jueves, 30 de abril de 2020

La abadía de Northanger, de Jane Austen.





















Datos técnicos:


Título: La abadía de Northanger.
Título original: Northanger Abbey.
Autora: Jane Austen.
Traducción: Guillermo Lorenzo.
Editorial: Alba Minus.
Edición inicial: 1818
3ª Edición: febrero/2017.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Idioma: Español.
ISBN: 978-84-8428-593-9.
Nº pág.: 288.



Sinopsis:


Catherine Morland es una muchacha «tan corriente como la que más»... sólo que tiende a ver la vida como una novela. Cuando es presentada en sociedad en Bath, conoce a un joven apuesto y refinado y se siente como en una novela sentimental. Luego, invitada por el padre del joven, pasa una temporada en una antigua abadía, donde sospecha que se cobijan terribles secretos, como en una novela gótica. Pero la realidad, que también tiene sus secretos, le revelará al fin un mundo acaso más absurdo y angustioso que el imaginado en la peor de sus fantasías.
Novela de novelas, literatura de literatura, La abadía de Northanger, escrita antes de 1803 pero no publicada hasta 1818, póstumamente, encierra en una sátira literaria una hiriente reflexión sobre los prejuicios y crueldades de la sociedad, y es sin duda una de las obras más agudas y divertidas de Jane Austen.



Opinión Personal:



En 2017 tuve la excusa perfecta para acercarme, por fin, a la narrativa de Jane Austen (Steventon, Gran Bretaña, 1775 -Winchester, Gran Bretaña, 1817), porque las administradoras del blog Las Inquilinasde Netherfield celebraron en el mes de julio un homenaje con motivo de la celebración del bicentenario del fallecimiento de una autora cuyas novelas tienen hoy día miles de seguidores. El título elegido para la ocasión fue Orgullo y prejuicio (reseña), uno de los más conocidos de la escritora británica, y con cuya lectura disfruté mucho, pese a que me llevé una cierta decepción con la traducción. De nuevo vuelvo a la narrativa de Jane Austen, y también aprovechando mi participación en el reto Todos los clásicos grandes y pequeños, que en su primera edición organizan mis queridas habitantes virtuales de Netherfield, y en esta ocasión le toca el turno a La abadía de Northanger. Con la reseña que hoy publico doy por cerrado el primer nivel del mismo, con la premisa Clásico en el que el personaje sea una mujer. Al igual que también sirve para incrementar la lista de los libros con los que participo en la cuarta edición del reto Nos gustan los clásicos, que organizo en este blog.

Llama la atención la historia que hay sobre la publicación de La abadía de Northanger porque, pese a ser escrita en 1798, y revisada para la imprenta en 1803, no se editó hasta 1818, porque el vendedor al que le había comprado el manuscrito lo dejó en durante varios años en su librería de Bath, desconociendo que la escritora ya había publicado cuatro populares novelas.
(Baños romanos-Bath-Inglaterra)
Quienes hayan leído algunas de las novelas escritas y publicadas por una de las primeras mujeres en tener éxito en un mundo dominado por los escritores masculinos, comprobarán cómo La abadía de Northanger marca las pautas que regirían el canon austeniano a lo largo de su producción literaria, de cuyas obras se dice que son una buena crónica de la sociedad georgiana inglesa. En esta obra de publicación póstuma, la escritora británica toma parte directa en la narración e implica al lector para que se interese por lo que sucede en la trama, porque se anticipa adelantándole lo que le espera en algunos episodios, sin desvelar nada sobre lo que va a suceder en esa fase de la novela. También refleja opiniones sobre el comportamiento de la protagonista en determinadas escenas, reflexiones que guardan relación con determinadas situaciones que vive, y formula apreciaciones literarias que estima conveniente mencionar, cuando el episodio lo requiere. La narradora hace referencias a obras que leyó Catherine, desde que fue consciente de la atracción que sintió por los libros, sobre todo por las novelas góticas, en las que sobresalen las referencias a Ann Radcliffe. En varias escenas se refiere a la protagonista como heroína, por lo que entiendo que lo hace en el sentido de que «se enfrenta con las dificultades y asechanzas de seis semanas de estancia en Bath»(pág. 15).

A parte de este canon que caracteriza su obra, sus novelas tienen como atractivo el que se producen a lo largo del desarrollo de la trama una serie de vaivenes que provocan la duda en el lector, pese a que los lectores que frecuentan la novela romántica tiene claro que este género literario se rige por unos patrones establecidos con el consiguiente final esperado. Este es un aspecto que agradezco mucho en este género literario, porque me gusta que me ofrezcan en su trama ingredientes atractivos que me mantengan atento a todo lo que sucede en ella, ya que no sería la primera vez que el final feliz que esperamos puede no tener como protagonista el personaje por el que apostamos desde un principio, porque se percibe que esa relación es de manual. En mi modesta opinión, entiendo que lo que acabo de comentar se observa en los 31 capítulos en los que se estructura La abadía de Nortangher. Tras leer la biografía de la autora, entiendo que esta novela contiene rasgos biográficos, como el hecho de que la trama transcurra en Bath, ciudad a la que su padre decidió retirarse durante un tiempo, el hecho de que Henry Tilney sea clérigo en una rectoría, o la familia numerosa de Catherine Marland, o las formación educativa que recibe de sus padres.

