martes, 11 de agosto de 2026

Resumen lecturas julio/2026.

 











En julio han sido un total de cinco libros leídos y seis reseñados:




Los leídos: 








Los reseñados





-Cerdos y amapolas, de Jon Arretxe.





-La hija de un buen hombre, de Mercedes de Vega



-Ultreia, de Francisco Narla







jueves, 6 de agosto de 2026

Reseña Una tumba sin nombre, de Javier Sagastiberri.

 













Datos técnicos:




Título: Una tumba sin nombre.

Autor: Javier Sagastiberri.

Editorial: Erein.

1ª edición: Mayo/2019.

Encuadernación: Rústica con solapas.

ISBN: 978-84-9109-465-4.

Idioma: Español.

Nº páginas:




Sinopsis:




Arantza Rentería ha desaparecido. Su compañera, Itziar Elcoro, abandonará Bilbao y viajará a las tierras altas guipuzcoanas, al Goierri, para investigar el asesinato de Ernesto Compson, el líder de una comunidad anarquista nacida al calor de las revueltas ciudadanas que culminaron en el movimiento 15-M. El Goierri es también la tierra originaria de Arantza y, a medida que Itziar se interesa por su compañera ausente, iremos conociendo episodios oscuros de su pasado, que se remontan a la época franquista de nuestra historia. El lector asistirá a un final sorprendente, en el que descubrirá que el pasado siempre vuelve, y casi siempre lo hace para perpetuar la desgracia.





Opinión Personal:






Toca poner punto y final a una tetralogía que empecé a leer en 2022 y que dejé aparcada sin excusa alguna, pese a que me gustó mucho El asesino de reinas (reseña), la primera novela que protagonizan las ertzainas Itziar Elcoro, oficial, y la suboficial Arantza Rentería. Una tetralogía de corte muy clásico, pero muy entretenida y con unas tramas muy bien hilvanadas, tanto en las investigaciones policíacas de turno, como en las relaciones personales entre los personajes. Sin duda alguna, aunque Una tumba sin nombre es un tanto diferente a las que le preceden, para mí es la más entretenida e intrigante, y con un desenlace diría que a la par sorprendente como impactante. Sin embargo, me dije que es un magnífico colofón a una serie de la que, estoy seguro, más de uno pedimos que haya alguna secuela con la que poder disfrutar con la compañía de alguno de los personajes que conforman un elenco que tan canutas las pasó, sobre todo en el título anterior, Un dios ciego.

(Hotel Dolarea, Beasain, Guipúzcoa)
La trama de Una tumba sin nombre transcurre casi toda en la provincia de Guipúzcoa. Y es que en esta ocasión es Arantza Rentería la protagonista pasiva que atrae la atención del lector a lo largo de los capítulos titulados en los que se estructura. En la Central de la Ertzainza en Erandio, Bilbao, a los ertzainas que trabajan en sus instalaciones les cuesta aceptar los luctuosos acontecimientos sucedidos en la novela anterior. Unos acontecimientos que incluso les lleva a preguntarse sobre el trabajo que realizan ante los peligros a los que se enfrentan, lo que supone un gran reclamo para el lector durante los primeros capítulos, con el añadido de que el comienzo de la trama no pierde conexión con la investigación del caso anterior, dadas las nuevas noticias que recibe el comisario al respecto.

Javier Sagastiberri planifica y desarrolla una trama que viene cargada de preguntas, pero también en la que el pasado está muy presente y, como adelanta la sinopsis, casi siempre lo hace para perpetuar la desgracia. Preguntas que se hace la oficial Itziar Elcoro, y que tiene un gran punto de apoyo en el friki informático Tomás Arruebarrena, que ya le ayudó en Un dios ciego (reseña), y que de nuevo vuelve a servirle de apoyo, no solo en relación con las pesquisas que realiza, sino también para encontrar las respuestas que necesita ante la desaparición de su compañera y amiga. Ante esta difícil perspectiva que hay en la Central, el comisario decide enviarla al valle de Goierri, en Guipúzcoa, porque piden colaboración para resolver el asesinato que se cometió en la llamada Comunidad de la Tierra.

Uno de los grandes alicientes de esta novela es la ambientación, porque la mayor parte de la trama se desarrolla en el Goierri, un valle ubicado en pleno corazón de Euskadi, al sureste de la provincia de Guipúzkoa, y también conocido como las Tierras Altas de Guipúzcoa. Las atractivas y bellas descripciones que ofrece el narrador omnisciente incita a visitarlo, y disfrutar de los parajes de esta comarca montañosa. Los episodios que se suceden a lo largo de los capítulos conducen al lector no solo por las sierras que la circundan, sino también por las poblaciones como Beasain, Ordizia, Zaldibia o Ataún. Sin duda alguna, el autor eligió a conciencia un lugar idílico en el que sus habitantes llevan una vida tranquila, interrumpida por unos acontecimientos que la alteran y sorprenden a la par a sus habitantes, en la que convergen unos trágicos hechos sucedidos en el pasado junto con la investigación que realiza la inpectora Itziar Elcoro, en la que nada es lo que parece.

