viernes, 22 de septiembre de 2023

Reseña Memorias de un solterón, de Emilia Pardo Bazán.

 








Datos técnicos:




Título: Memorias de un solterón.

Autora: Emilia Pardo Bazán.

Año de publicación inicial: 1896.

Editorial: Libro de Dominio Público.

ASIN: B006EA4O4I.

Formato: Ebook.

Idioma: Español.

Nº pág.: 376.




Sinopsis:





Desde el punto de vista personal, Emilia Pardo Bazán ha llegado a su madurez cuando escribe "Memorias de un solterón". En 1986, fecha de publicación de la novela, doña Emilia es una mujer totalmente independiente, dedicada en cuerpo y alma a la literatura. Está decidida a afrontar las experiencias que le depare el destino guiada exclusivamente por su propio criterio y conciencia. "Memorias de un solterón" pertenece a una nueva etapa literaria que los críticos distinguen después de la aparición de sus novelas más claramente naturalistas. La autora idea un plan novelístico similar al que Balzac, Zola o Galdós han llevado a la práctica. En su caso, las novelas se centran en la descripción y análisis de las relaciones entre hombre y mujer, en la institución legal que los regula: el matrimonio. A través de los personajes femeninos de "Memorias de un solterón", doña Emilia da entrada a sus ideas sobre la situación de la mujer en su época, ya desenhebradas en multitud de ensayos publicados, analizando especialmente la problemática de las jóvenes que pertenecen a la clase media.





Opinión Personal:






En mayo del presente año leí y publiqué en este blog mi reseña sobre Doña Milagros (reseña), la primera novela con la que Doña Emilia Pardo Bazán tenía en mente conformar una serie al estilo de las que escribieron Balzac, Zola o Galdós, como adelanta la sinopsis. Una serie que lleva el título genérico de Adán y Eva, porque centra el relato a través de la descripción y el análisis de las relaciones entre hombre y mujer en la institución legal que los regula: el matrimonio. PPero lo que iba a ser una serie se quedó en díptico: una pena porque, tras leer Doña Milagros y Memorias de un solterón, me quedé con las ganas de seguir disfrutando de lo que prometía ser un conjunto de historias que deleitarían a sus fieles seguidores —de los que presumo formar parte—. Sin duda alguna, no tendrían desperdicio porque los personajes principales que conforman el elenco de este díptico son dignos de protagonizar historias igual de atractivas que las dos citadas en este párrafo, dadas las características que los definen. La autora de Los pazos de Ulloa es toda una maestra en el arte de contar historias a través de las que reivindica el problema de la época que más le preocupó, la situación de la mujer, al igual que plasma un minucioso  retrato sobre la sociedad española del siglo XIX, con especial énfasis en la clase media y los estamentos más bajos, a través de los personajes que conforman el universo que transita por Marineda, su particular Macondo. 

Si en Doña Milagros la condesa de Pardo Bazán relata a través de Benicio Neira las vicisitudes que le acompañan, junto con su numerosa prole, en Memorias de un solterón utiliza la técnica epistolar de las memorias, a través del relato en el que el apuesto y presumido Mauro Pareja narra una historia en la que es el protagonista indiscutible. Sin embargo, y a modo de pausa, reconoce que el lector se pregunta «si lo que nos relata V. o más bien se hemos de tomarnos interés por Argos, Rosa, Feíta y demás retoños de ese padre de familia angustiado y maltrecho» (cap. XVI), a lo que responde con su razonada reflexión al respecto. A lo largo de los 26 capítulos en los que se estructura el desarrollo de la trama, su relato se entrecruza con el que le ofrece Benicio Neira, con quien entabla amistad. Benicio Neira le pone al corriente sobre las características que definen a las féminas de su prole, que son mayoría aplastante, salvo el joven a quien en familia llaman Froilancito. Por su verdadera amistad con el lastimoso ejemplo que le ofrece el sufridor padre de familia, decide asistir a las tertulias que organizan sus hijas mayores, porque «estaba dispuesto a ser útil al excelente D. Benicio, salvarle de peligros que yo presentía y él era muy capaz de no sospechar si quiera» (cap. VI). Dados los personajes masculinos que frecuentan las tertulias que tienen lugar en su casa, el padre de las jóvenes presiente que algo bueno puede salir de esas reuniones para el futuro de sus hijas mayores, si bien el dandy de Marineda no duda en advertirle sobre lo que realmente les puede suceder.