Jane Austen refleja en esta novela el viaje iniciático de Catherine Morland, porque es invitada por los Allen a pasar con ellos unas semanas en Bath, a donde había sido enviado el señor Allen por razones de salud. Hasta esas fechas solo había descubierto que le gustaba la lectura, porque sus padres no tardaron en darse cuenta que no mostraba buena disposición para aprender las enseñanzas que recibía de ellos. Ese viaje significará un cambio en la vida de la protagonista, en el que no lo iba a tener todo tan fácil porque contemplaba la vida como una novela, como adelanta la sinopsis, y era un joven ingenua y soñadora hasta que se encuentra con un mundo totalmente desconocido para ella, en el que tomará su primer contacto con la sociedad gregoriana rural de la época, de la que Jane Austen hace un fiel retrato. Es en estos eventos sociales donde entablará amistad y se relacionará con unos personajes bien construidos, sobre todo en los rasgos psicológicos. Pero también a lo largo de los capítulos se ofrecen unas panorámicas visuales sobre los escenarios por los que se mueven. En este sentido, y sobre todo en lo referente a Bath y los parajes que rodean a esta ciudad, da a entender que le resultan muy familiares a la autora. También atraerán la atención del lector las diversas estancias que se describen de la abadía de Northanger, lugar en el que las ensoñaciones novelescas de la protagonista le llevan a creer que se encontrará con escenarios de corte gótico, tal y como se lo había descrito Henry Tilney.
(Lower Rooms-Bath-Inglaterra)
Catherine Marland conoce en Bath a un variopinto elenco de personajes, a través de los que Jane Austen ofrece una estampa satírica y humorística de la sociedad a la que pertenecen, y tardará en darse cuenta qué intereses mueven a unos y a otros en las relaciones que mantienen, porque su espíritu soñador cree que actúan de buena fe, sobre todo ante las muestras de amistad que le brindan. Esas relaciones entre los jóvenes dan lugar a situaciones de enredo en las que se ve envuelta la protagonista, y que provocarán malentendidos de los que trata de salir de la forma más airosa posible, para que los afectados no se sientan contrariados ante la imagen que ofrece. La autora refleja a través de estos jóvenes la dos formas de relación sentimental que había en aquella época: unos buscaban un buen partido que le mejorase su posición social, pero otros creen en el matrimonio surgido entre el amor de pareja, pese a que en este caso sabían que tenían que recibir el consentimiento paterno, sobre todo si había una buen dote que aportar al matrimonio. Aunque también el desamor está presente en la trama, porque el hermano de la protagonista, James Marland, se llevará un gran desengaño al ser rechazado por Isabelle Thorpe, de quien el lector se dará cuenta a lo largo de los capítulos de su carácter manipulador y del verdadero objetivo que persigue con su forma de actuar. Aunque también causará respeto y desconfianza a Chatherine el general Tilney, ante los cambios bruscos de humor que muestra en la abadía, y su espíritu soñador le lleva a pensar que tiene algún secreto que ocultar, y que guarda relación con la muerte de su esposa. El clérigo Henry Tilney y su hermana Eleanor son dos personajes que desempeñan un papel destacado en la trama, sobre todo desde que Catherine es invitada a pasar una temporada en la abadía de Northanger, con el beneplácito del general Tilney. Un personaje que me hizo sonreír fue la señora Allen, ante sus indecisiones y los diálogos insustanciales e indecisos que mantenía con sus interlocutores, al que se contrapone la señora Marland, la madre de Catherine, por los consejos moralizantes que le da a su hija, ante las situaciones que vivió en Bath y que le causaron algún disgusto.

Pese a que La abadía de Northanger fue la primera de las novelas de Jane Austen que estuvo preparada para su publicación, el lector se encontrará en ella las pautas que marcarán el canon austeniano. La lectura me resultó amena y atractiva, tanto por el fresco costumbrista que ofrece de la sociedad georgiana de la época, como por la diversidad de escenarios por los que desfilan los personajes, y las situaciones de enredo que protagonizan los jóvenes mencionados en el párrafo anterior. La lectura de esta novela que reseño tiene un ritmo ágil, y el estilo narrativo es directo y cercano, con unos diálogos vivos, en los que no falta el humor, aunque tampoco las situaciones tensas entre los personajes, y expresiones coloquiales. Sin duda alguna, La abadía de Northanger es una lectura que merece la pena disfrutar, porque el lector siente que realiza un viaje literario a la sociedad georgiana de la época.



Biografía:


Jane Austen nació en 1775 en Steventon (Hampshire), séptima de los ocho hijos del rector de la parroquia. Educada principalmente por su padre, empezó a escribir de muy joven, para recreo de la familia. En 1801, cuando el padre se retiró, la familia se mudó a Bath; y, a la muerte de este, vivió en varias casas hasta instalarse en 1809 en Chawton. A los veintitrés años envió a los editores el manuscrito de La abadía de Northanger (Alba Clásica núm, VII; Alba Clásica Minus, núm 14), que fue rechazado. Trece años después, en 1811, conseguiría publicar Juicio y sentimiento, a la que pronto seguirían Orgullo y Prejuicio, en 1813; Mansfield Park, en 1814 y Emma, publicada en 1816, que obtuvieron gran éxito. Después de su muerte, acaecida prematuramente en 1817, y que le impidió concluir su novela Sanditon, aparecería Persuasión, junto con la inédita La abadía de Northanger.
Satírica, antirromántica, profunda y tan primorosa como mordaz, la obra de Jane Austen nace toda ella de una inquieta observación de la vida doméstica y de la estética necesidad de orden moral. «La Sabiduría escribió una vez es mejor que el Ingenio, y a la larga tendrá sin duda la risa de su parte.»

Nota:  Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía de la autora, tomados de la web de Alba Editorial. Imágenes de los Baños romanos y de Lower Rooms de Bath, tomadas de Wikipedia. 














martes, 28 de abril de 2020

Mayo: Mes de la metaliteratura.








Ya mismo se nos va el confinado mes de abril y Laky, la administradora del blog Libros que hay que leer nos invita participar en un nuevo mes temático. En esta ocasión, le toca el turno a la metalitertura: libros sobre libros, escritores, lectores, ...

Las bases para participar son las que rigen todos los meses temáticos, con la particularidad de que en cada uno de ellos la promotora de este evento literario acepta en el sentido más amplio los libros que se puedan incluir en el mismo. 

En mi caso me participo con la novela de Félix G. Modroño, La fuente de los siete valles.




















Sinopsis: 


Y lo que en un principio empezó como un reto terminó convirtiéndose en una obsesión. Sea lo que fuere lo que escondiesen sus páginas, habría de descifrarlo”.

Pablo Santos regresa a su Logroño natal tras casi dos décadas al servicio del Archivo Secreto del Vaticano, con la misión de recuperar los libros desaparecidos del monasterio de San Millán de la Cogolla. Pronto descubrirá que uno de los ejemplares perdidos de la vieja botica benedictina guarda un importante secreto alquímico. Su búsqueda le llevará a enfrentarse no solo a su pasado, encarnado en Lucía Garay –su amor de juventud–, sino también a un inquietante futuro.
Con esta novela el autor vuelve a recrear con singular maestría la vida cotidiana de las ciudades decimonónicas, confirmando que es uno de los escritores más brillantes a la hora de construir tramas emocionales enmarcadas en cuidadas ambientaciones históricas.La fuente de los siete valles, además de una bella historia narrada con la prosa elegante y evocadora de Modroño, es un homenaje a los libros, al mundo del vino y –muy especialmente– al monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna del castellano y del euskera.  (296 pág., rústica con solapas).

