Datos
técnicos:
Título:
Las ratas.
Autor:
Miguel Delibes.
Editorial:
Destino (Edición para el diario
El
Norte de Castilla).
1ª
edición: Enero/2004.
Año de
publicación inicial: Enero/1962.
Encuadernación:
Tapa dura.
ISBN:
84-08-04973-9.
Idioma:
Español.
Nº
páginas: 168.
Sinopsis:
Delibes,
coartado en su libertad de expresión a la hora de denunciar la
postración del medio rural castellano desde el periódico que
dirige, El Norte de Castilla, busca las vueltas a la censura y
escribe esta novela, «Las ratas», una visión descarnada y trágica
de la tierra y las gentes de la Castilla de mediados del siglo
pasado.
El clima, el medio
geográfico y la inmutable estructura social determinan de modo
decisivo -como el inapelable destino en las tragedias clásicas- el
ser y el existir de los vecinos del villorrio de la novela, cuya
pobreza, en algunos casos, les obliga a tener que alimentarse de
ratas de río para sobrevivir.
Entre todos los
personajes del relato, elementales y broncos, surge la milagrosa
figura del Nini, niño que sabe de la naturaleza y su entorno más
que nadie y cuya candidez se eleva por encima de la sórdida realidad
que le rodea.
Como un auténtico
símbolo del bien sobre el mal, de la pureza contra la miseria y la
astucia, el Nini se erige en el único bastión contra la tragedia
que se cierne y acaba desencadenándose sobre el pueblo y sus
habitantes. El Nini es, sin duda, una de las más señeras creaciones
salidas de la pluma de Delibes.
Opinión Personal:
Para disfrutar de la
excelsa producción literaria de don Miguel Delibes Setién es
preferible degustar a fuego lento la obra que elijamos de su amplia
bibliografía. Leer a don Miguel Delibes Setién es empaparse de su
amada Castilla y los castellanos, porque puede decirse que es el cronista oficial de esta tierra en unos tiempos tan duros para las
gentes del campo como lo fueron los años del franquismo. Un cronista
que se percibe en la novela que elegí en esta ocasión, Las
ratas.

Las ratas es una
obra de denuncia social en las que el escritor vallisoletano sortea airoso la censura franquista para que su narrativa no pierda la
calidad que atesora, consciente de que el lector tiene que comprender
el mensaje que le transmite. Una denuncia social ante el abandono que
sufre el campo castellano, del que se olvidan los máximos
representantes del régimen, como se puede comprobar en varios
episodios de esta novela. Episodios que duelen, por las punzantes
palabras que les dirige en uno de ellos el Gobernador Civil, Fito Solórzano, a los
vecinos del villorrio, ante un hecho que les insufla esperanza. Pero
también está presente el bien y el mal, porque Matías Celemín, el
Furtivo, «No respeta las leyes ni reglamentos y en primavera y
verano salía al campo con la escopeta al hombro como si tal cosa»
(pág. 53). Un furtivo que tendrá sus más y sus menos con los
vecinos de este pequeño pueblo, porque muchos de ellos se tienen que
contentar para alimentarse con las ratas de río o los cangrejos.
Delibes ofrece en esta
joya literaria estampas costumbristas de los pocos vecinos que
residen en este pequeño pueblo, próximo a Torrecillórigo. Unos vecinos que
se desloman en el campo que lo circunda para recoger una buena
cosecha con la que puedan alimentarse, sobre todo durante los meses
más duros del año. Comparten sus conocimientos para que todos
puedan beneficiarse de la sabiduría popular que les sirve de guía para
realizar las labores de siembra y recogida, mirando siempre al cielo,
conscientes de que determinados fenómenos atmosféricos pueden
arruinarles la cosecha o también beneficiarles. Un cielo del que
también están pendientes de las aves que lo surcan, por la relación
que dicen que guardan con las cosechas. Una sabiduría popular que
atesoran sobre todo los de más edad, y que también extienden al
santoral, que también les sirve de guía para tener muy presentes las fechas
más adecuadas para obtener los beneficios deseados. Sabiduría
popular que el tío Rufo, el Centenario, cita mediante refranes, puede decirse que su particular forma de hablar: «-Por San Clemente alza la tierra
y tapa la simiente» (pág. 27).
Si hay algo que une a
buena parte de la narrativa de Delibes es la presencia de la infancia
en sus novelas. Quizás haya influido en ello el hecho de que durante
su vida estuvo rodeado de niños, bien en la casa paterna o en la
propia, porque fueron seis lo hijos que tuvo, quienes le
alegraron la vida con varios nietos. Delibes moldea los niños con
rasgos certeros, porque sabe cómo adaptarlos al medio en el que
viven. Son protagonistas de varias de sus novelas, en las que forman
parte de diferentes clases sociales, y no dejan indiferente durante
su ciclo vital, en el que influyen determinadas situaciones que los
marcan en algún momento dado. De los niños que me
encontré en La sombra del ciprés es alargada (reseña), en Mi
idolatrado hijo Sisí (reseña) o en El camino (reseña), quizás sea el
protagonista de Las ratas el que más me atrajo e impresionó. El Nini es un niño que vive con naturalidad
las miserias de sus convecinos del pequeño pueblo que está situado
cerca de Torrecillórigo. Está acostumbrado a la crueldad que supone
trabajar los campos de la meseta castellana, con el añadido de que
se amolda a las paupérrimas condiciones de vida que comparte con su
padre, el tío Ratero, a quien hay que sacarle con sacacorchos las
pocas palabras que dice. Ambos viven en una cueva de la que quiere
desahuciarlos el Gobernador, por la mala imagen que dan. El Nini
utiliza la gran capacidad de observación que tiene para absorber las enseñanzas de
los más mayores, lo que origina que sus vecinos lo tengan por un
sabio, porque a toda pregunta que le hacen responde con la respuesta
adecuada, pese a lo que dicen de él: «La señora Clo, la del
Estanco, atribuía al Nini la ciencia infusa, pero doña Resu, o como
en el pueblo le decían, el Undécimo Mandamiento, afirmaba que la
sabiduría del Nini no podía provenir más que del diablo»
(pág. 26).