Sin duda alguna, Mauro Pareja es un personaje que da mucho juego a la novela. La trama empieza con interés, porque el protagonista y narrador ofrece su opinión sobre el apodo que le pusieron en Marineda, el Abad. A través de los primeros capítulos el lector lo conocerá en su propia salsa. Unos capítulos que me gustaron por las razones y ejemplos con los que justifica para alejarse del estado matrimonial. Él mismo define sus rasgos físicos y estatus social: un burgués de 35 años que puede permitirse llevar una vida regalada, porque tiene posibles para ello, ya que es arquitecto. Una vida en la que cuida mucho su propia persona, porque le gusta todo lo que significa confort, sinónimo de bienestar y también de pulcritud. Se reconoce egoísta, pero defiende que el egoísmo que tiene no es el propio está ajustado al sentido habitual de la palabra, porque se defiende que con el que preconiza no hace ningún daño a sus semejantes.

Tras esta defensa de su soltería, si bien no faltan mujeres en su vida regalada se defiende ante las críticas que sobre él se vierten en Marineda por «una colección de buenas señoras,...que si me conocen no han cruzado conmigo tres palabras, y andan por ahí creándome una reputación siniestra» (cap. IV). Mauro Pareja vive en la Calle Mayor de la ciudad, la más céntrica, en la casa de huéspedes de doña Consolación Fontán y Guripe, a quien llama doña Consola, de la que cuenta sus orígenes y el del mobiliario que instaló en su hospedería, así como lo bien que trata a sus pupilos y, en particular, alaba las delicias que le prepara. La vida sosegada que lleva el protagonista le da tiempo para dividir su jornada diaria según lo estime oportuno y los compromisos personales que tenga.

(Calle Real-A Coruña (Calle Mayor-Marineda)
Las memorias de Mauro Parejo no están exentas de ironía y desenfado, lo que provoca que el lector disfrute con los episodios que se desarrollan a lo largo de los capítulos. Unos capítulos en los que las escenas que se suceden me levantaron más de una sonrisa, sobre todo en los que estaba presente este peculiar personaje. Tal y como comenta con su interlocutor de turno los asuntos que trata en la conversaciones que mantienen, hubo tramos en los que tuve la sensación de que le seguía la corriente, porque le divierten los argumentos que le expone, sobre todo si se trata de su tema predilecto, que le gusta rebatir con las teorías de las que tanto presume. El relato del protagonista y narrador se enriquece con las subtramas que tienen su origen en las tertulias que organizan las hijas mayores de Benicio Neira y varias amigas, a las que ya aludí en esta reseña. Unas subtramas que incitan al lector a estar muy pendiente de lo que sucede en semejante círculo, porque en ellas tienen lugar una serie de giros en los que se presiente que alguno de ellos puede desembocar en un desenlace no muy deseado.

Sin duda alguna, Emilia Pardo Bazán muestra a través de sus novelas y relatos un retrato fiel de la sociedad española de la época que le tocó vivir. El lector disfrutará en Memorias de un solterón con el retrato que ofrece sobre las costumbres que marcan la vida en una ciudad de provincias como es Marineda. Unas costumbres que se reflejan a través de los personajes que transitan por las páginas de esta historia que tan bien hilvana la escritora coruñesa y en la que capta la atención del lector por todo lo que sucede a lo largo de los capítulos que la conforman. Los lugares de esparcimiento en los que se reúnen los miembros de la burguesía marinedina son los apropiados para enterarse de los temas que tratan en sus reuniones los varones de la alta sociedad, en los que no faltan las críticas a determinados personajes de su estamento social o los líos de faldas que se traen algunos de ellos. En los paseos o cafeterías donde las buenas señoras de la sociedad cotillean como cotorras los chismes que se cuentan en la ciudad, sobre todo los más jugosos, y si escandalizan, mejor todavía; saben que su particular noticiero no tardará en llegar a oídos de sus conciudadanos. Como en toda su novelística y relatos, no se olvida de quienes conforman las clases medias o las más bajas del escalafón social, porque son a los que más visibilidad quiere darles. Es muy consciente que su voz y sus reivindicaciones tienen que ser escuchadas por medio de los personajes que los representan. Aunque, sin duda alguna, lo que más le preocupa y se refleja en sus novelas es el papel que representa la mujer en aquel entonces: es una gran defensora de la emancipación de sus congéneres, y tiene muy claro que les corresponde disfrutar los mismos derechos que los varones.

