Datos
técnicos:
Título:
Ultreia.
Autor:
Francisco Narla.
Editorial:
Istoría (Grupo Planeta)
1ª
edición: Marzo/2026.
Encuadernación:
Tapa dura con sobrecubierta.
ISBN:
979-13-87714-23-9.
Idioma:
Español.
Nº
páginas: 616.
Sinopsis:
Con la
excusa de construir una nueva catedral, el obispo Diego Gelmírez
ahoga en impuestos a Compostela. Y no sólo financia con ellos las
colosales obras del templo: también mantiene un ejército propio,
engorda sus arcas personales y levanta un palacio tan ostentoso como
insultante.
Los
únicos que pueden enfrentarse al obispo son los poderosos. Nobles,
mercaderes, la reina doña Urraca y su heredero. Pero no lo hacen,
luchan entre sí, rapiñan las migajas. Mientras, a los humildes, al
pueblo, sólo le queda una certeza: el hambre... y la esperanza de
una revuelta.
Ajenos,
los peregrinos llegan a una Compostela desgarrada por la ambición y
amenazada por los fanáticos almorávides, impacientes por cruzar el
Tajo y derribar la cruz.
Y, sin
embargo, el destino de Compostela no lo decidirá la corona o la
mitra. El destino de Compostela está en manos de una ratera y de un
cantero. La hija de un orfebre arruinado por el obispo Gelmírez y un
jorobado roto por la muerte de su propia hija. Ella roba en los
callejones, y vuela por los tejados. Él ahoga sus penas en sidra, y
talla demonios en piedra. Ambos se verán atrapados en una conjura
que los cambiará para siempre, a ellos y a Compostela.
Opinión
Personal:
A la
usanza del peregrino del siglo XII, prepárese el lector para
adentrarse en una ficción histórica inolvidable, que le incita a
interesarse por todo lo que significa este itinerario que tiene como
meta la catedral de Santiago de Compostela, en la que se conservan los restos de Santiago el Mayor, y a la que
se dirigen quienes portan los avíos propios de estos caminantes para
venerar su tumba. Un itinerario que se le presenta en forma de tres
novelas en las que el Camino de Santiago es el gran protagonista.
Tres novelas autoconclusivas que llevan por título expresiones de
ánimo, el saludo tradicional entre los peregrinox de la época: Ultreia,
Susteia y Santiago.
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| (Estatua Gelmírez, arzobispo Santiago de Compostela) |
Ultreia
es la primera que conforma la trilogía. Es la primera de un
ambicioso proyecto que merece la pena disfrutar sin prisas y con
mucho interés. Sin duda alguna, el escritor lucense Francisco Narla
(Friol, Lugo, 1978) ofrece al lector un trabajo literario que está a
la altura de lo que significa este trayecto para la cristiandad. Un
trabajo literario que empieza con mucha fuerza y que es un adelanto
de lo que nos espera en las otras dos que completan la trilogía.
Diría que alto voltaje literario. Francisco Narla plasma con
maestría y rugor documental lo sucedido en aquella época en una trama potente e
inmersiva, porque el narrador omnisciente relata los episodios como si hiciera suyas las vicisitudes que acompañan a los personajes a lo largo de
los capítulos, lo que incide que provoque el efecto de estar
pisando las calles de Compostela por las que transitan los personajes
en una época en la que presiente la tiranía a la que son
sometidos por el arzobispo Gelmírez. Una tiranía que ahoga a la población de tal forma que se presiente que la revuelta está próxima, conscientes de que los acribilla a impuestos para
satisfacer su soberbia y ansia de poder.
A
medida que se suceden los capítulos no tardé en decirme en más de
una ocasión que, en mi opinión, percibía influencia de autores
clásicos en Ultreia,
dado el papel que desempeñan los personajes que representan a los
más desfavorecidos de la sociedad, sobre todo los niños. En este
sentido, diría que Víctor Hugo y Charles Dickens están muy
presentes, al igual que esas cofradías de rateros que forman
parte de la narrativa, caso de Rinconete y Cortadillo, de Miguel de
Cervantes. Y es que la presencia de estos personajes le dan un mayor
realce al enfoque que le confiere el autor a Ultreia,
porque son los más desfavorecidos quienes tienen más que perder en
las cargas fiscales de Gelmírez, y que se puede comprobar en cómo
afecta a las familias de algunos de estos personajes, dada la presión
que ejerce el arzobispo sobre sus progenitores, lo que origina
escenas sobrecogedoras y duras.
