Julia
Rach, la madre de Juan Pedro y Máximo, dada la dura vida que llevó
ante el destino cruel al que fue enviado su hijo menor y el mal
camino que tomó su hijo mayor.
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| (Circo Ecuestre Alegría-Barcelona) |
Me
gustó mucho La ley de los justos,
pese a que en un principio impone la larga extensión de la trama,
1153 páginas, estructurada en 181 capítulos titulados, y agrupados
en dos partes bien diferenciadas —Tiempo
de rosas y Tiempo
de espinas—. Sin
embargo, en mi caso, el autor consiguió que, pese a
ello, se me hicieran pocas porque, en más de una ocasión, me dije
que las historias de algunos personajes podrían haberse alargado un
poco más por lo atractivas que me parecieron. Chufo Lloréns
planifica y desarrolla una trama con la que consigue que el lector
realice un verdadero viaje literario en el tiempo a la Barcelona de los dos últimos decenios del siglo XIX, en donde se celebró la Exposición
Universal de 1888, que supuso un antes y un después para la ciudad
condal. Una ciudad condal que se convierte en un personaje más de la
novela, a través de cuyas páginas el lector conoce los edificios modernistas
que son descritos por la voz narrativa. Aunque también muestra los
barrios en los que viven las clases sociales más bajas, y los menos
seguros para quienes se atreven a transitar por sus calles. El lector también se
encontrará con un período muy convulso en el que el anarquismo
reivindica su revolución contra el poder patronal alentando a los
obreros con reuniones y asambleas clandestinas, pero sobre todo con
el terror de las bombas. El narrador omnisciente también le informa en varios capítulos interesantes sobre la
realidad que supone el ansia de independencia
de los cubanos, en cuya isla ubica capítulos interesantes, en los
que se relata el avance del conflicto bélico al que se enfrenta
España, consciente de que la pérdida de la isla caribeña no
tardará en ser una realidad.
Para que nos podamos imaginar cómo era Barcelona en aquel entonces, Chufo Lloréns, en la nota del autor, aclara que se ciñe a las modas, la información periodística del momento —como se refleja en algunos capítulos— y los sucesos de la época. Para ello se ayuda de la exhaustiva labor de documentación que se refleja en la bibliografía que acompaña al cuerpo de la novela. Otro tanto sucede con los personajes
reales que transitan por sus páginas, si bien el autor aclara que utiliza licencias
literarias por las que se aprovecha de personajes o hechos
reales porque le dan más interés al relato sin
desvirtuarlo. Un amplio elenco de personajes que representan a las
diferentes clases sociales de la época. Unos
personajes que son el principal reclamo de esta magnífica novela,
junto con la exquisita ambientación. El ritmo de lectura se me hizo
fluido, pese a que las descripciones, sobre todo de los espacios
cerrados, acostumbran a ralentizar el ritmo narrativo, aunque en mi
caso no surtió el efecto que acabo de comentar. El autor utiliza un
lenguaje cuidado y unos diálogos adaptados a las clases sociales a
las que pertenecen los personajes que toman parte en las
conversaciones. Unos personajes bien perfilados, creíbles, ricos en
matices, y muy vivos, interactuando con naturalidad los ficticios con
los reales.
Biografía:
Chufo
Lloréns
(Barcelona,
1931) estudió Derecho, si bien desarrolló su actividad como empresario en el mundo del espectáculo. Desde siempre apasionado por
la Historia, inició su carrera literaria en la década de los
ochenta.
Entre
sus obras destacan Catalina,
la fugitiva de San Benito (2008),
La
otra lepra (2010)
y La
saga de los malditos (2011),
todas ellas publicadas en Debolsillo. Te
daré la tierra (Grijalbo,
2008) y Mar
de fuego (Grijalbo,
2011), ambas ambientadas en la Barcelona medieval, fueron grandes
éxitos de ventas y le han convertido en uno de los autores más
reputados entre los lectores de novela histórica tanto en España
como en el extranjero. Los derechos de traducción se han vendido en
doce países, sumando más de 1.250.000 ejemplares en todo el mundo.
Tras
ese aclamado díptico medieval, Chufo Lloréns retomaría otro
periodo histórico, la Barcelona modernista, para su monumental La
ley de los justos (Grijalbo,
2015) y ampliaría sus horizontes narrativos con El
destino de los héroes (Grijalbo,
2020), donde nos ofreció una intensa visión de las primeras décadas
del siglo XX y de los grandes conflictos que se vivieron en Europa y
España.
En
su última novela, La
vida que nos separa,
Chufo Lloréns nos sumerge en unas décadas clave en la historia
reciente de España, desde el tardofranquismo hasta la eclosión de
la democracia, para narrarnos la vida de una mujer difícil de
olvidar.
Notas: Datos técnicos, sinopsis y biografía de Chufo Lloréns, tomados de la web de Penguinlibros. Fotografía del autor tomada de la web de el diario El País. Imagen de la Calle Muntaner, en Barcelona, tomada de la web de Pinterest. Imagen de la cárcel Reina Amalia tomada de la web The Historical Marker Database. Imagen del Circo Ecuestre Alegría tomada de la web BARCELOFILIA.