jueves, 3 de abril de 2025

Libros leídos y reseñados en marzo/2025.

 







Este pasado mes de marzo han sido 4 los libros leídos y 5 los reseñados.



Los leídos: 



                                                   
             





                          




Los reseñados: 



-Tú no sabes quién soy yo, de Cristina Grela. 


-El valle del hierro, de Ane Odriozola


-Gala de Hispania, de Roberto Corral


-La niña del sombrero azul, de Ana Lena Rivera


-Tormento, de Benito Pérez Galdós



Retos literarios en los que participo: 



-IX Edición Reto Nos gustan los clásicos:  (2/8) (25%) (+1).


-Reto 25 españoles:  (10/25) (44%) (+4).





lunes, 31 de marzo de 2025

Reseña Tormento, de Benito Pérez Galdós.

 




                             

                       






Datos técnicos:





Título: Tormento.

Autor: Benito Pérez Galdós.

Editorial: Alianza.

1ª edición: 1975.

Año de publicación inicial: 1884.

Encuadernación: Tapa blanda.

ISBN: 84-206-1113-1.

Idioma: Español.

Nº páginas: 254.





Sinopsis:




Tormento gira en torno a la figura de Amparo Sánchez Emperador, joven huérfana apocada e irresoluta en quien confluyen los sentimientos y deseos de Agustín Caballero -indiano riquísimo, hecho en la vida dura y agreste del nuevo mundo y deseoso de integrarse en la sociedad a la que ha regresado- y de Pedro Polo, sacerdote arrebatado y de áspero carácter a quien asfixia su falta de vocación. Con la hermosa Amparo como piedra de toque, tanto Polo como Caballero encarnan la eterna pugna galdosiana entre Naturaleza y sociedad, rodeados de una magnífica galería de personajes secundarios, como Felipe Centeno, José Ido del Sagrario, el padre Nones y, sobre todo, Rosalía y Francisco Bringas, que dan vivacidad extraordinaria al relato.




Opinión Personal:




De nuevo retomo la narrativa de Benito Pérez Galdós (1834-1920), el mayor representante del realismo español del siglo XIX, junto con Clarín y Emilia Pardo Bazán. Fue un prolífico escritor, candidato a Premio Nobel de Literatura en 1912, y miembro de la Real Academia Española, pese a la oposición de algunos detractores. En 2021 leí y reseñé en este blog Tristana (reseña), obra que forma parte del ciclo de novelas contemporáneas espiritualistas. En esta ocasión le toca el turno a Tormento, que forma parte de este grupo, pero encuadrada en las llamadas materialistas, en las que los personajes son más complejos y profundos, más humanizados, y que evolucionan siguiendo los dictados de sus sentimientos frente a los convencionalismos sociales. Lo que acabo de comentar repercute en el desenlace, porque a lo largo del desarrollo de la trama se producen algunos giros que lo vuelven incierto.

(Costanilla de los Ángeles-Madrid)
En base a lo que acabo de comentar en el párrafo anterior, los 41 capítulos en los que se estructura Tormento me mantuvieron muy en vilo. A Madrid regresa Agustín Caballero, un indiano riquísimo hecho en la vida dura y agreste del nuevo mundo y deseoso de integrarse en la sociedad madrileña, como adelanta la sinopsis. Tras pasar unos meses en Burdeos, en donde tiene negocios, decide volver, porque les anuncia a sus primos, Francisco Bringas y su esposa Rosalía Pipaón, que tiene pensado hacer realidad un proyecto que lleva planificando hace un tiempo. El matrimonio se sorprende con la petición de mano que este opulento solterón le hace a Amparo, que trabaja como sirvienta para esta familia. Entiende que, pese al bajo nivel social que tiene, reúne las cualidades para que sea la cónyuge que necesita.