Uno de
los grandes atractivos de la novela es el acierto con el que
Francisco Narla recrea la tensión que se palpa en el ambiente, al
igual que la acción y que, juntos indican que el cúmulo de estos
episodios debe confluir en algo muy serio. La voz narrativa muestra
con detalle la preocupación que se cierne sobre los principales
artífices, porque colocan sus piezas en un entramado desde el que
señalar al arzobispo, el gran promotor de la grandeza de Compostela como el
principal responsable del descontento. Un descontento que muestran
quienes soportan a sus espaldas los tributos que se ven obligados a
abonar a las arcas arzobispales. Un descontento que muestran los
miembros del Concejo, los que pertenecen a la Hermandad conformada
por la nobleza gallega, y pendientes del papel que pueda desempeñar
el heredero de la reina doña Urraca I de Castilla, el futuro rey
Alfonso VII. Doña Urraca está acogida en el palacio arzobispal, a
donde ha acudido para mediar en la reconciliación entre el Concejo y
el arzobispo. Ante esta incierta perspectiva, la ciudad es un
verdadero polvorín y en cualquier momento puede estallar la
revuelta, dejando herida de gravedad a Compostela que empieza a
ocupar un lugar señalado en la cristiandad. Y es que, como adelanta
la sinopsis, quienes tienen la fuerza para enfrentarse a Gelmírez no
lo hacen y luchan entre sí para recoger las migajas que suelta el
arzobispo. Sin duda alguna, el entramado que conforman las subtramas
en las que el narrador omnisciente describe lo que sucede en una
situación tan crítica, y ante el papel que desempeñan unos y
otros, deriva en una potente ficción que no da lugar a tregua.
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| (Catedral románica de Santiago de Compostela) |
El
realismo que incluso deriva en situaciones crudas y duras, ayuda a
que el lector sienta que el viaje literario imaginario que realiza a
la Compostela del siglo XII, tenga una imagen muy nítida de la
Ciudad del Apóstol, e incluso sienta que pisa sus calles y plazas. Y
es que la ciudad cobra mucha vida porque la voz narrativa la muestra
desde diversas perspectivas, porque la joven ratera, huérfana y descarada Ilduara anda cual
funambulista por andamios y tejados, a treinta varas del suelo, en donde tienen lugar escenas en
las que, a parte de dejarnos con el corazón en un puño, algunas de
ellas son trascendentales, sobre todo a medida que se acerca el
desenlace. Merece la pena echarle un vistazo al plano que figura en
las guardas de esta novela, aunque en mi caso no fue necesario,
porque es una ciudad a la que me siento muy unida. Es un disfrute
leer las descripciones que el narrador omnisciente ofrece sobre los
avances de la construcción de la catedral, al igual que las
referencias a la antigua basílica y los episodios que tienen lugar
en el majestuoso palacio arzobispal, sede de la residencia de
Gelmírez. Estoy seguro que a la mayoría de los lectores le
resultarán muy conocidas las aledañas calles a la catedral, como la
Rúa do Franco, la Rúa del Villar, la Rúa Nova, el Preguntoiro o
la archiconocida Plaza de Platerías. El autor ubica algunas escenas
en templos también muy conocidos como San Martín Pinario o el
monasterio benedictino de San Payo de Antealtares, ubicado frente a
la Puerta Santa y que forma parte del cierre de la Plaza de la
Quintana. Otro tanto sucede con las míticas Torres del Oeste, y en
el muy modesto villorrio cercano a Santiago, Milladoiro.
De
nuevo me encuentro ante una ficción con personajes inolvidables, que
conforman un elenco en el que interrelacionan con naturalidad
ficticios con históricos. Sin duda alguna, el autor realizó grandes
malabares para que la ciudad y su catedral no ensombreciera el papel
que desempeña el inolvidable elenco que transita por
sus calles y plazas. Es un gran acierto de Francisco Narla el haber
elegido a quienes forman parte de los más desfavorecidos de la
ciudad, porque son los más perjudicados ante las medidas fiscales
que adopta el prelado, ya que no les queda otra que buscarse la vida
como rateros para poder llevarse algo al estómago. Sin pretenderlo,
son una parte esencial de la chispa que enciende la revuelta con la
que pretenden terminar con la tiranía de Gelmírez. Con el paso de los capítulos, se fragua una relación casi
paterno-filial entre los ya citados en esta reseña, Ilduara y Triboulet, que ahoga sus penas en el tugurio del
apodado el Rano. A
ellos se les une la hechicera Elo, con quienes conforma un peculiar
triángulo, en el que las emociones y los sentimientos están muy
presentes. Sin duda alguna, ofrecen una gran lección de vida porque
su condición les impulsa a mantener una relación en la que
apoyarse. Ilduara tiene a su cargo el cuidado de su lisiado hermano Quirce,
con quien se le acumulan las preocupaciones, sobre todo ante
determinadas escenas que éste protagoniza en el último tramo.
Zacarías es un ratero que lidera una cofradía de maleantes que
malviven como buenamente pueden. Todos ellos se cruzan con un enemigo
común, el vikingo Harald, escolta personal del arzobispo, cuya
gigantesca presencia siembra el terror entre los compostelanos allá
donde se presenta, conscientes de que no trae nada bueno. Sin duda
alguna, los personajes ficticios conforman un gran equilibrio con los
reales, relacionados de tal forma que, dado el papel que desempeñan
algunos de estos últimos, me sentí obligado a buscar en Google y
comprobar si, realmente, eran reales, caso del constructor naval
Ougerio, o el monje Aymeric, por el papel que desempeña en el
arzobispado, al igual que el papel que desempeña Sancho, el hijo
bastardo del conde de Traba.
