Datos
técnicos:
Título:
Balvanera.
Autor:
Francisco Narla.
Editorial:
Edhasa.
1ª
edición: Junio/2022.
Encuadernación:
Tapa dura con sobrecubierta
y
lazo de punto de lectura.
ISBN:
978-84-350-6363-0.
Idioma:
Español.
Nº pág.:
672.
Sinopsis:
LA
PUTA BEATA, EL FRAILE DESCREÍDO, EL INDIO COJO Y EL HIDEPUTA
HONRADO.
Su
madre era puta. Su padre, inglés. No tenía apellido cuando el
apellido era lo único que espantaba el hambre. Aún así, iluso,
Camacho se empeñó en ganarse el pan con el único mérito de ser
honrado, y todo se fue al carajo.
A
la fuerza ahorcan.
Una
puta beata, un indio mudo, un fraile descreído y ese hideputa
honrado intentarán robar el mayor cargamento de la historia de la
flora de indias.
Al
otro lado de la mar océana, en aquella Nueva España de un imperio
donde no se pone el sol, en un Yucatán donde la lluvia tropical
borraba las misericordias, las bodegas de la Balvanera se estaban
llenando con la mercancía más valiosa de su tiempo: el palo de
tinte. Y, mientras, la Parca buscaba cobrarse sus deudas...
Opinión
Personal:
Balvanera
es la quinta novela histórica que leo del escritor Francisco Narla
(Lugo, 1978), afincado en un pequeño pueblo del corazón de Galicia.
En mi modesta opinión, y como ya comenté en alguna de sus obras
leídas y reseñadas en este blog, es un claro referente de este
género literario en nuestro país. Quienes frecuentamos su narrativa
tenemos muy claro que nos ofrece historias muy atractivas, creíbles,
solventes y bien hilvanadas, y que invitan a realizar un viaje
literario en el tiempo. Sin duda alguna, este efecto que acabo de
comentar se fundamenta, sobre todo, porque la voz narrativa de turno
consigue que el lector siente que acompaña al protagonista o
protagonistas en las vicisitudes a las que se enfrentan a lo largo del desarrollo de
la trama. Este interés se mantiene vivo con la ayuda de unas
descripciones muy visuales —e incluso diría
que cinematográficas—. Unas descripciones que son un deleite por
los detalles que ofrece sobre los espacios por los que transitan los
personajes, si bien son claras y concisas, porque el autor no gusta
ofrecer detalles innecesarios o vacíos, que interrumpan el ritmo
narrativo, lo que es de agradecer. Sin embargo, he de reconocer que
en cada una de sus novelas que leí disfruto sobre todo con las
descripciones de los parajes que forman parte de la trama, porque
siento como si la voz narrativa me pintara un lienzo del que no
pierdo detalle de los elementos que lo conforman, por la delicadeza
que se percibe en su trazado. Aunque, en mi modesta opinión, diría
que el gran atractivo de sus obras es la fuerza y atracción que
ejercen los principales personajes, carismáticos e inolvidables, con
los que no tardé en empatizar, y me invitaron a que los acompañase
sin dudar a lo largo de los capítulos, sobre todo en los que estuve
muy pendiente de los episodios más difíciles, porque era consciente
de que incluso podían poner en riesgo su integridad física, o de
quienes le acompañan en las vicisitudes a las que se enfrentan.
Balvanera
es una novela histórica con elementos propios de aventura, porque el protagonista y los personajes que le acompañan se enfrentan a un
futuro incierto, dadas las circunstancias que rodean su día a día.
Un futuro incierto en el que se embarcan en un proyecto ambicioso,
porque quieren cambiar el rumbo de su vida con el robo de la carga de
un material muy valioso — palo de tinte—, que lleva en su
interior la Balvanera,
una de las naves que formará parte de la Flota de Indias, que
transporta las riquezas de los virreinatos españoles en América a
la Corona de Castilla. El desarrollo de la trama va
de menos a más, con una última parte muy atractiva, en la que el
lector estará muy pendiente de todo lo que sucede, por cómo se
desarrollan los acontecimientos a los que se enfrentan los personajes
que toman parte en este atraco, pese a que son conscientes de lo que
significaría para ellos el ser descubiertos en plena faena o si el
plan fracasa desde el inicio. Sin
embargo, y pese a lo que acabo de comentar, tal y como se suceden los
capítulos en el primer tramo de la novela, no tenía muy claro por
dónde me llevaba el narrador omnisciente; pero, una vez que le cogí
el hilo a su relato, porque ya toma forma el papel que desempeña
cada personaje en el desarrollo de la trama, y no pude soltarlo hasta
el desenlace, e incluso diría que también posterior epílogo, por
cómo se desarrollan los últimos episodios.