(Estación de tren Beasain, Guipúzscoa)
Me gustó mucho el enfoque que le confiere el autor a la trama, por el papel que desempeñaa el anciano padre Muniategui. Este sacerdote fue el antiguo párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Ordizia. Un sacerdote que no tarda en ganarse el cariño del lector, sobre todo por los monólogos que ofrece a sus tres contertulios en relación con la desaparecida Arantza Rentería. Un sacerdote que les suelta unos monólogos casi interminables, pero que a la ertzaina le sirven para formarse una idea de lo que busca sobre su amiga -eso sí, acompañados de un buen vaso de sidra y queso Idiazábal-. Monólogos que, en ocasiones, tuve la sensación de que se repetía un tanto, aunque supongo que sus 80 años tienen la culpa de este desliz. Este relato se complementa con el que realiza Alejandra Abascal y Suárez de Colmenar, madre del asesinado, Ernesto Compson y que, sin duda, supone un buen contrapunto al del padre Muniategui, con lo que el aliciente está servido. 

Javier Sagastiberri vuelve a mostrarnos un elenco de personajes que le confieren mucho dinamismo a la trama, por el papel trascendental que tienen no sólo en lo que a la investigación policial se refiere, sino también por la que realiza Itziar Elcoro para averiguar el paradero de Arantza Rentería, consciente de que es muy probable que pueda encontrarse en el valle del Goierri. En el caso que trae a la inspectora a su tierra le ayuda la agente Idoia Lozano, de la comisaría de Beasain. A los personajes citados en el párrafo anterior hay que añadir a la agente Eider Chassereau y al oficial Jon Ander Macua, que el autor toma prestados de la serie literaria que escribe Noelia Lorenzo Pino, con quien forma parte de la sección Cosecha Roja, de la editorial Erein, y como ya hizo en Un dios ciego con otros autores. 

Una tumba sin nombre es una muy buena lectura, que tiene un ritmo de lectura fluido, escrita con un estilo narrativo sencillo pero cuidado, en el que el autor huye de las florituras para no aburrir al lector con descripciones vacías. A lo largo de los capítulos hay bastante diálogo, muy dinámico y natural, trascendental para conocer el avance de la investigación que realiza la protagonista y la desaparición de su amiga y suboficial Arantza Rentería , y que conduce a un final sorprendente a la par que impactante.





Biografía:





El autor es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad del País Vasco y en Filología Hispánica por la UNED. Desde 1987 trabaja en la Hacienda Foral de Bizkaia. Ha actuado siempre en el ámbito de la Inspección, primeramente como Subinspector de Hacienda y desde hace diez años como Inspector de Finanzas.

Su experiencia laboral le ha ayudado en la redacción de su primera novela, El asesino de reinas, aunque por fortuna no ha tenido que presenciar ningún asesinato. Es importante destacar que la inspiración principal de su amistad, casi incomprensible teniendo en cuenta su origen guipuzcoano, con la gran cantidad de aficionados del Athetic que pueblan las dependencias de la Hacienda Foral de Bizkaia.

El asesino de reinas, Perversidad, Un dios ciego y Una tumba sin nombre conforman una muy entretenida trilogía protagonizada por la oficial de la Ertzaintza Itziar Elcoro y la suboficial Arantza Rentería.


Notas: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía del autor tomadas de la web de Erein. Imagen del Hotel Dolarea, en Beasain, tomada de la web Tripadvisor. Imagen de la estación de tren de Beasain tomada de la web Wikimedia Commons. 





jueves, 30 de julio de 2026

Reseña Ultreia, de Francisco Narla.

 










Datos técnicos:





Título: Ultreia.

Autor: Francisco Narla.

Editorial: Istoría (Grupo Planeta)

1ª edición: Marzo/2026.

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.

ISBN: 979-13-87714-23-9.

Idioma: Español.

Nº páginas: 616.





Sinopsis:





Con la excusa de construir una nueva catedral, el obispo Diego Gelmírez ahoga en impuestos a Compostela. Y no sólo financia con ellos las colosales obras del templo: también mantiene un ejército propio, engorda sus arcas personales y levanta un palacio tan ostentoso como insultante.

Los únicos que pueden enfrentarse al obispo son los poderosos. Nobles, mercaderes, la reina doña Urraca y su heredero. Pero no lo hacen, luchan entre sí, rapiñan las migajas. Mientras, a los humildes, al pueblo, sólo le queda una certeza: el hambre... y la esperanza de una revuelta.

Ajenos, los peregrinos llegan a una Compostela desgarrada por la ambición y amenazada por los fanáticos almorávides, impacientes por cruzar el Tajo y derribar la cruz.

Y, sin embargo, el destino de Compostela no lo decidirá la corona o la mitra. El destino de Compostela está en manos de una ratera y de un cantero. La hija de un orfebre arruinado por el obispo Gelmírez y un jorobado roto por la muerte de su propia hija. Ella roba en los callejones, y vuela por los tejados. Él ahoga sus penas en sidra, y talla demonios en piedra. Ambos se verán atrapados en una conjura que los cambiará para siempre, a ellos y a Compostela.