Ultreia
es una novela que se lee con fruición, en la que disfruté con
interés y sin perder detalle de todo lo que sucede a lo largo de los
capítulos titulados en los que se estructura, y conformados por
subcapítulos que le confieren dinamismo. Un dinamismo que ayuda a
seguir el desarrollo de lo que sucede en los diferentes escenarios.
En la voz narrativa omnisciente se percibe el estilo propio del
autor, caracterizado por su elegancia y en la que utiliza recursos
literarios varios, aderezados con unas descripciones que muestran
verdaderos óleos en los que la Naturaleza cobra mucho protagonismo
-muy propio de su narrativa-, con el carácter simbólico que tiene
la presencia de la fauna y flora, dadas las características
particulares de algunos animales y plantas que se perciben, y a la
que sabe sacarle un gran partido, porque nos ayuda a contemplar con
mayor interés escenas que viven los personajes en determinadas
situaciones, y que en ocasiones ayuda a que la crudeza y las escenas sobrecogedoras cobren un mayor
realismo. Un realismo que se percibe también en los diálogos,
porque tanto Triboulet como Aymeric -sobre todo el primero- utilizan
el francés en sus diálogos, si bien incluyen traducción ajustada a
su conocimiento del castellano, en especial en el cantero. Los
diálogos se adaptan a la condición social de los personajes,
circunstancia que ayuda a identificarlos y está muy en consonancia
con el estamento social al que pertenecen. En este sentido, me llamó
mucho la atención la inclusión de fragmentos bíblicos que emplea
el vikingo Harald en sus diálogos con Gerlmírez, o si éste le pide
recordar alguno de ellos que se adapta a la circunstancia que viven.
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| (Monasterio de San Martín Pinario, Santiago de C) |
Para
mí, Ultreia
es un novelón. Es la primera de las tres que Francisco Narla dedica
al Camino de Santiago. El narrador omnisciente relata en tercera
persona todo lo que sucede en Compostela una vez que el pueblo está
cada vez más convencido de que hay que terminar con la tiranía del
arzobispo Gelmírez, que los abrasa a impuestos. Gelmírez
muestra su poder y no duda en ejercer fuerza ante quienes no cumplen
con los tributos impuestos por el arzobispo, y expone en la picota a
quienes quieren derrocarlo. Es una novela que se
lee con fruición, aunque sin prisas. Está escrita con un estilo
elegante y un ritmo más bien pausado, diría que muy propio del
autor. Un escritor que describe con elegancia los
capítulos en los que se estructura esta ficción histórica,
relatados con un gran realismo en el que están muy presentes, cuando
las circunstancias son propicias, escenas crudas y sobrecogedoras,
aunque sin ser tremendistas, ni recrearse en el daño que recibe el
personaje de turno. La joven ratera, huérfana y desvergonzada Ilduara, junto con el
contrahecho y atormentado cantero Triboulet son dos protagonistas
inolvidables, que no tardan en ganarse la empatía del lector, muy
atentos a las vicisitudes que les acompañan, y que no son pocas. Ultreia es una novela en la que las intrigas, el afán de supervivencia, intrigas palaciegas, codicia, amistad y culpa están muy presentes.
Biografía:
Francisco
Narla, nacido en Lugo en 1978 y afincado en un pequeño pueblo en el
corazón de Galicia, Friol, es aviador y escritor, pero son sus
aficiones las que lo definen: tiro con arco, pesca con mosca,
gastronomía, apicultura y casi cualquier cosa sobre la que pueda
leer en un libro. Es conferenciante habitual en foros universitarios
y colaborador en televisión, radio y pódcast (Cuarto Milenio, La
escóbula de la brújula, Milenio, Objetivo: La Luna). Ha publicado
poesía, relatos, ensayos técnicos y novelas. Como novelista, ha
sido traducido a varios idiomas y ha copado los primeros puestos de
las listas de ventas con títulos como Assur, Ronin, Donde aúllan
las colinas, El buen vasallo o la ganadora del I Premio Edhasa de
Narrativas Históricas, Laín. El bastardo.
Ultreia
es su trabajo más comprometido. Su trabajo más esperado.
Notas: Datos técnicos, sinopsis y biografía del autor tomadas de la web de Planetadelibros. Fotografía del autor tomada de la web de Zenda. Imagen de la estatua del arzobispo Gelmírez tomada de la web Mar de Santiago. Imagen de la catedral de Santiago en el siglo XII tomada de la web CiaGalicia.com. Imagen del Monasterio de San Martín Pinario tomada de Wikipedia.