Datos
técnicos:
Título: El
bosque de los cuatro vientos.
Autora:
María Oruña.
Editorial:
Destino (Grupo Planeta).
Primera
Edición: Agosto/2020.
Encuadernación:
Tapa dura con sobrecubierta.
Idioma:
Español.
Nº pág.:
424.
Sinopsis:
La
novela que anticipó el hallazgo de los anillos mágicos de Santo
Estevo.
Galicia,
1830, una mujer se enfrenta a las convenciones de su tiempo.
A
comienzos del siglo XIX, el doctor Vallejo viaja de Valladolid a
Galicia junto con Marina, su joven hija, para servir como médico en
un poderoso monasterio de Orense. Allí descubrirán un mundo y unas
costumbres muy particulares y vivirán la caída de la Iglesia y el
fin definitivo del Antiguo Régimen. Marina, interesada en la
medicina y la botánica pero sin permiso para estudiar, luchará
contra las convenciones sociales que su época le impone sobre el
saber, el amor y la libertad y se verá inmersa en una aventura que
guardará un secreto de más de mil años
En
nuestros días, Jon Bécquer, un inusual antropólogo que trabaja
localizando piezas históricas perdidas, investiga una leyenda. Nada
más comenzar sus indagaciones, en la huerta del antiguo monasterio
aparece el cadáver de un hombre vestido con un hábito benedictino
propio del XIX. Este hecho hará que Bécquer se interne en los
bosques de Galicia buscando respuestas y descendiendo por los
sorprendentes escalones del tiempo.
Opinión
Personal:
De
nuevo me acerco a la narrativa de María Oruña ((Vigo, 1976), porque
de sus obras sólo leí Puerto Escondido, novela
con la que tuve sentimientos encontrados. Aunque a medida que se
desarrollaban los capítulos me encontraba más a gusto con lo que
sucedía en las dos líneas temporales, no terminé de conectar con
el equipo de la Guardia Civil que investigaba el primer caso que le
encargan a la teniente Valentina Redondo, sobre todo porque me
pareció muy artificial la actuación de los personajes que conforman
su equipo de investigación. Pero me resarcí con su última novela
publicada, El bosque de los cuatro vientos, con cuya lectura
disfruté muchísimo, tanto en la subtrama que se desarrolla en la
línea temporal actual como la que tiene lugar en la primera mitad
del siglo XIX, en la que a acompañamos a Marina Vallejo hasta el año
1835.
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(Claustro de los Caballeros-M. Sto. Estevo-Ourense)
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Sin
duda alguna, la escritora viguesa refleja con maestría nuestra
idiosincrasia a lo largo de los capítulos que conforman El bosque de los cuatro vientos, y tiene muy claro en qué
episodios debe referirse a los rasgos que nos caracterizan, que se manifiestan en los personajes con total naturalidad. A lo largo de los
capítulos se percibe la pasión que siente por nuestra tierra, como
lo refleja en la dedicatoria: «Para
mi bella y querida Galicia»,
al igual que el fragmento que elige de la Introducción a Follas
Novas, escrito por la propia Rosalía de Castro, la banda sonora de canciones que se citan en algunos episodios, del grupo folk Luar Na Lubre, Carlos Núñez o el grupo de música instrumental gallega Matto Congrio. En este sentido, he
de reconocer que tenía cierta ventaja en relación con los lectores
de allende el Padornelo, porque sonreía con la retranca que utiliza,
sobre todo, el sargento Xocas Taboada, de la demarcación de la
Guardia Civil de Nogueira de Ramuín, en las conversaciones que
mantiene con el profesor de antropología e investigador Jon
Bécquer, que formó con su socio una empresa a la que se dedica a
recuperar obras de arte desaparecidas o robadas. Otro tanto sucede
con la hospitalidad con que acogen a este personaje algunos vecinos
de Santo Estevo, y que se sorprende por este recibimiento, pese a no
conocerlo, el respeto y el culto que se tiene en nuestra tierra la
muerte, —como se podrá comprobar en alguno de los capítulos que
conforman esta novela—, o la atracción que mostramos hacia las
leyendas que tanto abundan por la geografía galaica, o los ritos y
las costumbres de nuestros ancestros —de los qu todavía se conservan algunos—, sin
olvidarme de la pasión que sentimos por la belleza de nuestros
paisajes y riqueza y variedad de nuestra gastronomía.
Si
bien la editorial la cataloga El bosque de los cuatro vientos
como novela negra y thriller, en mi modesta opinión diría que tal y
como se desarrolla la trama la encuadraría mejor como de intriga,
misterio y detectivesca, en la que el lector se encontrará en la
segunda línea temporal con una subtrama que tiene ingredientes
costumbristas, intimistas, de novela romántica y un claro trasfondo
histórico, por cómo influye la historia del país en Santo Estevo.