Opinión Personal:








A la usanza del peregrino del siglo XII, prepárese el lector para adentrarse en una ficción histórica inolvidable, que le incita a interesarse por todo lo que significa este itinerario que tiene como meta la catedral de Santiago de Compostela, en la que  se conservan los restos de Santiago el Mayor, y a la que se dirigen quienes portan los avíos propios de estos caminantes para venerar su tumba. Un itinerario que se le presenta en forma de tres novelas en las que el Camino de Santiago es el gran protagonista. Tres novelas autoconclusivas que llevan por título expresiones de ánimo, el saludo tradicional entre los peregrinox de la época: Ultreia, Susteia y Santiago.

(Estatua Gelmírez, arzobispo Santiago de Compostela)
Ultreia es la primera que conforma la trilogía. Es la primera de un ambicioso proyecto que merece la pena disfrutar sin prisas y con mucho interés. Sin duda alguna, el escritor lucense Francisco Narla (Friol, Lugo, 1978) ofrece al lector un trabajo literario que está a la altura de lo que significa este trayecto para la cristiandad. Un trabajo literario que empieza con mucha fuerza y que es un adelanto de lo que nos espera en las otras dos que completan la trilogía. Diría que alto voltaje literario. Francisco Narla plasma con maestría y rugor documental lo sucedido en aquella época en una trama potente e inmersiva, porque el narrador omnisciente relata los episodios como si hiciera suyas las  vicisitudes que acompañan a los personajes a lo largo de los capítulos, lo que incide que provoque el efecto de estar pisando las calles de Compostela por las que transitan los personajes en una época en la que presiente la tiranía a la que son sometidos por el arzobispo Gelmírez. Una tiranía que ahoga a la población de tal forma que se presiente que la revuelta está próxima, conscientes de que los acribilla a impuestos para satisfacer su soberbia y ansia de poder.

A medida que se suceden los capítulos no tardé en decirme en más de una ocasión que, en mi opinión, percibía influencia de autores clásicos en Ultreia, dado el papel que desempeñan los personajes que representan a los más desfavorecidos de la sociedad, sobre todo los niños. En este sentido, diría que Víctor Hugo y Charles Dickens están muy presentes, al igual que esas cofradías de rateros que forman parte de la narrativa, caso de Rinconete y Cortadillo, de Miguel de Cervantes. Y es que la presencia de estos personajes le dan un mayor realce al enfoque que le confiere el autor a Ultreia, porque son los más desfavorecidos quienes tienen más que perder en las cargas fiscales de Gelmírez, y que se puede comprobar en cómo afecta a las familias de algunos de estos personajes, dada la presión que ejerce el arzobispo sobre sus progenitores, lo que origina escenas sobrecogedoras y duras.

Uno de los grandes atractivos de la novela es el acierto con el que Francisco Narla recrea la tensión que se palpa en el ambiente, al igual que la acción y que, juntos indican que el cúmulo de estos episodios debe confluir en algo muy serio. La voz narrativa muestra con detalle la preocupación que se cierne sobre los principales artífices, porque colocan sus piezas en un entramado desde el que señalar al arzobispo, el gran promotor de la grandeza de Compostela como el principal responsable del descontento. Un descontento que muestran quienes soportan a sus espaldas los tributos que se ven obligados a abonar a las arcas arzobispales. Un descontento que muestran los miembros del Concejo, los que pertenecen a la Hermandad conformada por la nobleza gallega, y pendientes del papel que pueda desempeñar el heredero de la reina doña Urraca I de Castilla, el futuro rey Alfonso VII. Doña Urraca está acogida en el palacio arzobispal, a donde ha acudido para mediar en la reconciliación entre el Concejo y el arzobispo. Ante esta incierta perspectiva, la ciudad es un verdadero polvorín y en cualquier momento puede estallar la revuelta, dejando herida de gravedad a Compostela que empieza a ocupar un lugar señalado en la cristiandad. Y es que, como adelanta la sinopsis, quienes tienen la fuerza para enfrentarse a Gelmírez no lo hacen y luchan entre sí para recoger las migajas que suelta el arzobispo. Sin duda alguna, el entramado que conforman las subtramas en las que el narrador omnisciente describe lo que sucede en una situación tan crítica, y ante el papel que desempeñan unos y otros, deriva en una potente ficción que no da lugar a tregua.

(Catedral románica de Santiago de Compostela)
El realismo que incluso deriva en situaciones crudas y duras, ayuda a que el lector sienta que el viaje literario imaginario que realiza a la Compostela del siglo XII, tenga una imagen muy nítida de la Ciudad del Apóstol, e incluso sienta que pisa sus calles y plazas. Y es que la ciudad cobra mucha vida porque la voz narrativa la muestra desde diversas perspectivas, porque la joven ratera, huérfana y descarada Ilduara anda cual funambulista por andamios y tejados, a treinta varas del suelo, en donde tienen lugar escenas en las que, a parte de dejarnos con el corazón en un puño, algunas de ellas son trascendentales, sobre todo a medida que se acerca el desenlace. Merece la pena echarle un vistazo al plano que figura en las guardas de esta novela, aunque en mi caso no fue necesario, porque es una ciudad a la que me siento muy unida. Es un disfrute leer las descripciones que el narrador omnisciente ofrece sobre los avances de la construcción de la catedral, al igual que las referencias a la antigua basílica y los episodios que tienen lugar en el majestuoso palacio arzobispal, sede de la residencia de Gelmírez. Estoy seguro que a la mayoría de los lectores le resultarán muy conocidas las aledañas calles a la catedral, como la Rúa do Franco, la Rúa del Villar, la Rúa Nova, el Preguntoiro o la archiconocida Plaza de Platerías. El autor ubica algunas escenas en templos también muy conocidos como San Martín Pinario o el monasterio benedictino de San Payo de Antealtares, ubicado frente a la Puerta Santa y que forma parte del cierre de la Plaza de la Quintana. Otro tanto sucede con las míticas Torres del Oeste, y en el muy modesto villorrio cercano a Santiago, Milladoiro.