Llama la atención el título de la novela, Tormento. Un título que se deduce con el paso de los capítulos, por la serie de reflexiones que medita la protagonista sobre un oscuro hecho del pasado que la perturba, sobre todo desde que entra en escena, y como una aparición de esa época, el sacerdote Pedro Polo. Este reencuentro origina una subtrama en la que me pregunté cómo se resuelve una relación que tanto inquieta a la Emperadora -como la llama la voz narrativa en varias ocasiones-, sobre todo por el carácter fuerte y violento que tiene este hombre de Dios, que ingresó en el seminario sin convicción alguna. Esta subtrama es muy atractiva, por todo el conflicto que encierra, en el que el sacerdote Nones le reprende y le impone una penitencia para solucionar semejante escándalo, y no ofender los cánones marcados por la sociedad de la época.

Galdós es un cronista de la España del siglo XIX, tanto a través de los viajes que realiza, de los que deja constancia en sus ensayos, como a través de sus novelas, en las que confiere especial trascendencia a las costumbres de la época. En esta ocasión, quizá el trasfondo histórico está un tanto más desdibujado, si bien la trama la sitúa entre 1967 y 1968, y en ella se hace referencia en una determinada escena a la caída de la reina Isabel II, al igual que se da por hecho la llegada de la revolución. Es una sociedad retratada con realismo, en la que incide en la decadencia de la burguesía, pero también trascienden las clases sociales más bajas o desfavorecidas. Sin duda alguna, es un gran aliciente que me empujó en todo momento a estar muy pendiente de las escenas que protagonizan los personajes de cada capítulo, porque las detalladas descripciones de la voz narrativa consiguen que imaginemos realizar un viaje literario imaginario a aquel entonces. Incide en el día a día de los personajes, porque es un fiel retrato de las diferencias sociales de la época. Un fiel retrato que se refleja, sobre todo, en los detalles que se describen en el recargado mobiliario del que presumen los Bringas, a la miseria en las que se desenvuelve la protagonista y el sacerdote Pedro Polo.

La trama atrae desde las primeras páginas, sobre todo porque Galdós empieza el texto utilizando la técnica del diálogo teatral en el capítulo inicial, en el que se encuentran -o más bien tropiezan-, ya por la noche, en la esquina de las Descalzas, dos personajes embozados. Tropiezo que origina un diálogo tenso, pero que se torna natural cuando reconocen la cara del contrario. Son dos personajes recurrentes en algunas obras más del autor de los Episodios Nacionales, Ido del Sagrario y Felipe Centeno. Ido es un escritor que tiene éxito con sus obras folletinescas -en el que se desdobla el autor- y Felipe trabaja al servicio del indiano ya mencionado en el segundo párrafo de esta reseña. Acto seguido el narrador presenta con cercanía a los personajes que conforman el elenco, para derivar, sin darnos cuenta, en un narrador omnisciente, en el que relata los episodios que guardan relación con el pasado que perturba a Amparo. Diálogo teatral que forma de un tramo del desenlace, con el que se le confiere intimidad a la conversación que mantienen los dos personajes que cité al principio de este párrafo

(Iglesia de la Buena Dicha-Madrid)
Me encontré con una riqueza de recursos literarios, al igual que de vocabulario. A lo que comento en el párrafo anterior, resalto que en algunas fases el autor emplea la sucesión de episodios, en vez de utilizar el dinamismo en cada capítulo, para estar muy pendiente de las situaciones que viven tanto Amparo como Agustín Caballero una vez que el indiano tiene constancia de el oscuro pasado que le oculta la que se va a desposar con él. En determinados momentos del relato el autor se dirige al lector para hacerle cómplice de lo que sucede. Las reflexiones están también muy presentes, sobre todo en el personaje de Amparo. Utiliza el recurso de la filípica en la que el padre Nones recrimina a Pedro Polo su actitud impropia de quien dice ser siervo de Dios. Una filípica en la que utiliza la técnica teatral de las acotaciones, con las que indica el tono con el que se dirige a su interlocutor, lo que me llevó a estar muy pendiente de la reacción de este personaje. Ante la situación que agobia a Amparo, las reflexiones suponen para ella una forma de escape, porque la animan a decidirse a confesar esa falta que tanto la atormenta. Reflexiones en las que el autor utiliza un estilo más bien indirecto, dada la extensión de algunas. Los diálogos son muy atractivos y naturales, confieren dinamismo a las conversaciones de los personajes, aunque en algunas ocasiones se extienden en sus disertaciones. Unos diálogos en los que el autor refleja la condición social de cada personaje. Recursos entre los que también está la ironía y el humor, que utiliza para la crítica social, sobre todo si son personajes que se encuadran entre la burguesía, como se podrá comprobar en varias fases de la novela. Crítica social de la que tampoco se libra la Iglesia