Lo que acabo de comentar en el párrafo anterior se manifiesta a través de los personajes que conforman el elenco de Memorias de un solterón. Emilia Pardo Bazán perfila unos personajes que son un fiel reflejo de la sociedad española del último tercio del siglo XIX, y más en concreto en una ciudad de provincias tan cerrada en sus conductas sociales como es Marineda. Unos personajes que saben qué papel les toca desempeñar en la trama, son muy vivos y tienen una gran capacidad psicológica, que se refleja, sobre todo, en los últimos capítulos. Quienes hayan leído Doña Milagros, se encontrarán con algunos que vuelven a transitar por las páginas de esta novela, pero también con otros nuevos. Entre los personajes masculinos nuevos destacaría al que llaman el compañero socialista Ramón Sobrado; León Cabello, el virtuoso marinedino de la música, o el nuevo gobernador, Julián Mejía. En este sentido, me llamó mucho la atención los nombres de algunos de ellos, porque entendí que estaban puestos con una clara intención, ya que definen ciertos rasgos físicos o propios de su personalidad. Los dos primeros que menciono en este párrafo, al igual que el protagonista y narrador, Mauro Pareja, son un claro ejemplo de lo que acabo de comentar.

(Playa de Riazor-A Coruña (Playa del Rial-Marineda)
Como es habitual en la narrativa de la condesa de Pardo Bazán, son los personajes femeninos quienes tienen un mayor protagonismo. Rosa, María Ramona  Argos—, y Feíta son las hijas de Benicio Neira  que más relevancia tienen en Memorias de un solterón Son tres muchachas que están en edad casadera y lo que desea su padre es que encuentren un buen marido que las prive de pasar las estrecheces económicas que cada vez le agobian más. Un padre de una familia, -aunque ya con dos miembros independizados y otros dos prohijados-, a quien le es imposible ejercer su autoridad, porque todavía sigue echando en falta la fuerza y el mando que tenía su mujer para llevar la casa. Fe, a quien se la conoce por el apelativo un tanto injurioso de Feíta, es el personaje que más me atrajo por todo lo que significa en la novela. Desea emanciparse y ganar su sustento con el trabajo que realice. Puede decirse que es  una joven intelectual, porque le gusta leer y aprender de todo lo que lee, ya que frecuenta temáticas muy variadas, y es una asidua visitante de la biblioteca que tiene la propietaria de la casa de huéspedes,  doña Consolación. Pero también controla las labores de la casa, porque le preocupa lo que  hacen realmente sus hermanas Rosa y María Ramona, por lo que tendrá más de un enfrentamiento dialéctico con su padre. El protagonista y narrador dice de  Feíta que «no es linda, aunque tampoco ni repulsiva ni desagradable. Su cara más que de doncella, de rapaz despabilado y travieso...(cap. VIII). En mi opinión, tal y como se describe este personaje en su conjunto, diría que su perfil guarda un cierto parecido con Emilia Pardo Bazán. Me gustó mucho el capítulo en el que mantiene un verdadero debate con Mauro Pareja, ante las pretensiones que tiene la joven de emanciparse. A las mujeres de la familia Neira hay que añadir la presencia en determinadas escenas de otros personajes femeninos como doña Consolación, ya citada en esta reseña, o la singular Remedios Venialesun personaje más bien testimonial, por las escasas escenas en las que está presente, pero de las que se deduce cuál es su distracción favorita.

Disfruté mucho con la lectura de Memorias de un solterón. El desarrollo de su trama tiene un ritmo fluido, y está contada desde la perspectiva del protagonista y narrador Mauro Pareja, un personaje que le gusta cuidar de su persona, al igual que disfrutar del confort y la buena mesa. Pese a ser un relato epistolar escrito a modo de memorias, me gustó mucho el enfoque narrativo que le confirió la autora de Los pazos de Ulloa. Un enfoque muy acorde con la forma de ser de Mauro Pareja, porque tanto el tono desenfadado como la ironía están muy presentes a lo largo de los capítulos. Incluso en algunas conversaciones que mantiene a modo de debate con el interlocutor de turno, tuve la sensación de que en algunas le seguía la corriente, porque le divierten los argumentos que le expone en el tema que abordan, aunque en otras trata de aconsejarle sobre la forma en la que debe de actuar en determinadas situaciones que le inquietan. En mi opinión, los cuatro primeros capítulos son a modo de introducción, porque en ellos se presenta ante el lector, al igual que le expone, utilizando incluso algunos ejemplos, diría que a modo de relatos cortos, la defensa de su soltería, en la que incluso cita algunos seres mitológicos si en su reflexión viene al caso. Su historia se entrecruza con la de Benicio Neira y las tertulias que se organizan en su casa, a quien le mantendrá informado sobre todo lo que sucede en esas reuniones, porque está muy convencido que se producirán situaciones que pueden preocupar en demasía al padre de las jóvenes. Un padre que a lo que más ansía es el que sus hijas consigan un buen marido que les permita alejarse de las penurias económicas que ensombrecen su vida familiar.  