De nuevo me encuentro ante una ficción con personajes inolvidables, que conforman un elenco en el que interrelacionan con naturalidad ficticios con históricos. Sin duda alguna, el autor realizó grandes malabares para que la ciudad y su catedral no ensombreciera el papel que desempeña el inolvidable elenco que transita por sus calles y plazas. Es un gran acierto de Francisco Narla el haber elegido a quienes forman parte de los más desfavorecidos de la ciudad, porque son los más perjudicados ante las medidas fiscales que adopta el prelado, ya que no les queda otra que buscarse la vida como rateros para poder llevarse algo al estómago. Sin pretenderlo, son una parte esencial de la chispa que enciende la revuelta con la que pretenden terminar con la tiranía de Gelmírez. Con el paso de los capítulos, se fragua una relación casi paterno-filial entre los ya citados en esta reseña, Ilduara y Triboulet,  que ahoga sus penas en el tugurio del apodado el Rano. A ellos se les une la hechicera Elo, con quienes conforma un peculiar triángulo, en el que las emociones y los sentimientos están muy presentes. Sin duda alguna, ofrecen una gran lección de vida porque su condición les impulsa a mantener una relación en la que apoyarse. Ilduara tiene a su cargo el cuidado de su lisiado hermano Quirce, con quien se le acumulan las preocupaciones, sobre todo ante determinadas escenas que éste protagoniza en el último tramo. Zacarías es un ratero que lidera una cofradía de maleantes que malviven como buenamente pueden. Todos ellos se cruzan con un enemigo común, el vikingo Harald, escolta personal del arzobispo, cuya gigantesca presencia siembra el terror entre los compostelanos allá donde se presenta, conscientes de que no trae nada bueno. Sin duda alguna, los personajes ficticios conforman un gran equilibrio con los reales, relacionados de tal forma que, dado el papel que desempeñan algunos de estos últimos, me sentí obligado a buscar en Google y comprobar si, realmente, eran reales, caso del constructor naval Ougerio, o el monje Aymeric, por el papel que desempeña en el arzobispado, al igual que el papel que desempeña Sancho, el hijo bastardo del conde de Traba.

Ultreia es una novela que se lee con fruición, en la que disfruté con interés y sin perder detalle de todo lo que sucede a lo largo de los capítulos titulados en los que se estructura, y conformados por subcapítulos que le confieren dinamismo. Un dinamismo que ayuda a seguir el desarrollo de lo que sucede en los diferentes escenarios. En la voz narrativa omnisciente se percibe el estilo propio del autor, caracterizado por su elegancia y en la que utiliza recursos literarios varios, aderezados con unas descripciones que muestran verdaderos óleos en los que la Naturaleza cobra mucho protagonismo -muy propio de su narrativa-, con el carácter simbólico que tiene la presencia de la fauna y flora, dadas las características particulares de algunos animales y plantas que se perciben, y a la que sabe sacarle un gran partido, porque nos ayuda a contemplar con mayor interés escenas que viven los personajes en determinadas situaciones, y que en ocasiones ayuda a que la crudeza y las escenas sobrecogedoras cobren un mayor realismo. Un realismo que se percibe también en los diálogos, porque tanto Triboulet como Aymeric -sobre todo el primero- utilizan el francés en sus diálogos, si bien incluyen traducción ajustada a su conocimiento del castellano, en especial en el cantero. Los diálogos se adaptan a la condición social de los personajes, circunstancia que ayuda a identificarlos y está muy en consonancia con el estamento social al que pertenecen. En este sentido, me llamó mucho la atención la inclusión de fragmentos bíblicos que emplea el vikingo Harald en sus diálogos con Gerlmírez, o si éste le pide recordar alguno de ellos que se adapta a la circunstancia que viven.

(Monasterio de San Martín Pinario, Santiago de C)
Para mí, Ultreia es un novelón. Es la primera de las tres que Francisco Narla dedica al Camino de Santiago. El narrador omnisciente relata en tercera persona todo lo que sucede en Compostela una vez que el pueblo está cada vez más convencido de que hay que terminar con la tiranía del arzobispo Gelmírez, que los abrasa a impuestos. Gelmírez muestra su poder y no duda en ejercer fuerza ante quienes no cumplen con los tributos impuestos por el arzobispo, y expone en la picota a quienes quieren derrocarlo. Es una novela que se lee con fruición, aunque sin prisas. Está escrita con un estilo elegante y un ritmo más bien pausado, diría que muy propio del autor. Un escritor que describe con elegancia los capítulos en los que se estructura esta ficción histórica, relatados con un gran realismo en el que están muy presentes, cuando las circunstancias son propicias, escenas crudas y sobrecogedoras, aunque sin ser tremendistas, ni recrearse en el daño que recibe el personaje de turno. La joven ratera, huérfana y desvergonzada Ilduara, junto con el contrahecho y atormentado cantero Triboulet son dos protagonistas inolvidables, que no tardan en ganarse la empatía del lector, muy atentos a las vicisitudes que les acompañan, y que no son pocas. Ultreia es una novela en la que las intrigas, el afán de supervivencia, intrigas palaciegas, codicia, amistad y culpa están muy presentes