El autor de los Episodios Nacionales perfila un elenco conformado por pocos personajes, pero muy atractivos, por el papel que desempeña cada uno en el desarrollo de la trama, de los que son cuatro los que más peso tienen. Amparo, la protagonista, es una joven pusilánime, de débil carácter y hermosa, pariente lejana de los Bringas, que la acogen como sirvienta, a la que exprime con mucho trabajo pero con escaso o nulo sueldo. Rosalía Pipaón es la esposa de Francisco Bringas. Se acaban de mudar de vivienda por necesidades familiares. Tiene muchos aires de grandeza, aunque llevan una vida social a costa de quienes pueden aprovecharse, incluida la reina Isabel. En el mismo plano están el indiano Agustín Caballero y el sacerdote Pedro Polo, a los que ya me referí en el segundo y tercer párrafo de esta reseña. Los personajes secundarios están también bien perfilados. Desempeñan un papel complementario a los anteriores, por lo que entiendo que a lo largo de los capítulos se produce el llamado efecto dominó. A los ya mencionados Ido del Sagrario y Felipe Centeno, hay que añadir a Francisco Bringas, el cónyuge de Rosalía Pipaón, es oficial segundo de la Comisaría de los Santos Lugares (cap. II), el manitas de la casa y vale tanto para un roto como para un descosido, al igual que lleva la maltrecha economía doméstica. Refugio es la díscola hermana de Amparo, que sirve como modelo a pintores, y a la que esta no puede atar en corto; el padre Nones, ya citado en el cuarto párrafo de esta reseña; Marcelina es la hermana soltera de Pedro Polo, y que se dedica a criticar, por lo que tiene su momento de protagonismo en este entramado.

(Calle Marqués de la Toca o Esperancilla, Madrid)
Disfruté mucho con la lectura de Tormento, novela que forma parte de las que Benito Pérez Galdós catalogó como españolas contemporáneas, en este caso de las que llevan el apellido de materialistas. El lector se encontrará con una trama que engancha de principio a fin, en la que está presente la dualidad galdosiana: aceptar los dictados de la naturaleza o someterse a las convicciones sociales. Es de resaltar no sólo la riqueza narrativa de la trama, sino también por la crítica social que hace sobre la sociedad madrileña de la segunda mitad del siglo XIX. Una crítica en la que se sirve el humor y la ironía, cuando los episodios se prestan a ello, para censurar a la sociedad madrileña de la época. Es muy atractivo el trío que conforman el indiano Agustín Caballero, la joven huérfana Amparo -la protagonista-, criada del matrimonio Bringas, y el sacerdote Pedro Polo, que reaparece en la vida de la protagonista, como resurgiendo del pasado. 






Biografía:




Novelista, dramaturgo, cronista y político español, Benito Pérez Galdós (1843-1920) es considerado uno de los mayores representantes de la novela realista española. Fue miembro de la Real Academia Española desde 1889 —aunque no tomó posesión de la plaza hasta 1897— y le nominaron al Premio Nobel de Literatura en 1912.

Tras formarse en su ciudad y también en Tenerife, se trasladó con diecinueve años a Madrid para estudiar Derecho en la Universidad Central. En la capital comenzó a frecuentar los ámbitos literarios y políticos, acudiendo a las tertulias del Ateneo y de los cafés Fornos y Suizo.