Un trasfondo histórico que influye sobre todo en el monasterio,
porque las decisiones que se toman afectan a los monjes benedictinos
que lo habitan, quienes ven cómo la desamortización cambia sus
vidas, y va acompañada de la expoliación, como lo podrá comprobar
el lector en la línea temporal que se desarrolla en el presente, en
la que es informado del destino que tuvieron los bienes que fueron
incautados y se dispersaron, algunos de los cuales serán visitados
por Jon Bécquer en Ourense, a quien le atrae la historia que le
cuenta Rosa, la jefa de recepción del ahora convertido
en el primer parador museo de historia. «Esta parte es especial
porque aquí estuvieron enterrados los nueve obispos. Habrá visto
usted sus mitras en el escudo del monasterio, ¿verdad? Los anillos
de estos obispos atrajeron a miles de peregrinos durante siglos
—concluyó haciendo ademán de marcharse y, desde luego, dando por
hecho que yo sabía qué demonios era una mitra» (pág. 17).
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(Fuente C. Obispos-Plaza do Ferro-Ourense)
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María
Oruña planifica y desarrolla una historia bien engarzada entre las
dos líneas temporales, porque diría que ambas se complementan para
que el lector tenga una mayor información sobre lo que sucedió en
el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil en lo que se refiere a
los nueve anillos leyendarios y milagrosos. Una historia en la que la
intriga está muy presente porque los capítulos están estructurados
de tal forma que su desenlace anima a interesarse por lo que sucede
tanto en los episodios que tienen lugar en la línea temporal que se
desarrolla en el presente como la que transcurre en el pasado. En mi
modesta opinión, entiendo que la autora distribuye de forma muy
estratégica la información entre ambas, porque lo que sucede en el
siglo XIX contribuye de una forma u otra a aclarar el posible destino
de los legendarios y milagrosos anillos, de los que cada vez está
más convencido de su existencia el profesor de antropología e
investigador, quien en vez de descansar en este monasterio
convertido ahora en parador, como le recomendó su socio, trabaja en
la localización y recuperación de unas piezas que son el símbolo
de la autoridad de los prelados. El lector se encontrará con una
historia que transcurre en la línea temporal que se desarrolla en el
presente que me pareció muy de corte clásico, porque en todo
momento tuve la impresión de que en buena parte de los capítulos
que la conforman algo se me pasaba, porque me decía que no podía
ser una subtrama en la que apenas sucedían episodios que atrajeran
mi atención, pese a que en la huerta del antiguo monasterio aparece
el cadáver de un hombre vestido con un hábito benedictino propio
del XIX, como adelanta la sinopsis. Esta constante sensación
corroboró la sospecha que tenía, porque con el paso de los
capítulos estaba cada vez más convencido de que algunos personajes
no eran como se presentan ante Jon Bécquer, con el añadido de que
el lector recibe más información que éstos, por lo que le confiere
rasgos de corte clásico ya mencionados a esta subtrama. Una subtrama
que va de menos a más porque el último tercio es muy absorbente y
me dije que el desenlace era acertado, tratado con sumo cuidado y que
me recordó a cómo resuelve sus novelas Ágatha Christie.
Dos líneas temporales se desarrollan en épocas distintas y transcurren paralelas a lo largo de la trama. Al
igual que me sucedió en Puerto escondido, me resultó más atractiva la historia que tiene lugar durante la primera mitad del siglo XIX que la que transcurre en el presente, porque un narrador omnisciente relata
una serie de episodios y giros que atraen la atención del lector. Esta línea temporal la protagoniza Marina Vallejo, hija del nuevo
médico de Santo Estevo, que es un personaje que no deja indiferente.
Me encontré con una mujer adelantada a su tiempo, que tiene muy
claro que no quiere aceptar el papel que le corresponde a la mujer en
aquel entonces. Una subtrama en la que estuve muy pendiente de los
vaivenes del país, por lo que suponían para los benedictinos del
monasterio y los habitantes de Santo Estevo, pero en la que también
me preguntaba por el papel que desempeñarían en la vida de Mariana
el oficial de los Voluntarios Reales, Marcial Maceda, y Franquila, un expósito acogido por los benedictinos y que ayuda a Fray Modesto en la botica del monasterio. Son dos personajes atractivos por la relación que mantienen con ella con el paso de los capítulos,
sin olvidarme de la labor que realiza el abad del
monasterio, fray Antonio, hermano de su padre. Ya comenté mis impresiones en el párrafo anterior sobre la línea temporal que transcurre en el presente que, en esta ocasión me gustó mucho más que la subtrama inicial de Puerto Escondido, sobre todo por el corte clásico que tiene y el gran aliciente que aporta el último tercio de la historia que protagoniza Jon Bécquer.