Biografía:







Francisco Narla, nacido en Lugo en 1978 y afincado en un pequeño pueblo en el corazón de Galicia, Friol, es aviador y escritor, pero son sus aficiones las que lo definen: tiro con arco, pesca con mosca, gastronomía, apicultura y casi cualquier cosa sobre la que pueda leer en un libro. Es conferenciante habitual en foros universitarios y colaborador en televisión, radio y pódcast (Cuarto Milenio, La escóbula de la brújula, Milenio, Objetivo: La Luna). Ha publicado poesía, relatos, ensayos técnicos y novelas. Como novelista, ha sido traducido a varios idiomas y ha copado los primeros puestos de las listas de ventas con títulos como Assur, Ronin, Donde aúllan las colinas, El buen vasallo o la ganadora del I Premio Edhasa de Narrativas Históricas, Laín. El bastardo.

Ultreia es su trabajo más comprometido. Su trabajo más esperado.



Notas: Datos técnicos, sinopsis y biografía del autor tomadas de la web de Planetadelibros. Fotografía del autor tomada de la web de Zenda. Imagen de la estatua del arzobispo Gelmírez tomada de la web Mar de Santiago. Imagen de la catedral de Santiago en el siglo XII tomada de la web CiaGalicia.com. Imagen del Monasterio de San Martín Pinario tomada de Wikipedia.













viernes, 24 de julio de 2026

Reseña Las aventuras de Fray Álvaro de San Froilán, de Javier Sanz Martín.


 










Datos técnicos:





Título: Las aventuras de Fray Álvaro de San Froilán.

Autor: Javier Sanz Martín.

Autopublicado Amazon.

1ª edición: Marzo/2026.

Libro formato digital.

ASIN: B0GGWWPSL8.

Idioma: Español.

Nº páginas: 184.




Sinopsis:




En 1769, un fraile sale de León y entra sin buscarlo en una red de secretos que une España y las Américas.

En la España del siglo XVIII, cuando el Imperio aún se extendía por medio mundo y los viejos secretos seguían enterrados bajo conventos, puertos y fortalezas, Fray Álvaro de San Froilán se ve arrastrado a una misión que cambiará su vida para siempre.

Lo que comienza como un secreto de confesión, pronto se transformará en una aventura llena de intriga, peligro y misterio. Documentos ocultos, conspiraciones, viajes por mar, ciudades de Nueva España y enemigos inesperados se cruzan en el camino de un fraile tan metódico como valiente, que deberá enfrentarse no solo a los riesgos del mundo, sino también a los de la conciencia.






Opinión Personal:







De vez en cuando apetece sumergirse en una buena novela de aventuras que cumpla el claro propósito de entretener al lector. En esta ocasión me decanté por Las aventuras de Fray Álvaro de San Froilán, autoeditada en Amazon por Javier Sanz Martín. El lector se encontrará con una trama en la que el misterio está servido, y la intriga lo mantiene atento a lo largo de los 28 capítulos más un prólogo en los que se estructura e incluso se presiente que en algún lugar hay una equis que indica que un tesoro puede cambiar la vida de quienes lo encuentren o, cuando menos, ayudarles a cumplir los fines que se proponen en una labor reivindicadora con la que pretenden hacer justicia tras la expulsión de España de los jesuitas.

(Colegio de los Ingleses, Valladolid)
Javier Sanz Martín planifica y desarrolla una ficción histórica en la que muestra un fiel retrato de lo que es la vida en la España del siglo XVIII. Una ficción que gira en torno al vuelco que da la vida del meticuloso fray Álvaro en el monasterio que está ubicado a las afueras de León. Fray Álvaro cumple a rajatabla las reglas de su orden, si bien ejerce el sacramento de la confesión de forma muy diferente a la minuciosidad con la que realiza sus labores en la granja. «Tenía un don del que no presumía: sabía ver antes que otros lo que estaba a punto de ir mal».

Pero al confesionario de fray Álvaro llega una voz que confiesa las intenciones que le preocupan al religioso, toma la decisión de intervenir antes de que se haga realidad lo escuchado a alguien que, a medida que habla, cree reconocer la voz que le narra sus intenciones. Una voz que le recuerda de su estancia en el pasado, durante unos meses, en el conocido como Colegio de los Ingleses, en Valladolid.