Pérez Galdós comenzó a escribir artículos en La Nación y El Debate y viajó por Europa como corresponsal de prensa. En su periplo entró en contacto con las corrientes literarias del momento: el realismo y el naturalismo. Su obra posterior bebería de la influencia de autores como Honoré de Balzac, Émile Zola, Gustave Flaubert y Charles Dickens.

En 1870 vio la luz su primera novela, La fontana de oro, y tres años después publicó Trafalgar, la entrega que inicia la primera serie de los Episodios Nacionales. De este modo dio comienzo su larga y prolífica carrera literaria, compuesta por títulos reseñables como Doña Perfecta (1876), Marianela (1878) y Fortunata y Jacinta (1887).

A lo largo de su trayectoria escribió crónicas, obras de teatro y novelas, entre las que destacan las cuarenta y seis novelas que conforman los Episodios Nacionales. Su producción literaria es uno de los máximos exponentes de la corriente realista en España. Además, su influencia fue vital para varias generaciones posteriores de autores.


Notas: Datos técnicos y sinopsis tomados de la web de Alianza Editorial. Biografía de Galdós tomada de Lectcuralia. Imagen de la Calle Costanilla de los Ángeles tomada de Wikidata. Imagen de la iglesia de la Buena Dicha, al igual que de la calle del Marqués de la Toca -antigua Esperancilla- tomadas de Wikipedia. Fotografía de Galdós tomada de la web del Instituto Cervantes.  

















jueves, 27 de marzo de 2025

Reseña La niña del sombrero azul, de Ana Lena Rivera.

 










Datos técnicos:





Título: La niña del sombrero azul.

Autora: Ana Lena Rivera.

Editorial: Grijalbo.

1ª edición: Febrero/2024.

ASIN: B0CQRF2M67.

Formato: Libro digital.

Idioma: Español.

Nº páginas: 710.





Sinopsis:





Gijón, verano de 1929. Con apenas diecisiete años, Manuela entra a trabajar como criada en la mansión de los marqueses de Armayor. Rodeada de un lujo que contrasta con la pobreza de su aldea natal, la joven conocerá la arrogancia y el desamor, pero también el arte de la costura, al tiempo que entablará una amistad inquebrantable con la única heredera de la familia, Alexandra.

Años después, y pese a pertenecer a mundos muy distintos, su amiga será su mayor apoyo cuando la Guerra Civil obligue a Manuela a separarse de su hija Telva, enviada a Rusia junto con otros niños de la zona republicana, y también cuando intente recuperarla décadas más tarde, aunque para ello deba arriesgarlo todo.

La añoranza de Telva, un destino en ocasiones desalmado y una gran historia de amor marcarán la vida de Manuela. Una vida que se extenderá a lo largo de un siglo convulso y lleno de contrastes, magistralmente reflejado por Ana Lena Rivera en las páginas de esta novela que se lee con la emoción a flor de piel.




Opinión Personal:





Me gustó mucho Las herederas de la Singer (reseña), novela con la que la escritora asturiana afincada en Madrid, Ana Lena Rivera, sorprendió con un cambio de registro, porque es su primera incursión en la ficción histórica. Tras ver entre las novedades literarias que de nuevo repetía en este género literario, con La niña del sombrero rojo, no me lo pensé dos veces y me dije que tenía que leerlo si o si: el resultado fue igual de satisfactorio.