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| (Fotograma película Las ratas) |
Para que el lector se
haga una idea de cómo es la fisonomía del villorrio, antes del
cuerpo de la novela, el autor ofrece un croquis de los espacios por los que
transitan los personajes. Pero también antes resalta un fragmento bíblico que indica cuál es el eje sobre el que gira la trama: «Si alguno
quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de
todos. Y tomando un niño lo puso en medio de ellos...»(Marcos, 9,
35-38). El primer capítulo ofrece una clara imagen de la vida del
Nini con el tío Ratero en la cueva, al igual que la presión que les ejercen sobre este para que la abandonen, pero también cómo asaetan
al niño a preguntas: «Nini, rapaz, ¿viene agua o no viene
agua?» «Nini, rapaz, ¿traerá piedra o no traerá piedra
esa nube?» (pág. 18). Los capítulos se leen con interés por
todos los episodios que se suceden en cada uno de ellos, en los que
hay situaciones que atractivas que incitan a estar pendiente de lo que en ellas sucede, por la forma en la
que el protagonista las resuelve, sobre todo si el tío Ratero es uno de los personajes que intervienen, aunque también se tuercen algunas. Se refleja
también la estructura social de este pequeño pueblo y la influencia
que tienen las fuerzas vivas -Justito, el Alcalde; José Luis, el
Alguacil; Frutos, el Jurado, que hacía las veces de Pregonero-,
incluidos don Antero, el Poderoso y don Zósimo, el Curón. A lo
largo de los capítulos hay una serie de episodios que atrajeron
poderosamente mi atención, como el entierro de la abuela Iluminada,
la impactante descripción de la matanza del cerdo de la señora Clo,
la Estanquera, la llegada de los extremeños, «empleados del
Estado en la ardua tarea de la repoblación forestal» (pág.
80), y otras situaciones de interés en los que incluso la intriga
está muy presente, en los que también se palpa la tensión entre
los personajes que las protagonizan, aunque no se pone de manifiesto
por el tono de voz empleado, si no por cómo se mantiene la conversación o también porque la voz narrativa resalta algunos gestos que indican
el roce que les enfrenta.
En Las
ratas Miguel Delibes desarrolla
una trama dura, descrita por un narrador omnisciente con gran
realismo, con episodios impactantes, entre las que sobresale uno de
los desenlaces más sobrecogedores y redondos que me encontré en mis años como lector, y de
los que es difícil olvidarse. En mi opinión es, sin duda alguna,
una verdadera joya literaria.
Biografía:
Escritor y periodista
español, Miguel Delibes ocupó durante muchos años el sillón de la
“e minúscula” en la Real Academia de la Lengua Española. Es
considerado uno de los escritores españoles más importantes del
siglo XX.
Estudió Derecho y
empezó muy joven a ejercer como periodista. En 1947 ganó con su
primera novela, La sombra del ciprés es alargada, el Premio Nadal. A
partir de ahí su carrera literaria se desarrolló jalonada de éxitos
al mismo tiempo que trabajaba como director del periódico El norte
de Castilla.
De entre todas sus obras
destacan títulos como Cinco horas con Mario (1966), reflejo de las
contradicciones dentro de la clase media franquista, y Los santos
inocentes (1982), obra en la que perfiló de manera magistral el
mundo rural de Castilla. Esta novela fue llevada al cine con gran
éxito por el director Mario Camus.
En muchas de sus obras
se destaca una de sus grandes aficiones, la caza, como en Diario de
un cazador, novela por la que recibiría el Premio Nacional de
Literatura de 1966.
Con su novela El hereje
(1988) consiguió otro Premio Nacional de Narrativa. A partir de
entonces publicó varios libros en los que recopiló su trabajo
periodístico, casi siempre dedicado a Valladolid y a la zona de
Castilla.
Fue propuesto en
diversas ocasiones al Premio Nobel de Literatura, y recibió
menciones tan importantes como el Príncipe de Asturias de las Letras
o el Premio Cervantes.
Notas: Datos técnicos, sinopsis y fotografía de Miguel Delibes tomados de la web de la Fundación Miguel Delibes. Biografía de Delibes tomada de la web de Lecturalia. Cartel de la película Las ratas tomada de la web Filmaffinity. Fotograma de la película Las ratas tomada de la web del Diario El Norte de Castilla.