En Las aventuras de Fray Álvaro de San Froilán el autor pone a prueba a un personaje que apenas salió de los muros de su convento. Un personaje que tiene que enfrentarse a una aventura que le lleva a lo desconocido, porque se enfrenta a un mundo en el que todo es muy diferente a las reglas monásticas a las que está acostumbrado a cumplir. Un mundo en el que se encontrará con lo mejor y lo peor del ser humano, pero en el que también pone en práctica esa meticulosidad que le caracteriza, consciente de que, si quiere alcanzar su objetivo, debe saber qué pasos dar para no caer en el intento pero, sobre todo, para acertar con las personas que lo ayuden, consciente de que se tendrá que enfrentar a un variopinto grupo de individuos. Sin duda alguna, Javier Sanz Martín sabe cómo utilizar los rasgos que lo definen, aunque también lo pone a prueba en determinadas situaciones.

Uno de los grandes atractivos de esta novela es la ambientación, porque acompañamos al protagonista en un imaginario viaje literario al año 1769. Un imaginario viaje literario que nos lleva por una derrota marítima en la que, junto a los imprevistos a los que se enfrenta la tripulación del bergantín en el que viaja fray Álvaro, atrae el comportamiento que muestra en las distintas localizaciones en las que pasa por diferentes situaciones, y que le llevan a tomar una serie de decisiones para que su empresa se cumpla y evite los malos presagios que presiente. El lector sentirá que acompaña al protagonista hasta La Coruña, y de ahí le lleva a la isla de Terceira, en las Azores. La Habana es el siguiente puerto en el que atracan, para rematar en Veracruz y continuar viaje hacia el interior, a Querétaro. Un viaje en el que se encuentran con algunos imprevistos, donde la intriga es más palpable todavía, porque presienten que oídos indiscretos pueden ponerles en algunos apuros, y se ponen en guardia ante la sensación de que alguien los sigue; o no, sólo puede ser fruto de la tensión, por la trascendencia de este viaje. Apuros que provocan alguna sorpresa desagradable e incluso luctuosa, lo que supone un antes y un después para fray Álvaro y quienes le acompañan.

(San Juan de Ulúa, Veracruz, México)
A fray Álvaro le acompaña un estereotipado elenco de personajes que son fiel reflejo de la España del siglo XVIII, pero también de las colonias del Nuevo Mundo. Personajes que ayudan a interesarse por todo lo que les sucede a lo largo de los capítulos, en los que incluso se desvela algún secreto que guarda alguno de ellos, trascendentales para el devenir de los episodios. Quizás sea fray Álvaro el mejor retratado, pero también el lector se familiarizará con otros con los que interrelaciona, y en los que se produce un claro efecto dominó. El capitán Josu Urrutia es un lobo de mar que no deja indiferente por su carácter sobrio, pero efectivo, y sus sentencias a la hora de dirigirse a sus dos pasajeros. Carácter sobrio, sentencias y seguridad de lo que hace, y que le sirven para ganarse el respeto de quienes navegan con él en su bergantín. Me gustó la forma en la que el autor elige el trato inicial de fray Álvaro con el que los personajes muestran con tiento sus intenciones, caso de Diego López, el papel que desempeña el portugués Antonio Teixeira, y fray Pedro, desde que los viajeros se presentan en el convento de San Francisco, en Querétaro, y otros más secundarios con los que se topan en los diferentes puertos en los que atracan. En este sentido, el papel que desempeñan todos ellos ayuda a que la intriga cobre cada vez más protagonismo, sobre todo ante los giros que tienen lugar a medida que se acerca el desenlace, incluido un hecho luctuoso que tiene lugar antes de abandonar la colonia de Nueva España.

Me gustó Las aventuras de Fray Álvaro de San Froilán, una novela bien escrita y muy entretenida, con un estilo díría que depurado y un ritmo ágil y constante. Javier Sanz Martín planifica y desarrolla una trama en la que misterio, intriga, codicia, traición y la redención están presentes, junto con el carácter metódico del protagonista, que supone un gran equilibrio para lo que sucede a lo largo de los capítulos, en los que el lector se preguntará si es capaz de alcanzar el objetivo que se propone, si bien la constancia de este metódico fraile indica que es posible triunfar en un mundo lleno de inseguridades.


Notas: Datos técnicos y sinopsis tomados de Amazon. Imagen del Colegio de los Ingleses, en Valladolid, tomada de Wikipedia. Imagen de San Juan de Ulúa, en Veracruz, tomada también de Wikipedia. 










viernes, 17 de julio de 2026

Reseña La Lonja de la Seda, de Juan Francisco Ferrándiz.

 













Título: La lonja de la Seda.

Autor: Juan Francisco Ferrándiz.

Editorial: Grijalbo (Grupo Penguin Random House)

1ª edición: Abril/2026.

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.

ISBN: 978.84-86-253-7168-4

Idioma: Español.

Nº páginas: 632.






Sinopsis:






S XV. Valencia se ha convertido en la ciudad más próspera del Mediterráneo gracias a los mercaderes que desembarcan desde todo el mundo. Para ellos se idea una de las obras arquitectónicas más espectaculares que el hombre jamás haya visto: la Lonja de la Seda.

Sin embargo, no todos están de acuerdo en levantar un templo para los mercaderes, y no para honrar a Dios. La construcción se complica desde el principio en un relato lleno de misterio, corrupción e, incluso, asesinatos: una peligrosa confrontación entre aquellos que aceptan que la sociedad está cambiando y aquellos que pretenden que todo siga igual.