Es posible que lea alguno más sobre metalitetarura, según cómo estén los ánimos. 


viernes, 24 de abril de 2020

Las islas de Poniente, de Julio Alejandre Calviño.





















Datos técnicos:


Título: Las islas de Poniente.
Autor: Julio Alejandre Calviño.
Editorial: Pàmies.
1ª edición: 13/05/2019.
ISBN: 978-84-17683-11-5.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Idioma: Castellano.
Nº pág.: 544.


Sinopsis:


Álvaro de Mendaña parte del Perú a la conquista de las islas Salomón y el descubrimiento de las Regiones Australes al mando de una flota. Un aprendiz de cirujano, preso de la justicia virreinal, se enrola, para escapar a su condena, en uno de los navíos: la nao Santa Ysabel. A bordo también viajan la dama por cuyo amor había sido apresado; un marinero fanático que, iluminado por una visión, confecciona una lista de los bienaventurados que se habrán de salvar en la travesía, y una tripulación de soldados y marineros, mujeres recatadas, atrevidas busconas, hidalgos aventureros y familias de colonos, todos en busca de fama, fortuna y una vida mejor en el otro confín del mundo.

Pero en medio del Pacífico una sublevación contra el capitán hace que la nao cambie el rumbo, se separe de la flota e inicie un viaje tan incierto como apasionante por mares y tierras desconocidos.

Las islas de Poniente es una apasionante novela de viajes y descubrimientos—entre ellos, el del continente australiano—, pero también una historia marcada por las traiciones, los crímenes, las penurias y las aventuras de un puñado de expedicionarios que, perseguidos por una fatídica profecía, luchan por el poder, la codicia o la mera supervivencia.



Opinión Personal:



Disfruto con la lectura de novelas que se encuadran en el género de aventuras, porque son historias que me ayudan a relajar y al mismo tiempo cumplen con el requisito de entretener, al contener una serie de episodios en los que los personajes protagonizan situaciones que incluso pueden poner en peligro sus vidas, por el riesgo que supone enfrentarse a lances con un desenlace incierto. Aunque el sentido de aventura que se refleja en Las islas de Poniente (Ediciones Pàmies, 2019) nada tiene que ver con lo expuesto en las primeras líneas de esta reseña, porque el lector se encuentra con una trama de ficción histórica en la que sigue con interés el resultado incierto que significa una expedición marítima organizada a finales del siglo XVI. Las aventuras a las que se enfrentan los personajes están más relacionadas con el hecho histórico sobre el que gira la trama, en la que el narrador relata en primera persona los riesgos que corren tanto el navegante que organiza la expedición, Álvaro de Mendaña, como quienes lo acompañaron en esa empresa, así como por el final incierto que les esperaba, como ya sucedió en otras similares realizadas anteriormente.
(Álvaro de Mendaña)
El escritor madrileño afincado en la Baja Extremadura parte de la misteriosa desaparición de la nao Santa Ysabel, que formaba parte de la flota que componía la segunda expedición organizada por el marino antes mencionado para poblar y colonizar las islas Salomón. El autor construye una trama sólida, verosímil y que se ramifica en subtramas que la enriquecen, con las que consigue atraer la atención del lector en cada uno de los de los 47 capítulos en los que se estructura, agrupados en tres partes titulada. Para conferirle esa verosimilitud, se sirve de las lagunas documentales que surgen desde la ausencia de noticias sobre su destino, seis meses después de de su partida, como lo aclara en la nota histórica que acompaña al cuerpo de la novela, y en la que aclara la documentación que le sirve para construir esta ficción novelada.

A medida que avanzaban los capítulos, me decía que Julio Alejandre había cuidado con detenimiento todos los episodios que se desarrollan en cada uno de ellos, porque tal y como se relataban tuve siempre la sensación de que era un personaje más enrolado en la flota que había partido con el adelantado Álvaro de Mendaña hacia la jornada de las islas Salomón. Me interesaba todo lo que sucedía tanto en el virreinato del Perú, como en la nao Ysabel o en las Islas Salomón, al igual que la incertidumbre que provocaba la arriesgada idea de encontrar por fin la que se conocía como Tierra Austral Ignota. A lo largo de los capítulos el lector se encontrará con un cronista un tanto peculiar, porque fue liberado de su condición de presidiario por el virrey del Perú «Dadas las dificultades que el Adelantado estaba teniendo para reclutar a la dotación, el virrey vio en la empresa una ocasión a propósito para librarse de los muchos rufianes que llenaban las prisiones del Perú y dio carta de libertad a cuantos quisieran enrolarse en ella» (pág. 29). Pese a la particularidad a la que me acabo de referir, el hecho de haber cursado algunos años en la Real y Pontificia Universidad de San Marcos de Lima, le sirvió para ejercer durante la travesía y en las islas del Pacífico los oficios por los que de una u otra forma tenía relación con los marineros, oficiales, soldados o colonos. Si bien no puede presenciar algunas escenas, sobre todo si tienen lugar en las islas que descubren, recibe constancia de ellas por quienes las conocen o las vivieron directamente, y en algún momento dado se ven obligados a acudir a él al necesitar sus servicios.
(Zaña-Santiago de Miraflores-Perú)
Es el mestizo Juan Torres quien, pasados unos años y a modo de memorias de esta expedición, decide relatar todo lo sucedido en esta expedición histórica que conduciría a la flota mandada por el almirante Álvaro de Mendaña, y de la que formaba parte la nao Santa Ysabel, hacia tierras desconocidas. A través de este relato evocador, narra en primera persona todos los acontecimientos que vivió desde que se enrola voluntario en la expedición, de cuyas causas ya se dio constancia en el párrafo anterior. El protagonista y narrador utiliza un lenguaje sencillo pero muy cuidado, con el que se trata de aproximarse lo máximo posible al español utilizado a finales del siglo XVI, efecto con el que el autor logra que el lector tuviera la sensación de leer una obra obra clásica. A través de esos recuerdos inolvidables, cuenta episodios tristes y dolorosos en varias fases de su relato, si bien tampoco faltan hechos en los que están presentes la alegría, el jolgorio y la pasión. Supongo que me pasaría lo que a la mayoría de quienes leyeron Las islas de Ponientes, porque uno se queda prendado de este personaje, desde que me cuenta las correrías que vive en Santiago de Miraflores, en las que actuaba como un verdadero pícaro, si bien le llevarían a prisión una reyerta que tuvo con el hijo de un acaudalado personaje, con el que se volvería a topar en la nao Santa Ysabel. Y es que no es para menos esa atracción que uno siente hacia el protagonista y narrador de esta novela, porque muestra tal evolución y madurez a lo largo de los capítulos, que consigue no resultar indiferente tanto al lector como a quienes con él comparten travesía.