 |
| (Muralla de Campeche-Yucatán-México) |
Sin
duda alguna, y como casi todo en esta vida, la primera impresión que
nos ofrece algo que atrae nuestra atención es a través de lo que
vemos. En Literatura también pasa lo mismo, porque si la portada de
una obra cumple el dicho de que una imagen vale más que mil
palabras, supone un gran atractivo para que el lector sienta interés
por lo que ve, y decida informarse sobre la novela de turno, porque
la primera impresión le incita a leerla, sobre todo si se encuadra
en los géneros literarios que frecuenta. La imagen que ofrece la
portada de Balvanera
es un claro adelanto de lo que le espera a lo largo de los capítulos,
junto con el gran acierto de márketing que supone el hecho de que se
mencione a «La
puta beata, el fraile descreído, el indio cojo y el hideputa
honrado»,
porque le llevan a uno a preguntarse qué relación pueden guardar
personajes tan dispares.
Francisco
Narla planifica una trama que se desarrolla casi toda en la ciudad
colonial de Campeche, en el Yucatán, en el siglo XVI, territorio que
formaba parte del virreinato de Nueva España. El lector se
encontrará a lo largo de los capítulos con una ciudad que es un
personaje más de la novela. Una ciudad de la que la voz narrativa ofrecerá descripciones sobre los lugares de ocio de la época, el puerto, las fortificaciones o los templos religiosos que más atraen a los nativos y a los castellanos, los festejos que tienen lugar desde que una nao parte para llevar mercaderías con la Flota de Indias a Sevilla e incluso el azote de los huracanes. Tal y como indica el autor en el
Cuadernillo de notas, y en el que merece la pena recrearse, porque el
autor puntualiza determinados aspectos para comprenderlos mejor.
Estas aclaraciones que realiza indican que realiza una labor de
documentación exhaustiva, para que todo lo que sucede se ajuste a la
información recabada, y aprovecha las lagunas documentales para que
su imaginación cubra esos vacíos, que tienen que guardar una clara
consonancia con la época en la que tienen lugar los episodios que
relata la voz narrativa. Una trama en la que se tiene muy en cuenta
que todo lo que se desarrolla en las nuevas posesiones de ultramar
cumpliesen órdenes llegadas de la Corona, como se podrá comprobar a
lo largo de los capítulos, en los que no faltan alusiones al quinto
real que ingresan las arcas de la Corona por todo lo que se lleva a
Sevilla en la Flota de Indias, o a la presencia de la Inquisición en
los territorios conquistados en el Nuevo Mundo, sin olvidarme de la
corrupción que impera también en las colonias.
Como
ya comenté en el primer párrafo de esta reseña, los personajes son
el punto fuerte de la novela que hoy reseño y sin duda recomiendo,
al igual que en las anteriores obras de Francisco Narla. A lo largo
de los capítulos, el lector se encontrará con un elenco que es un
fiel reflejo de cómo eran las diferentes clases sociales en un
imperio en el que nunca se ponía el sol, como era el de Felipe II.
Quienes querían buscar un futuro mejor lejos de la península no
dudaban en embarcarse en los diferentes navíos que cruzaban la mar
océana y asentarse en los territorios de ultramar. Sin embargo, en
alguna fase de la trama se refleja cómo los que querían regresar a
España tenían que cumplir una serie de requisitos que eran
registrados al efecto. El autor perfila unos personajes que, si
tenían un buen apellido tras el que cobijarse, podían medrar, que
eran los menos, porque la mayoría de quienes vivían en Campeche y
otras colonias españolas tenían que ganarse la vida como podían.
En este sentido, me llamó mucho la atención el que, pese a que la
mayoría del elenco que desfila por sus páginas son individuos que
representan a lo más ruin del ser humano, —sobre todo los que, de una forma u otra, guardan relación con el robo que quiere perpetrar Camacho en la nao Balvanera— hay algunos que quieren
apartarse de ese camino y enderezar su rumbo, dado que la labor que
realizan en esta ciudad colonial no les satisface, o no son capaces
de enfrentarse a las misiones que les puedan encomendar tras los
muros de Campeche.