El joven cantero Joan Ibarra, que dirigirá las obras, y su esposa Francesca, una mujer dotada de un extraño don, deberán enfrentarse a sus fantasmas del pasado mientras protagonizan un relato de venganza, pasión y lucha de clases.






Opinión Personal:






Juan Francisco Ferrándiz es uno de los autores de novela histórica que se gana el corazón de los lectores por las fascinantes y envolventes historias que relata, con las que incita a realizar un viaje imaginario en el tiempo a la época en la que se desarrolla la trama de turno, la mayoría de ellas con el Mar Mediterráneo como punto de apoyo y todo lo que esto significa. Sin duda alguna, el escritor contestano se mueve como pez en el agua por estas tierras levantinas, lo que también ayuda a que el lector tenga la seguridad de que no se tarda en olvidar la extensión que tienen, una vez que las páginas comienzan a sucederse.

(Lonja de la seda, Valencia)

La Lonja de la Seda es una ambiciosa novela que está a la altura de la grandiosidad que supone el edificio construido en Valencia en el siglo XV, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que significa el apogeo de una época de esplendor en una ciudad que vive su particular Renacimiento. Un período que indica que se aproximan nuevos tiempos, porque supone el declive de la nobleza y los privilegios que la acompañan, en contraposición a una clase cada vez más pujante como la que conforman los comerciantes y los sederos, muy asentados en aquel entonces en la ciudad del Turia. Unos comerciantes que son conscientes de que la nobleza tiene cada vez una mayor dependencia de ellos, sobre todo porque quieren conservar el estatus social al que pertenecen, aunque sólo sea en apariencia, como se podrá comprobar a lo largo de los capítulos.

El buen hacer literario de Juan Francisco Ferrándiz, junto con el rigor documental que lo ampara, le confiere una gran consistencia a la trama de turno, y se aúnan para conformar ficciones que mantienen el interés desde las primeras páginas hasta el desenlace. Sabe cómo manejar el ritmo y los tiempos para que el lector no pierda detalle de lo que sucede a lo largo de los capítulos. En este caso, son poco más de 630, desarrolladas con un ritmo ágil, con un claro equilibrio entre la narración y los diálogos, muy dinámicos y vivos, trascendentales para que no se pierda detalle de las vicisitudes que acompañan a los personajes, e incitan a preguntarnos qué más sorpresas nos aguardan, porque se presiente que el autor es consciente de que, dadas las circunstancias que los rodean, es fundamental mantener la presión para el devenir que les espera.

La novela comienza con fuerza. En el prólogo se refleja una clara muestra de inseguridad que les espera a los personajes a lo largo de los capítulos. Es el día de Pentecostés del año 1469, y en la catedral -conocida por los valencianos como Seu- se celebra la tan esperada representación de la Colometa, en la que se produce un funesto desenlace. Un prólogo que significa un antes y un después en la vida del protagonista, Joan Ibarra. Un prólogo desde el que el lector está muy pendiente de las vicisitudes que acompañan a los personajes a lo largo de unos capítulos titulados, cortos y muy dinámicos, en los que se encuentra con una serie de ingredientes literarios que suponen un gran atractivo para una ficción en la que están muy presentes la intriga, el misterio, elementos propios de novela negra, corrupción, el amor, la lealtad, la traición, la superstición, los ritos ancestrales, el odio, la venganza y el costumbrismo. Ingredientes que se reparten por unas subtramas muy equilibradas, que mantienen nuestro interés por todo lo que sucede, con especial atención a medida que se acerca el desenlace. Subtramas en las que se desvelan en pequeñas dosis los puntos oscuros que provocan una serie de episodios luctuosos o que preocupan a los valencianos por la trascendencia que tienen en la vida de la ciudad, y que marcan el devenir de los personajes.

Juan Francisco Ferrándiz planifica y desarrolla una trama que gira en torno a la construcción de una nueva lonja que tanto anhelan sus promotores, en la que me gustó mucho las explicaciones que ofrecen tanto la voz narrativa como los personajes en sus diálogos, sobre la simbología religiosa que la ornamenta. Los promotores son conscientes de que supone la obra cumbre de una ciudad que está en pleno auge económico, y que la pone a la altura de otras grandes metrópolis europeas durante el siglo XV. Una construcción que el autor utiliza con maestría para reflejar el sentimiento que levanta entre los valencianos. Unos valencianos que son conscientes de que la lucha de clases indica que el viejo orden social corre grave peligro, pese a que la rancia nobleza quiere hacer valer sus privilegios para no verse superado por los comerciantes y sederos. Una construcción que también utilizan los más enfervorizados creyentes que la señalan como maldita, porque tienen ante ellos un verdadero templo para la humanidad, y que conduce a una peligrosa confrontación entre partidarios y detractores

(Convento de Santo Domingo, Valencia)
En La Lonja de la Seda el escritor muestra un magnífico fresco costumbrista en el que forman un perfecto equilibrio la ambientación y los personajes. Un fresco costumbrista que muestra una clara influencia de Don Vicente Blasco Ibáñez y en el que la voz narrativa resalta ese colorido que tanto significado tiene en la obra de Sorolla. Valencia es un personaje más de la novela, al igual que la nueva lonja. El narrador omnisciente invita a dar un magnífico paseo por sus calles, plazas y edificios emblemáticos, tanto religiosos como señoriales aunque también por aquellos rincones más lúgubres de la ciudad, incluido el gran lupanar de las mujeres pecadoras, del que llama la atención la regulación a la que están sometidas quienes lo habitan. La voz narrativa muestra con descripciones claras y concisas, con atención también a la muralla que la rodea y los edificios administrativos.