Las islas de Poniente ofrece al lector un fresco en el que el narrador refleja diversos aspectos de la sociedad del virreinato del Perú. Julio Alejandre muestra a través de las páginas de esta atractiva y apasionante novela de aventuras y descubrimientos el día a día de quienes «no sienten el peso de la tela que fabrican las arañas, con hilos tan leves e invisibles que no se siente su peso ni se sospecha su existencia hasta que están presos en ella, sin posibilidades ni manera de escapar» (pág. 19). De esta forma, el destino une a personajes que pertenecen a diferentes clases sociales, que se enrolarán en una expedición con un final incierto, atraídos por diversas circunstancias que les mueven a unirse a la expedición organizada por el almirante Álvaro de Mendaña. Una expedición que está formada por un amplio elenco de personajes que tendrá que convivir en una nao que adquiere proporciones diminutas en la inmensidad del océano. El lector no perderá detalle de todo lo que relata Juan Torres, desde que esta incierta empresa empieza a coger forma en el virreinato del Perú, así como todo lo que sucede a bordo de la Santa Ysabel, en donde tienen una serie de episodios marcados por las traiciones, los crímenes, las penurias y las aventuras de un puñado de expedicionarios que, perseguidos por una fatídica profecía, luchan por el poder, la codicia o la mera supervivencia. Episodios de igual calado seguirán en las islas Salomón, o las Marquesas, en las que se tendrán que enfrentarse a combates con los indígenas, pese a que en u principio habían recibido a los colonos y demás personajes embarcados en la nao Santa Ysabel, pero una serie de incidentes que tienen lugar sobre todo en las islas Salomón derivarían en duros, encarnizados y en ocasiones desiguales enfrentamientos armados. El lector se familiarizará con las maniobras que realizan los marineros a bordo de la nao en cada singladura, los instrumentos por los que se rigen los pilotos para conocer la ruta que tienen que llevar, calcular los datos que les son necesarios para la navegación o cómo buscar los vientos que les sean favorables. También se enfrentan a los peligros de la mar, así como las penurias y enfermedades que pasan a bordo.
(Islas Salomón)
Juan Torres presenta a lo largo de los capítulos a un muy amplio elenco de personajes que embarcan principalmente en la nao Santa Ysabel, ya que los que se enrolan en las otras tres embarcaciones que conforman la flota tienen muy poca presencia en su narración. Pese a que el elenco es muy amplio, el lector se encuentra con la relación del mismo en el índice de personajes que antecede al cuerpo de la novela. Todos ellos son de distinta procedencia y condición social, que tendrán que convivir en esa larga jornada en un espacio tan reducido, y cuya relación proseguirá en las islas que descubrirán en la ruta marcada. Sin embargo, el lector se familiarizará con el paso de los capítulos con los personajes secundarios que más peso tienen a lo largo del desarrollo de la trama. Entre los que atrajeron mi atención destaco, a parte del ya mencionado Juan Torres, los capitanes Francisco Mondéjar o Bernal Flores; el cabo Hernán Vicente, con quien el narrador fraguará una estrecha relación; Abel Hinojosa, por la enemistad que mantiene desde su encuentro en Santiago de Miraflores, y que se incrementará a lo largo del desarrollo de la trama; el piloto Sebastián Valiero, quien le enseñará aspectos de la navegación, dado el interés mestizo el mestizo, y otros personajes de a bordo, como el escribano y bachiller Luis Herrera o el capellán Joaquín Saavedra, que se embarcó con el firme propósito de adoctrinar en la verdadera religión a los indígenas, aunque tampoco me olvido del singular marinero Figueroa, aunque prefiero que sea el lector quien conozca la particularidad que caracteriza a este personaje. Entre las mujeres que no dudan en embarcarse en un viaje tan largo duro, y no falto de penurias, destacaría a Elena Navarrete, de quien está prendado Juan Torres desde que la vio en la ciudad antes mencionada, y que da muestras de una gran evolución según pasan los capítulos, pero que también deja claro cuál es su posición en la escala social que ocupa, aun formando parte del pasaje de la nao; Juana Alonso es otro personaje femenino ue atrae la atención del lector, tanto por el pasado que la acompaña y que está en boca de todos, pero que se va convirtiendo en una mujer diferente a la que había embarcado en el puerto de Cherrepe, sin olvidarme de Frasquita, con quien es fácil empatizar, porque tiene tal capacidad de supervivencia que es digna de admiración, por las dificultades, amarguras y penurias a las que se enfrenta, y de cuya actitud es consciente el protagonista y narrador de esta novela.

Sin duda alguna, supuso para mí un grato descubrimiento conocer la narrativa de Julio Alejandre Calviño al tener la oportunidad de leer su novela Las islas de Poniente, con la que quedó finalista del VII Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda en 2019. El lector disfrutará con una apasionante novela de viajes y descubrimientos, pese a que su lectura es pausada porque domina la narración frente al diálogo, pero que merece la pena afrontar esta novela en la que el autor ficciona el posible destino que pudo tener la nao Santa Ysabel desde que se desconoció cuál pudo ser su destino al no tener noticias de ella, pese a que formaba parte de la flota que fletó el almirante Álvaro de Mendaña para partir hacia la jornada de las islas Salomón.


Biografía:


Nací en el Madrid de los sesenta. Cursé magisterio en la universidad Autónoma de Madrid y más tarde pedagogía en la universidad Complutense. Pasé una década en América Central, entregado en cuerpo y alma al sufrido oficio de cooperante. De aquella época me quedaron unas cuantas arrugas, muchos amigos, el amor por la literatura hispanoamericana y un sinnúmero de historias por contar. En la actualidad resido en Azuaga, Badajoz, y me dedico a la orientación educativa.