(Fábrica La Sombrerera-Gijón-Asturias)
Si en Las herederas de la Singer la trama se desarrolla con la técnica de saltos temporales, La niña del sombrero rojo tiene una trama lineal que recorre casi todo el convulso siglo XX. El narrador omnisciente relata a lo largo de 32 capítulos, estructurados en siete partes tituladas y bien diferenciadas, el ciclo vital de la protagonista, Manuela Baizán. Una trama lineal que de nuevo la autora reparte entre Asturias y Madrid, y en la que vuelve a estar presente la máquina de coser Singer. Sin embargo, en esta ocasión  acompaña a la protagonista el dolor de verse separada de su hija Telva, al tener que enviarla a Rusia junto con otros niños de la zona republicana, como adelanta la sinopsis, ante el avance de las tropas sublevadas contra la República, y que en 1937 tomó Asturias, el último reducto en la costa cantábrica del gobierno legalmente establecido.

De nuevo vuelven a ser las mujeres quienes desempeñan un papel dominante a lo largo de los capítulos. Mujeres anónimas que lucharon contra viento y marea para seguir adelante en una centuria dominada por los conflictos bélicos tanto a escala nacional como internacional. Como aclara la Nota de la autora que antecede al cuerpo de la novela: «En aquel entonces, las mujeres aseguraban la supervivencia de los suyos, atendían a los niños, a los enfermos y a los ancianos, cocinaban, cosían, planchaban o trabajaban en las fábricas, pero no se escuchaba su voz y quizá, por eso, la Historia, la de con mayúscula, se olvidó de ellas; sin embargo, de su mano hemos llegado hasta aquí, hasta el siglo XXI»

Pese a que son poco más de 700 páginas las que conforman esta novela, nunca tuve la sensación de enfrentarme a una trama de considerable extensión, porque el estilo narrativo cálido, cautivador y evocador, y al que hay que unir el ritmo de lectura fluido, provoca que esté muy pendiente de todo lo que sucede a lo largo de los capítulos. Unos capítulos en los que de nuevo sentí que es una voz en off quien me relata todo lo que sucede en torno a un personaje inolvidable, la ya citada Manuela Baizán, por todas las vicisitudes que le acompañaron durante su larga e intensa vida. Una larga e intensa vida en la que los episodios históricos y costumbristas conforman un entramado magnífico, porque Ana Lena Rivera utiliza la técnica de asociar de una forma u otra los hechos históricos más destacados del siglo XX con los que marcan el devenir de este personaje, desde que viene al mundo en 1912 en una aldea próxima a Pola de Lena, en el seno de una familia en la que el padre ansía tener un hijo varón que lo ayude en las labores del campo, porque su esposa solo le trae al mundo hijas.

La niña del sombrero rojo es una novela histórica con marcados rasgos costumbristas y tan real como la vida misma, porque los episodios de ficción que relata el narrador omnisciente bien pudieron haber sucedido en la vida real. Sin duda alguna, la autora realizó una exhaustiva labor de documentación para provocar en el lector el efecto que acabo de comentar. Se encontrará con una trama muy atractiva y dinámica, porque la vida de la protagonista cambia desde el momento en el pasa a formar parte del servicio de la familia aristócrata de los Solís de Armayor, en Gijón. Una familia para la que trabaja Claudina, hija de una vecina de la misma aldea que Manuela. Una familia en la que pasa a ser doncella personal de Alexandra, la hija de estos marqueses, que mantiene una estrecha amistad con otros tres estudiantes de Derecho en la Universidad de Oviedo, Amelia, Alonso y Juan Gregorio. En mi opinión, es un gran aliciente la sucesión de vaivenes que tienen lugar entre los miembros de este grupo, junto con la presencia en la vida de Manuelade Elías Fernández. Sucesión de vaivenes que originan una serie de subtramas muy atractivas, que complementan de una forma muy enriquecedora a la principal, lo que también ayuda a disfrutar de una lectura muy entretenida.