El lector se encontrará con un universo de personajes que son fiel reflejo de la sociedad valenciana de la época. Junto a lo que ya comenté en esta reseña sobre las clases sociales, destaco el papel que desempeñan en la novela una serie de personajes que forman parte de la organización administrativa y militar de la ciudad. Pese al amplio elenco que conforman, están perfilados con rasgos que ayudan a familiarizarse con ellos, entre los que interrelacionan ficticios con una serie de históricos que, por desconocerlos, me llevó a buscar a alguno de ellos en Internet, dado el papel trascendental que desempeñan algunos en la trama. Puede decirse que son Joan Ibarra y Francesca de Terrera  el alma de esta ficción. Sin duda alguna, son carismáticos y su presencia, al igual que las vicisitudes que los acompañan, ayuda a que la lectura sea más amena. A ellos se unen unos secundarios muy atractivos, dada la trascendencia que tienen a lo largo de los capítulos, y sobre todo por la relación que mantienen con los dos protagonistas. 

Si Joan Ibarra resulta muy atractivo por el papel que desempeña en la construcción de la nueva lonja, otro tanto sucede con Francesca de Terrera, sobre todo, por la fuerza que muestra ante las adversidades a las que se enfrenta, teniendo muy en cuenta el extraño don con el que está dotado, como adelanta la sinopsis, por lo que siente que tiene que convivir con ese estigma que la acompaña, ante el recelo que muestran ante ella mujeres que pertenecen, sobre todo, a la nobleza, porque no aceptan la evolución que muestra en el ámbito social. Pero hay un personaje que puede catalogarse como la némesis de Francesca, Lucrecia de Perellós, por la acérrima enemistad que muestra hacia la que es sierva de su familia, sobre todo desde determinados episodios surgidos en los primeros capítulos, ante lo que me pregunté qué deriva tomaría una situación  que se vuelve cada vez más tóxica, con las peligrosas consecuencias que puede tener para la protagonista y su familia. Joan y Francesca representan el cambio social al que me refiero en el párrafo anterior. Dos personajes que, para medrar, se relacionan con quienes pueden ayudarles a olvidarse de los fantasmas del pasado, como sor Isabel de Villena, el constructor Pere Compte, el sedero Adamo Rosso, Pere de la Sarsa, o la médico Peregrina Navarro, sin olvidarme de la presencia de los Reyes Católicos en la ciudad, durante los tres viajes que realizan a Valencia, y los episodios que protagonizan.

(Puerta de los Apóstoles, catedral, Valencia)
Sin duda alguna, La Lonja de la Seda es una fascinante novela en la que el lector es testigo de la construcción de la nueva lonja, a partir de la que Juan Francisco Ferrándiz planifica y desarrolla una ficción que no tiene desperdicio, bien escrita y con una gran variedad de situaciones que agilizan el ritmo del desarrollo de la trama. El narrador omnisciente mantiene en todo momento un relato envolvente que incita a estar muy pendiente de las vicisitudes que acompañan a personajes carismáticos como Joan Ibarra y Francesca de Terrara. Unos protagonistas que nos llevan de la mano por una ciudad que está en pleno apogeo, pese a que, como adelanta la sinopsis, deberán enfrentarse a sus fantasmas del pasado, pero también a una serie de vicisitudes que suponen para ellos una verdadera prueba con la que enfrentarse a una sociedad en la que la lucha de clases es una realidad. El lector se encontrará con el protagonismo que también cobra el poeta valenciano Ausias March, con fragmentos de su obra que están muy en consonancia con determinados episodios de la novela. Una ficción que tiene un trasfondo histórico atractivo, no sólo por el peligro que asoma por el mar, sino también porque los Reyes Católicos no tardarán en organizar un ejército con el que asaltar el último bastión musulmán: Granada.







Biografía:






Nació en Cocentaina (Alicante). Es licenciado en Derecho y actualmente compagina su faceta de escritor con la profesión de abogado, la docencia y la divulgación en diferentes medios sobre las tradiciones y leyendas del folclore valenciano.

Su novela Las horas oscuras (Grijalbo, 2012) supuso un exitoso debut en la narrativa épica y le granjeó un puesto entre los autores más conocidos del panorama literario. Sus obras posteriores, La llama de la sabiduría (2015), La tierra maldita (2018) y El juicio del agua (2021), La heredera del mar (2023) y La Lonja de la Seda (2026) confirmaron su nombre como uno de los autores más importantes de la ficción histórica en nuestro país. Ferrándiz es reconocido también internacionalmente puesto que sus libros han sido traducidos a once idiomas.


Notas: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía del autor, tomados de Penguin Libros. Imagen de la lonja de la seda en Valencia tomada de la web de Lokalee. Imagen del Convento de Santo Domingo tomada de Wikipedia. Imagen de la Puerta de los Apóstoles de la catedral de Valencia, tomada de la web Love Valencia.