Ha obtenido premios en certámenes de relatos y novela. Con su novela Las islas de Poniente fue finalista del Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Otras obras del autor: Héroes, tumbas y libros perdidos. Madrid, Ed. Complutense, 2012. Seis mil lunas. Madrid, Ed. Antígona, 2013. Reporte de una boda y un entierro. Murcia, Ed. Tres Fronteras, 2015. VVAA. Universos de papel. El baúl de los recuerdos. Azuaga, Badajoz, Asociación Entre Pueblos, 2014. Pgs. 143-166.

Nota: Datos técnicos, sinopsis y fotografía del autor, tomada de la web de Pâmies. Biografía del autor, tomada de la web aeex.es. Imagen de Álvaro de Mendaña tomada de la Wikipedia. Imagen de Zaña-Santiago de Miraflores, tomada de la web Perú, Arte, Patrimonio. Imagen de las islas Salomón tomada de Wikipedia. 

miércoles, 22 de abril de 2020

Aquella vez en Berlín, de María José Moreno.




















Datos técnicos:


Título: Aquella vez en Berlín.
Autora: María José Moreno.
Editorial: Versátil Ediciones.
1ª edición: 17/02/2020.
ISBN: 978-84-17451-81-3.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Idioma: Español.
Nº pág.: 360.


Sinopsis:


El día en que el arquitecto alemán Richard Leinz recibe en su casa de Londres al señor Parker, investigador privado, descubre que hace quince años cometió una grave equivocación que marcó su vida. Atormentado por sus dramáticos recuerdos y por el dolor que causó a su alrededor, emprende una búsqueda tenaz en su pasado para intentar enmendar su error.
Cuando Thomas, secretario de Richard, decide por su cuenta llamar a Marie Savard, con la que el arquitecto mantuvo una relación, no sabe que está a punto de derrumbarse todo lo que ha mantenido a salvo hasta el momento: ¿Por qué Richard ya no es el que era? ¿Podrá Marie ayudarlos a liberarse de sus fantasmas? ¿Cómo se puede convivir con la culpa?
Una historia intimista de secretos desgarradores, de amores frustrados, de palabras no dichas, de luces y sombras en el pasado de unos personajes que intentan sobrevivir en un tiempo histórico complejo mientras tratan de combatir a sus propios demonios y coger aire para disfrutar de eso a lo que llamamos vida.
Las causalidades no existen. Los encuentros fortuitos tampoco.


Opinión Personal:



La primera vez que me acerqué a la narrativa de la escritora cordobesa María José Moreno fue en 2014, año en el que leí y reseñé en este blog su novela de corte intimista Bajo los tilos (Ediciones B) (reseña). Después le tocó el turno a La trilogía del Mal, conformada por los títulos La caricia de Tánatos (reseña), El poder de la Sombra (reseñay La fuerza de Eros (reseña). En su última obra publicada, Aquella vez en Berlín, la autora retoma el género intimista al que, en mi modesta opinión, vuelve por todo lo alto, porque me encontré con una trama potente, en la que se percibe que calculó al milímetro todos los episodios que se desarrollan en cada uno de ellos, para atraer la atención del lector en los 38 capítulos en los que se estructura. Tiene el aliciente de que redobla su interés por comprobar cómo se desenvuelve en las descripciones de los escenarios por los que se mueven los personajes, porque casi todos ellos se sitúan fuera de nuestras fronteras, a diferencia de las localizaciones utilizadas en sus publicaciones anteriores. En mi modesta opinión, Aquella vez en Berlín comparte ingredientes que se perciben en la trilogía protagonizada por la doctora Mercedes Lozano con otros más propios de Bajo los tilos.
(Casa-Museo Freud-Londres)
Ese cálculo milimétrico al que me refiero en el párrafo anterior se percibe también en la portada. En un principio no tenía muy claro qué me quería transmitir la autora a través de la imagen que figura en la cubierta del libro, en la que resalta la mano de un niño que sujeta un avión de combate de la Segunda Guerra Mundial. Pero a medida que se sucedían los capítulos me decía que había acertado de pleno, porque es un interrogante más que tiene que resolver el lector y que le incita todavía más a interesarse por la historia que se relata a través de los dos narradores que se van alternando a lo largo del desarrollo de la trama, en cuyo relato está muy presente el pasado que atormenta al arquitecto alemán Richard Leinz, que se encuentra en la cumbre de su carrera profesional.

Desde el día en el que Richard Leinz recibe en su casa de Londres la visita del señor Ewan Parker, el arquitecto es consciente que la información que le facilita el joven investigador le llevó a cometer una grave equivocación hace quince años, derivada de las erróneas averiguaciones realizadas por el padre del detective. Desde ese momento se suceden unos episodios estructurados de tal forma que siempre tuve la sensación de encontrarme ante una trama más propia de una novela de intriga, porque recibía la información que me facilitaban los dos narradores de forma muy desgranada. A esto que acabo de comentar hay que añadir la alternancia de las dos líneas argumentales que la conforman, y que caminan paralelas muy cercanas en el tiempo, hasta que convergen próximas al desenlace. Esto me provocó una ilusión óptica por la que deduje que el período que abarcaba la historia era más amplio que el realmente establecido, como lo podrá comprobar el lector una vez que finalice su lectura.