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| (Templo y Conv. San Fco. Campeche-Yucatán-México) |
El
protagonista es el personaje que más atrajo mi atención de entre
cuatro personajes que se resaltan en mayúsculas en la sinopsis,
porque tardé un poco más en familiarizarme con los otros tres que
conforman este peculiar grupo. La carta de presentación que ofrece
en las primeras páginas no tienen desperdicio: el lector no tarda en
empatizar con Isidoro Bernal María de la Santísima Merced de la
Visitación y Brochero, el hijo de la Camacha, quien, por mucho
nombre largo y rimbombante que tuviera, no le servía para hacerse
alguien en la vida y ser honrado, como él quería. Trabaja a las órdenes de un mercader sin escrúpulos, como es
Melchor de Mora e Hijuelo, bajo cuyo mando están también
individuos de muy dudosa reputación, caso del que fuera soldado en
los Tercios de Flandes, Roa, o el vasco Urdaneta, ambos al servicio
del citado mercader. Con el paso de los capítulos el lector se
familiarizará con el papel que desempeña Catalina, que es una de
las prostitutas del lupanar de la
Brava;
Gundemaro, un peculiar fraile franciscano, dominado por los pecados
de la gula y la lujuria; y el no menos peculiar indio cojo, al que
llaman Pedro. Este es un ramillete de personajes que le da mucho
juego a la novela, porque son muchas las vicisitudes a las que se
enfrentan, pero también originan escenas y diálogos que levantan,
cuando menos, alguna sonrisa. En este sentido, me llamó mucho la
atención lo que comenta Francisco Narla en el Cuadernillo de notas
sobre el origen del protagonista, al igual que el papel que desempeña
en la trama un personaje que es conocido por el apodo de el
Rubio,
y todo lo que representa, y que está al frente de la peculiar
cofradía conocida como La Garduña. Un personaje que atrajo mi atención en el último tramo de la novela, por el papel que desempeña
en la atrevida «empresa»
ya citada en esta reseña.
Pese
a lo que acabo de comentar en el tercer párrafo de esta reseña
sobre los capítulos que tardé en cogerle el hilo al desarrollo de
la trama de Balvanera, Francisco Narla ofrece al lector una
historia muy entretenida, atractiva y adictiva, en la que se encontrará con giros argumentales que redoblan su interés por el
devenir que le espera al protagonista y los otros tres personajes que
le acompañan en el robo que planean perpetrar en la nao Balvanera.
En mi modesta opinión, entiendo que tiene en el hijo de la
Camacha a un protagonista carismático e inolvidable, porque a lo
largo del desarrollo de la trama estará muy pendiente de las
vicisitudes que le acompañan, que no son pocas. Balvanera es una novela que va de menos a más, con un
último tercio que atrajo mi atención en cada uno de los episodios
que lo conforman, en donde la intriga y el suspense están también
muy presentes, por el cariz que toman los acontecimientos a los que
se enfrentan los personajes resaltados en mayúsculas en la sinopsis,
quienes deciden apoyar a Camacho en semejante empresa. Aunque me
enfrenté a una novela de 650 páginas, el ritmo es fluido en todo su
desarrollo, porque diría que apenas decae. El autor construye
una historia diría que lineal, porque apenas hay puntuales saltos en
el tiempo. En mi modesta opinión, entiendo que quizás sea este el
hecho de que la trama no esté estructurada en capítulos, y que sea
continuo el relato del narrador omnisciente. Sin embargo, diría que
las escenas están agrupadas de tal forma que constituyen capítulos
sin numerar, teniendo muy en cuenta las interrogantes que el narrador
deja al final de cada uno de ellos, e incluso los hay dinámicos, al
ubicar en un mismo capítulo escenas que se desarrollan en diferentes
localizaciones, pero que diría que tienen una clara conexión entre
ellas. Un ritmo fluido al que ayudan el claro equilibrio entre
narración y diálogo, y la presencia de conversaciones que son muy
vivas, naturales y dinámicas, y diría que cobran relevancia en el
último tercio, porque en muchas de ellas saltan chispas o me
desvelaron información necesaria para comprender la forma de actuar
de algunos personajes que, de una forma u otra, guardan relación con
el robo ya mencionado en esta reseña.
Biografía:
Francisco
Narla, nacido en Lugo en 1978 y afincado en un pequeño pueblo del
corazón de Galicia, Friol, es aviador y escritor. Pero son sus
aficiones las que lo definen; arquero, pescador con mosca, aficionado
a los bonsáis, apicultor y casi cualquier cosa sobre la que pueda
leer en un libro.
Ha
publicado poesía, relatos, ensayos técnicos y novelas. Ha
colaborado con radio y televisión y también es conferenciante
habitual en foros universitarios.
Como
novelista, ha sido traducido a varios idiomas y ha ocupado los
primeros puestos de las listas de ventas con títulos como Assur (reseña),
Ronin (reseña), Donde aúllan las colinas, o sus más recientes éxitos:
Laín. El bastardo (reseña), novela con la que fue galardonado con el I
Premio Edhasa de Narrativas Históricas (2018) y Fierro (reseña) (2019).
Nota: Datos técnicos, sinopsis y biografía del autor tomados de la web de Edhasa. Fotografía de Francisco Narla tomada de la web de La Voz de Galicia. Imagen muralla de Campeche tomada de Wikipedia. Imagen del Templo y Convento de San Francisco en Campeche, tomada de la web TuriMexico.