(Catedral de Oviedo-Asturias-destr. GCE)
Pero junto con lo que sucede en España durante este siglo, la voz narrativa no olvida el éxodo de los llamados niños de Rusia, y cómo influyen en el devenir de sus vidas la situación que les toca vivir en un país extraño para ellos. Un país que los acoge como héroes en las Casas de Niños españoles repartidos por la Unión Soviética; en este caso, los dos niños que forman parte del elenco de esta novela, Telva -la hija de Manuela- y Manolo, fueron acogidos en Jersón, en Ucrania. Niños que tienen un futuro incierto, porque sueñan con la esperanza de regresar a España lo más pronto posible, sobre todo si el ejército republicano gana la guerra civil. Pero otro conflicto les espera en el camino, esta vez a escala mundial: la que en Rusia se conoce como la Guerra Patria. Junto con el cambio de líderes en el país y la tensa relación con la dictadura franquista, ambos ven cada vez más lejana la posibilidad de retornar a España. En este sentido, la voz narrativa no los olvida y relata su andadura al otro lado del Telón de Acero. Una andadura que me lleva a mostrar mucho interés por los derroteros que les espera, que no dejan indiferentes por el estado emocional en el que viven, al igual que la vida que les marca un país que les abrió sus brazos con alegría, pero a cambio les exige entregarse a él mediante el trabajo que realizan.

Ana Lena Rivera ofrece todo lo que sucede a lo largo de los apítulos desde la perspectiva femenina. Una perspectiva que no varía mucho, ya sea durante el reinado de Alfonso XIII, en la Segunda República, durante la dictadura franquista o tras la restauración democrática. Una perspectiva que incita a estar muy pendiente por cómo se desenvuelven los durante esta centuria, pero sobre todo por las fuerzas de flaqueza que sacan para conseguir los objetivos que se proponen, pese a que tengan en contra la autorización del padre, el hermano mayor o del marido, que son quienes tienen la potestad sobre ellas. La autora refleja la labor que se ven obligadas a desempeñar para aportar recursos a las necesidades económicas de los hogares con escasos ingresos, la mayoría en las fábricas de las zonas industriales, como personal de servicio en las familias acomodadas o en las mansiones de la aristocracia, o bien realizando labores en el domicilio que les aporten ingresos económicos, caso de la protagonista, que se dedica a la costura; madres de familias acomodadas que se sienten exigidas a alumbrar un varón que herede la fortuna o el tejido empresarial familiar o, de no ser posible, decantarse por la adopción desde que esta posibilidad empieza a ser una realidad en nuestro país; muchachas que consiguen cursar estudios universitarios pese a la oposición paterna... Pero tampoco se olvida de la violencia de género, ni de actividades sindicalistas clandestinas, para las que aprovechan las costumbres en las que se reúnen en tertulias en las que mantienen conversaciones banales mientras realizan las labores que se traen entre manos.

Por las páginas de La niña del sombrero rojo transita un elenco de personajes que son fiel reflejo de la sociedad del siglo XX y las relaciones que se establecen entre los diferentes estamentos sociales. Personajes de carne y hueso, que decimos en estos casos, porque están perfilados de tal forma que parecen cobrar vida propia, con el aliciente de que son muy cercanos, por lo que hacemos propias sus preocupaciones, ya que muchas de ellas nos recuerdan a situaciones similares que se vivieron en nuestro entorno. La protagonista, Manuela Baizán, es de las que no dejan indiferente, a la par que resulta inolvidable, porque no perdemos detalle de todo lo que dice y hace: no tuvo una vida fácil al enfrentarse a una serie de situaciones a las que supo sobreponerse. Le acompaña un elenco que invita a estar muy pendiente de las subtramas que protagonizan, sobre todo el grupo del que forma parte este personaje, Amelia, Alonso y Juan Gregorio. Un personaje al que le cambia la vida desde que empieza a ser como una marioneta en manos de la hija única de los marqueses de Armayor, Alexandra, hasta convertirse en una verdadera amiga de esta joven, que es casi de su misma edad. Con el paso de los capítulos, y sin apenas darse cuenta, pasa a formar parte del grupo de amigos que acabo de citar. De este grupo estuve muy pendiente a lo largo de los capítulos por los episodios que marcan sus vidas, sobre todo tras la proclamación de la Segunda República y la dictadura franquista. Pero cona llegada de la democracia viene también el regreso de muchos españoles que se habían exiliado tras la victoria del ejército sublevado en la Guerra Civil Española, y que también afecta a miembros de este grupo. Junto a los peresonajes antes mencionados hay otros que atrajeron mi atención, caso de Octavia, la niña de origen cubano adoptada por Alexandra; Valentina Cifuentes, esposa de Juan Gregorio, en cuyo servicio doméstico también trabajó Manuela; Casimira y Eufemia, por la relación que mantienen con la protagonista y el papel trascendental que desempeña la segunda, en una subtrama que tiene ingredientes propios de novela policíaca; Telva, la hija de Manuela, o Águeda y el lazo que la une con ésta, sobre todo en los últimos años de su vida.