En mi modesta opinión, la narrativa de María José Moreno se caracteriza por una cuidada construcción de los personajes, definidos por unos rasgos muy profundos, dentro de los que sobresalen los perfiles psicológicos en los que la autora ahonda a lo largo de la narración, en la que aflora de una forma dosificada el pasado escabroso que atormenta a cada uno de ellos. Los personajes sienten que necesitan soltar ese lastre ante la comprensión que perciben en las conversaciones que mantienen con sus interlocutores. Richard Leinz es quien más incide en los monólogos interiores en los que reflexiona sobre ese pasado que lo atormenta, porque la culpa se instala en él desde que recibió la visita de Ewin Parker. El arquitecto alemán es consciente del mal que causó en el pasado tanto a su familia como a Marie Savard, con quien mantuvo una relación sentimental. Aunque los rasgos psicológicos también se observan en Thomas Parsons, su fiel secretario, la ya mencionada Marie Savard, así como, en Lisa Clark. Este último es un personaje que atrae la atención del lector desde que aparece en escena, porque supongo que le causará la misma intriga que a mí, ya que me pregunté en más de una ocasión qué papel desempeñaba en esta historia. No me olvido de la importancia que tiene el personaje de Matilda Baun, tras la decisión que toma Richard Leinz de trasladarse a Munich para encontrarse con las sombras de su pasado.
(Parque Primrose Hill-Londres)
Aquella vez en Berlín es una novela de personajes cuya fuerza ensombrece los espacios por los que se mueven los personajes. Pese a lo que acabo de comentar, el lector percibe una imagen visual de las localizaciones descritas a lo largo de los capítulos, sobre todo si tienen un especial significado para ellos. Un especial significado que lo encuentra en la calle Maresfield Gardens, en donde está ubicada la casa en la que reside Richard Leinz, al igual que el parque Primrose Hill, en el que la nostalgia se apodera del arquitecto alemán cada vez que lo visita. Cuando las escenas transcurrían en la casa del protagonista, me decía que en ella se percibe un ambiente de corte clásico, sobre todo por la relación de cortesía que mantiene el arquitecto alemán con su secretario, y las costumbres que imperan en ese domicilio. Los recuerdos infantiles y sus miedos acompañan al protagonista a Múnich, ciudad en la que se encontrará con los fantasmas de su pasado. Tras la visita del joven investigador privado es consciente de que los episodios que vivió Berlín forman parte también de sus errores. Pero cuando sigue a Lisa Clark por la capital británica se encuentra con una ciudad más cosmopolita, con unos escenarios y lugares de ocio descritos de tal forma que invitan a visitarlos, aunque también recibirá información de este personaje sobre episodios que le marcaron en su ciudad natal, Málaga.

Aquella vez en Berlín es una novela cuya lectura me resultó fluida, tanto por la corta extensión de los capítulos como por los diálogos que mantienen los personajes. En este sentido, unos son más fluidos y dinámicos, y otros más reflexivos, emotivos e intensos, en los que la tensión narrativa está presente en algunas fases. María José Moreno construye una trama adictiva, absorbente e intensa con un lenguaje sencillo y cuidado, en el que muestra los conocimientos que tiene sobre la psique humana, sobre todo en los diálogos que mantienen algunos personajes en los últimos capítulos. El lector se encuentra también con escenas propias de novelas detectivescas de corte clásico, en las que está presente el investigador privado Ewan Parker. El sentimiento de culpa, la emotividad, los secretos, el amor y los fantasmas del pasado acompañan al lector a lo largo de los capítulos en una historia muy atractiva y que no le deja indiferente, por las reflexiones que manifiestan los personajes sobre el pasado que los atormentan. Quienes disfrutan con lecturas de novelas intimistas en las que la intriga y los secretos están muy presentes tienen en Aquella vez en Berlín una magnífica propuesta, con el añadido de que se encuentran con una historia por la que transitan unos personajes muy cercanos y perfilados con una gran fuerza psicológica. Y si han leído alguna de las novelas de la autora o desean acercarse a su narrativa, estoy seguro que la sinopsis y el magnífico trabajo que la desarrolla, les incita a mostrar interés por conocer qué pasó Aquella vez en Berlín.


Biografía:


María José Moreno nació en Córdoba. Es psiquiatra y profesora titular de la facultad de Medicina de su ciudad natal. Inició su andadura en la literatura de ficción en el 2008 con un relato corto que ganó el accésit al II Premio Internacional de Relato Breve Universidad de Córdoba. En 2020 quedó finalista en un concurso de Ediciones Fergutson con su novela de humor Vida y milagros de un ex. En el 2004, Ediciones B publicó su aclamada novela intimista Bajo los tilos.
Sus más de veinte años de experiencia como psiquiatra en la atención a los trastornos de la personalidad son la mejor documentación para la Trilogía del Mal (Ediciones Versátil-2015-16), en la que la psicóloga Mercedes Lozano, convertida en su álter ego, protagoniza La caricia de Tánatos, El poder de la Sombra y La fuerza de Eros. Recientemente se han vendido los derechos para la adaptación audiovisual de la trilogía.

Nota: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía de la autora, tomados de la web de la editorial. Imagen de la Casa-Museo de Freud en Londres, tomada de Wikipedia. Imagen del Parque Primrose Hill tomada de la web The Royal Parks.
















jueves, 16 de abril de 2020

Romanticismo, de Manuel Longares.




















Datos técnicos:


Título: Romanticismo.
Autor: Manuel Longares.
Editorial: Galaxia Gutenberg.
1ª edición: 27febrero/2019.
ISBN: 978-84-17747-05-3.
Encuadernación: tapa dura con solapas.
Idioma: español.
Nº pág.: 552.



Sinopsis:


En el reducto burgués del madrileño barrio de Salamanca, a través de tres generaciones de una familia marcadas por un amor inviable, ésta novela nos cuenta unos años cruciales de la vida española, tras la muerte del Caudillo y la transformación política que supone. Que nada cambie o que a todo se le dé la vuelta, es la cuestión que incide como una amenaza en ese barrio conservador en el que la vida se considera inalterable en sus ritos, costumbres y creencias, y donde los acomodados descartan cualquier alternativa.
Casi veinte años después, Galaxia Gutenberg recupera esta novela, que ganó el premio nacional de la Crítica, y que ya en su momento fue considerada una obra maestra. Una novela imprescindible, situada en la estela de la mejor narrativa europea del siglo xx. Esta edición incluye un texto del autor en el que se desvelan algunas claves de su creación.


Opinión Personal:


No me extraña que la editorial Galaxia Gutenberg decidiera reeditar Romanticismo, novela por la que Manuel Longares obtuvo el Premio de la Crítica de narrativa castellana en 2001, y que en su momento fue considerada como una obra maestra. El empujón definitivo que me animó a leerla fue la reseña publicada en su día en el blog de Las Inquilinasde Netherfield. Cuando terminé su lectura me dije que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una obra a la que no me atrevo a ponerle calificativo alguno, porque estoy seguro que me quedaría corto. De hecho, tengo muy claro que pasa a formar parte de mis libros de cabecera, como catalogo a los que me han hecho pasar unos momentos inolvidables a lo largo de mis años como lector.
(Pastelería Viena Capellanes-Madrid)
Pese a que Romanticismo es un tocho de 552 páginas, en ningún momento tuve en cuenta la extensión de la historia que relata el narrador omnisciente. Historia que es para degustar a fuego lento, porque la prosa exquisita del escritor madrileño invita a ello. Pero también su estilo narrativo invita a sonreír porque esa misma voz narrativa es la responsable de nuestras reacciones ante lo que nos cuenta. Y es que el lector se encontrará con episodios memorables, con los que se deleitará, sonreirá e incluso me atrevería a decir que soltará alguna risotada en mi caso, así fue. Tal y como están descritos invitan a imaginar cómo se desarrollan, por lo que en más de una ocasión pedí que esas escenas se alargasen un poco más, pese a que mi subconsciente me decía que estaban plasmadas en su justa medida para causar el efecto deseado, porque podía ocurrir que se rompiera ese embrujo que me tenía hechizado por completo.