Biografía:





Escritora y periodista española (A Coruña, 1851-Madrid, 1921), Emilia Pardo Bazán es considerada como una de las novelistas clave en el realismo y el naturalismo español del siglo XIX y principios del XX. No solo fue un referente literario, sino que su defensa de los derechos de la mujer la convirtió en una de las primeras feministas españolas.

De familia noble, Pardo Bazán recibió una esmerada educación en su Galicia natal y, tras contraer matrimonio, se instaló en Madrid durante unos pocos años antes de viajar por toda Europa donde la escritora completó su formación en varios idiomas.

Tras el nacimiento de su primera hija, la escritora publicó su primera obra, Pascual López (1879), a la que siguieron Un viaje de novios o La tribuna, en la que ya se puede apreciar la influencia del movimiento naturalista.

Sus ensayos sobre literatura, en los que analizaba, por ejemplo, la obra de Zola, fueron publicados en un solo volumen que provocó gran polémica y que estuvo a punto de acabar con su matrimonio, cosa que sucedió a los pocos años.

Pardo Bazán inició una relación con Benito Pérez Galdós, también escritor naturalista, aunque ambos mantuvieron con obras como Insolación o La prueba, una tendencia cercana al cristianismo y al conservadurismo, elemento diferencial respecto al mismo movimiento en países como Francia.

De su obra ensayística habría que destacar obras como La cuestión palpitante, Polémicas y estudios literarios y La literatura francesa moderna.

Pardo Bazán bse mostró muy activa para combatir el sexismo existente entre las élites intelectuales españolas de la época, fundando en 1892 La Biblioteca de la Mujer y proponiendo a otras escritoras para ocupar puestos en la RAE.

Emilia Pardo Bazán murió en Madrid el 12 de mayo de 1921.

 

 

 Fuentes:  Datos técnicos tomados de Amazon. Sinopsis tomada de la web de Lecturalia. Biografía tomada de la web de Lecturalia. Portada original de Memorias de un solterón tomada de la web de la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán. Imagen de la Calle Real de A Coruña (Calle Mayor, Marineda) tomada de la web del diario La Opinión. Imagen de la Playa de Riazor (Playa del Rial, en Marineda), A Coruña, tomada de la web del diario La Voz de Galicia. Fotografía de Emilia Pardo Bazán tomada de la web de la BNE.






















6 comentarios:

  1. Hola Paco, tanto el estilo epistolar como los diarios y memorias siempre me han atraído, el autor o el personaje que los escribe siempre se desnuda de alguna forma y nos ofrece datos muy interesantes de forma directa e indirecta; como ya te comenté esta no la he leído, así que me la llevo apuntada. Besos.

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  2. Es increíble como la autora sabe siempre plasmar la sociedad de su tiempo. Ésta no la he leído pero tomo buena nota, que no hay obra suya que no haya disfrutado.
    Besotes!!

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  3. Muy buena reseña, Paco. Se nota que disfrutas de Doña Emilia. Una pena que se quedará en díptico, como bien dices. Me atrae que además sea una novela epistolar. Sin duda merece ser leída. Apertas

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  4. No puedes negar que te ha gustado mucho. Gran y trabajada reseña. Pese a todo no me veo leyéndola ahora mismo. Un abrazo

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  5. Debe ser una lectura muy divertida y hasta chispeante!
    Vere de conseguirla, saludosbuhos y buen finde!

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  6. Qué vida tuvo esta mujer tan extraordinaria, en el sentido de que, hizo frente a muchas cosas y muchos convencionalismos. En cuanto a sus obras, leí pocas pero me gustaron. Tiene unos cuentos navideños que te recomiendo. A mí me gusta el retrato que hace de la sociedad. Me parece que siempre tuvo una mirada muy afilada. Me encantaría conocer a Mauro, así que tomo nota. Besos

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