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(Bosque mágico Santo Estevo-Ourense)
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En mi
modesta opinión, diría que El bosque de los cuatro vientos
es una novela de paisajes, descritos como verdaderas estampas por las
dos voces narrativas, y con los que se mimetizan los personajes que
transitan por sus páginas. Aunque el lector comprobará como tanto
Jon Bécquer como Marina Vallejo se encuentran en un principio como
fuera de sitio, no tardan en en ser imantados por la magia que ejerce
sobre ellos el monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil y los
bellos parajes que le rodean. Por estos parajes transitan unos
personajes bien perfilados y muy creíbles, sorprendiéndome los
rasgos particulares que definen al antropólogo, profesor e investigador Jon Bécquer, que
supongo atraerá la atención de los lectores. Tanto este personaje
—a quien ya se conoce como el Indiana Jones del mundo del arte—,
y alguno más que conforma el elenco de la trama están inspirados
en personajes reales, como aclara la autora en las Curiosidades que
acompañan al cuerpo de la novela, caso de Amelia, la restauradora
del taller del Archivo Diocesano en Ourense, el sacerdote Pablo Quijano o fray Modesto, el
boticario del monasterio de Santo Estevo en la línea temporal del
pasado. Aunque también atraerán la atención del lector personajes
como Ricardo Maceda, médico jubilado y actual propietario de la Casa
de Audiencia, y su peculiar esposa, Lucrecia, o Germán, un profesor
jubilado, que asesora al investigador en su búsqueda de los anillos obispales, porque con el paso del tiempo está convencido de su hallazgo.
Al
igual que en Puerto escondido, María Oruña utiliza un
lenguaje sencillo y un estilo directo, pero adapta la voz narrativa a
la época en la que se desarrolla cada una de las dos subtramas que
conforman El bosque de los cuatro vientos. En la línea
temporal que se desarrolla en el presente, tanto el narrador
omnisciente como el relato que Jon Bécquer hace al sargento Xocas
Taboada y a la agente Ramírez, se adaptan al registro que utilizan
los personajes que transitan por ella, teniendo en cuenta su origen
gallego, por lo que nuestro idioma también está presente
en algunos diálogos. En su conjunto el ritmo de lectura se me hizo
muy fluido tanto por los rasgos de corte clásico que se perciben en
la línea temporal que se desarrolla en el presente,como a la
variedad de episodios y giros que atrajeron mi atención en la línea
temporal que se desarrolla en el siglo XIX, con el aliciente de los
vaivenes políticos de este período de nuestra historia, sobre todo
en lo que se refiere a los monjes del monasterio, quienes temen una
nueva exclaustración, sin olvidarme de los episodios en los que el
cólera diezma la población de Santo Estevo, a los que hace
referencia la autora en la nota final. Disfruté mucho con la lectura
de El bosque de los cuatro vientos. Quienes se interesen por
El bosque de los cuatro vientos se encontrarán con una
ambientación exquisita en las dos líneas temporales que la
conforman, y se engarzan de alguna forma, como lo podrá comprobar el lector. En ambas, la escritora viguesa consigue que el lector
realice un viaje literario a Santo Estevo de Ribas de Sil en dos
planos temporales.
Biografía:
María
Oruña (Vigo,
1976) es una escritora gallega que desde joven conoce a fondo
Cantabria. Allí ha ambientado la serie de novelas «Los libros del
Puerto Escondido», todas publicadas en Destino: Puerto
escondido (2015),
un exitoso debut en el género negro que ha sido traducido al alemán,
al francés y al catalán; Un
lugar a donde ir (2017),
Donde
fuimos invencibles (2018)
y la nueva entrega Lo
que la marea esconde (2021).
En todas estas historias de misterio, los protagonistas son los
paisajes cántabros y el equipo de la teniente Valentina Redondo, que
se ha ganado la admiración de cientos de miles de lectores. Su
última novela, El
bosque de los cuatro vientos,
la primera al margen de la serie, ha supuesto su consagración en
nuestro país.
Nota: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía de la autora, tomada de la web Planetadelibros. Imagen del Claustro de los Caballeros del monasterio de Santo Estevo, tomada de la web Flickr. Imagen de la fuente del Claustro de los Obispos, ahora en la Calle do Ferro, en Ourense, tomada de la web Turismo de Galicia. Imagen del bosque mágico de Santo Estevo, tomada de la web La Vanguardia.