A lo largo de tres partes bien diferenciadas, y que Manuel Longares desarrolla bajo los títulos Sepulcro de la memoria, Desajustes y Restauración, el lector conoce un período crucial de la reciente historia de España, que abarca aproximadamente medio siglo, y que finaliza en el el año 1996, en el que tiene lugar el cambio de Gobierno que se produjo tras los comicios del mes de marzo. Es la historia de tres generaciones de una familia aburguesada que vive en reducto de la alta sociedad como es el barrio de Salamanca, y al que el lector conocerá como cogollito por el narrador, término empleado con ironía y con el que se familiariza a lo largo de la narración, al igual que con Sanra, el lugar de veraneo que eligen los acomodados personajes, que no es otro que San Rafael, en la provincia de Segovia, en plena Sierra de Guadarrama. A través de esas tres partes en la que se estructura la novela, el lector conoce la historia de la familia formada por José Luis Arce y Pía Matesanz, su hija Virucha y doña Hortensia, la mujer que acoge a su yerno en el piso que la familia habitaba en la segunda planta de «una construcción de principios de siglo levantada sobre terrenos de un duque cuyo escudo engalanaba la fachada del inmueble» (pág. 14). En estos tres personajes se refleja claramente la evolución de la sociedad española en la historia reciente del país, aunque quizás me fijara más en el papel que desempeña Pía Matesanz, porque me preguntaba si aceptaría ese cambio que se produce en España tras la muerte del Caudillo, y se mostraba preocupada al ver peligrar su estatus social y la bonanza de su economía. José Luis Arce atrae también la atención del lector, pero prefiero que sea él quien saque sus propias impresiones sobre este personaje. Como no podía ser de otra forma, en toda saga familiar hay secretos ¿en qué familia no los hay?—, que sorprenderán sobre todo a Pía, por lo que para ella representa la figura de su progenitora.
(Templete El Retiro-Madrid)
Romanticismo es una novela en la que las costumbres y los episodios políticos trascendentales de este país están muy presentes a lo largo de sus páginas. Es sobre todo en la primera parte, Sepulcro de la memoria, en la que se percibe de una forma más clara los ritos, costumbres y vicios que tenían las familias acomodadas del privilegiado barrio de Salamanca, en el que el poder adquisitivo y el lujo se percibe en los personajes que lo habitan. Algunos de sus habitantes «se vanagloriaban de ser cosmopolitas, pero no solían rebasar las fronteras de lo que despectivamente denominaban vaguadas», (pág. 71) salvo cuando llegaba la estación veraniega, en la que se desplazaban a San Rafael para pasar el período estival. El lector presencia los debates dominicales que tienen lugar en la comida que preside doña Hortensia en su piso, asiste a los conciertos a los que con tanta pasión acuden la madre de Pía y Máxima Doltz, o a las sorprendentes reuniones que preside en el Balmoral Javo Chicheri, en las que participa José Luis Arce, o bien acompañan a Pía y Fela del Monte a sus citas en el Gregory´s, También presencia los encargos que realiza su madre a las criadas en los locales que ordena, según fuera el producto que tienen que comprar, caso de la pastelería Viena Capellanes, so pena de recibir una buena reprimenda si la encargada de turno no cumplía con el cometido exigido. Aunque el lector también visita el barrio de Goya, porque en la calle Duque de Sesto viven Marta Pombo y Santos Panizo, quien administraba los bienes de los ociosos del barrio de Salamanca, o se topará con Monjardín, porque atrae la atención del lector, ya que me pregunté en más de una ocasión qué relación podía haber entre este personaje y la familia de Pía Montesanz, aunque también atrae su atención su nombre de pila, porque es como para no acordarse de cómo se llama este personaje. Los episodios políticos trascendentales están reflejados en la trama de tal forma que algunos de los personajes se ven implicados en ellos, según la ideología a la que están adscritos. Y es que tras el fallecimiento del Caudillo unos temen perder sus privilegios, y otros ven que les ha llegado la oportunidad ansiada con la llegada de la democracia pese a que también presienten cómo se puede tambalear tras el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, o la victoria socialista en las elecciones de octubre de 1982 «—Ni Sesé ni sasán. Ha ganado la puta base, marido, a ver si te enteras y se lo dices al ermitaño ese, ni más ni menos que la puta base. Tan convincente se mostraba Marta Pombo esa mañana que Panizo alentó la posibilidad que les sonriese la historia»(428).

Manuel Longares muestra la maestría que tiene para parodiar un período tan crucial de la historia reciente de España, como fue el de la Transición y el asentamiento de la democracia, que era cada vez más palpable, utilizando como recurso el relato distendido, en el que se siente como pez en el agua la voz narrativa a la hora de reflejar todo lo que sucede, sobre todo, en torno a los estertores del Caudillo —como así llaman a Franco en la novela, tanto el narrador como los personajes —«¡El corazón del Caudillo —blasonaba Javo Chicheri en la tertulia de Balmoral— Berroqueño de Guisando, soplete de las Españas, timbal, escudo y ventilador... » (pág. 21). El escritor madrileño sabe cómo amoldar a la narración episodios que protagonizan algunos de los personajes que conforman el elenco de la trama, en los que se provocan semejantes vuelcos narrativos en su desarrollo que logran, cuando menos, impresionar al lector en el momento en el que se topa con tales escenas. Pero no se olvide que la Transición fue un período de grandes y graves sobresaltos, por lo que estos no podían faltar en esta historia, en la que los atentados y las muertes repentinas están presentes, y sorprenden a la par que impactan al lector, porque estos episodios están protagonizados por personajes que tienen destacada presencia entre el amplio elenco que desfila por las páginas de esta novela. En este apartado, el autor vuelve a hacer gala de la maestría a la que ya me referí al comienzo de este párrafo, porque ensambla estos episodios que acabo de comentar de tal forma que en ningún momento me di cuenta de que se alternaban con otros en los que no faltan la ironía, el sarcasmo o el humor fino. Ese ensamblaje tiene lugar también en los saltos temporales porque, sin apenas darme cuenta, tan pronto me encontraba en el presente como era sorprendido por una pirueta que daba la voz narrativa con la que me trasladaba años atrás, ya que también relata episodios que nos llevan a la posguerra y sobre todo al tardofranquismo.
                                                                                                                                                                        (San Rafael-Segovia)
En mi modesta opinión, diría que el relato distendido que menciono en el párrafo anterior se aprecia más en la primera parte, Romanticismo, ralentizándose su presencia en la segunda y todavía más en la tercera y última. En mi modesta opinión, entiendo que esa disminución del ritmo distendido refleja el cambio hacia un período en el que se presiente que la democracia se va asentando poco a poco, pese a la inquietud e inseguridad sobre la que se asienta el devenir de los personajes que viven en el privilegiado barrio de Salamanca, quienes temían perder la vida ociosa que llevaban por su condición social. El lector comprueba cómo unos personajes que gozan de una vida acomodada son relevados por otros que tienen una conciencia más clara de lo que está sucediendo en el país, y sienten que ha llegado su oportunidad de mostrarse ante quienes paseaban su pedigrí con altanería.

Manuel Longares construye un universo de personajes acorde con el período que les toca vivir, y que suponen con el transcurrir de los años un gran cambio para el país, y sobre todo para la sociedad. Y digo universo porque junto a los miembros de la familia Arce-Matesanz, hay que añadir un numeroso elenco de personajes secundarios, al estilo de las grandes obras de los escritores clásicos. Pero no se me asuste el lector por esto que acabo de comentar, porque en un principio da la impresión de que se va a formar un lío de padre y muy señor mío con todos ellos, pero están trazados de tal forma que poco a poco se irá quedando con los nombres de los que más presencia o relevancia tienen a lo largo de la novela. Estos personajes son un fiel reflejo de la sociedad de la época, y a los que vamos situando en una ideología u otra tras el fallecimiento del Caudillo. Otro tanto pasa con las diferencias sociales, que están bien definidas en la primera parte de la novela, en la que es más visible la estructura piramidal, pero ya se percibe el cambio que supondría para el país el episodio luctuoso vivido en noviembre de 1975. En este sentido, destacaría el papel que desempeñan las criadas, porque si en la primera generación de esta familia desempeñaban una labor más estricta, el lector percibe cómo va cambiando con el paso de los años esa rigidez servicial que mantenían en tiempos de doña Hortensia. Son un ejemplo de ese cambio que se produce en el servicio de la casa la ciclópea y lugarteniente de doña Hortensia, Domi, Wences o Bea Fernández «Si yo tuviera la figura de la señora, tomaría dulces hasta caerme.» (pág. 249).  son un ejemplo del cambio que se está produciendo en España.  Si algo distingue a los personajes que desfilan por las páginas de Romanticismo es el santoral que utiliza el escritor madrileño para «bautizarlos» porque, como se suele decir en estos casos, vaya cruz que les ha tocado llevar a algunos. A parte del elenco ya los mencioné en el tercer y cuarto párrafo de esta reseña, a otros los conocerá el lector a medida que se desarrolla la trama, si decide afrontar la lectura de esta novela.

Romanticismo es una novela que tiene unos ingredientes muy atractivos, por la que desfilan un elenco de personajes que son fiel reflejo del cambio que se vive en España durante el período que abarca la trama. El estilo narrativo de Manuel Longares es directo, muy cuidado, con el que se amolda a la voz narrativa para que transmita al lector todo lo que sucede en modo parodia, ironía, sarcasmo y humor fino, recurriendo cuando la ocasión es propicia al personaje de Caty Labaig, por aquello de que era periodista y publicaba sus crónicas de sociedad en el diario ABC. Se produce un cambio en el que narrador utiliza un tono más serio sobre todo en las dos últimas partes, si bien no están exentos de escenas en las que se perciben rasgos propios de la primera parte. La lectura es pausada y, pese a que domina la narración frente al diálogo, el ritmo narrativo se mantiene constante, sobre todo influenciado por los recursos que utiliza el autor para que el lector esté pendiente de todo lo que ocurre a lo largo del desarrollo de la trama, pues se encontrará con una sucesión de episodios en los que tienen lugar escenas que atraen su atención. Como ya comenté en el primer párrafo de esta reseña, tengo muy claro que Romanticismo pasa a formar parte de mis libros de cabecera, como catalogo a los que me han hecho pasar unos momentos inolvidables a lo largo de mis años como lector. No dudo en recomendarlo, porque el lector tiene ante si otra perspectiva con la que conocer la reciente historia de España.


Biografía:


Nació en Madrid en 1943. Sus tres primeras novelas: La novela del corsé (1979), Soldaditos de Pavía (1984) y Operación Primavera (1992), pertenecen al ciclo experimental titulado La vida de la letra (Galaxia Gutenberg, 2014). La novela siguiente, No puedo vivir sin ti (1995), sirve de transición al ciclo formado por Romanticismo (2001) y Nuestra epopeya (2006). Sus últimas novelas son Los ingenuos (2013), El oído absoluto (2016) y Sentimentales (2018). Es autor de dos libros de cuentos: Extravíos (1999) y La ciudad sentida (2007) y de uno de relatos, Las cuatro esquinas (2011). Ha traducido el libro de sonetos de J. V. Foix, Sol, i de dol (Solo y dolido, 1993). Premio Nacional de la Crítica por Romanticismo (reeditado por Galaxia Gutenberg en 2019), ha recibido también el Ramón Gómez de la Serna, el NH de relatos, el Francisco Umbral y el premio de los Libreros de Madrid.

Nota: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía del autor, tomados de la web de la editorial. Imagen de la Pastelería Viena Capellanes, tomada de Wikipedia. Imagen del Templete del Parque del Retiro en Madrid, tomada de la web flickr. Fotografía de San Rafael (Segovia), tomada de la web del Diario ABC.