(Calle Serrano-Madrid)
Me gustó mucho La niña del sombrero azul, segunda novela de ficción histórica con la que Ana Lena Rivera se afianza en este género literario. Sin duda alguna, La niña del sombrero azul es una novela muy entretenida, con un claro trasfondo histórico acompañado por marcados ingredientes costumbristas. Una novela tan real como la vida misma, porque toda la ficción que relata el narrador omnisciente bien pudo haber sucedido en la realidad. Destaco la importancia que cobran los diálogos que mantienen los personajes, no sólo por la información que aportan sobre los temas que tratan en sus conversaciones, sino porque también se muestran los diferentes estados de ánimo que atraviesan, en los que las emociones y los sentimientos están muy presentes, aunque tampoco faltan discusiones en las que saltan chispas. El amor, las segundas oportunidades y el afán de supervivencia comparten página con algunos episodios en los que el humor está muy presente, e incluso levanta alguna sonrisa; en este sentido, no tiene desperdicio el viaje a París que deciden regalarse  Manuela y Alexandra, ya mayores.






Biografía:





Ana Lena Rivera nació en Oviedo en 1972, aunque desde hace años vive en Madrid. Licenciada en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, desarrolló su carrera profesional en el mundo de los negocios hasta que finalmente decidió dar alas a su gran pasión: la escritura.

Inició su trayectoria literaria con una trilogía noir protagonizada por la investigadora Gracia San Sebastián y compuesta por Lo que callan los muertos (2019), que mereció el Premio Torrente Ballester, Un asesino en tu sombra (2020) y Los muertos no saben nadar (2021). Con Las herederas de la Singer (Grijalbo, 2022), la autora inauguró una nueva etapa en su andadura editorial, que se afianza ahora con La niña del sombrero azul.


Nota: Datos técnicos, sinopsis, biografía y fotografía de la autora tomada de la web de Penguin Libros. Imagen de la Fábrica La Sombrerera en Gijón, tomada de la web Drupal.gijón.es. Imagen de la catedral de Oviedo tomada de la web Dialnet. Imagen de la calle Serrano en Madrid tomada de la web de Pinterest. 







jueves, 20 de marzo de 2025

Reseña Gala de Hispania, de Roberto Corral.


 








Datos técnicos:






Título: Gala de Hispania.

Autor: Roberto Corral.

Editorial: Edhasa.

1ª edición: Marzo/2024.

Encuadernación: Rústica con sobrecubierta.

ISBN: 978-840-350-6456-9

Idioma: Español.

Nº páginas: 432.






Sinopsis:






En el siglo V, el antaño todopoderoso Imperio romano se ha escindido en dos, y una Roma decadente paga con oro su mera supervivencia. También la Iglesia parece a punto de resquebrajarse en mil pedazos, y, entretanto, las más diversas y violentas tribus bárbaras se adentran en cada ciudad, cada territorio, reclamando tierras y sustento. Pero ésta es la historia de Elia Gala Placidia. Reina de los godos y emperatriz de Roma, nobilissima del Imperio, hija, esposa, hermana y madre de emperadores, fue también rehén y esclava. Tan aplaudida en unos tiempos como vejada en otros, como mujer jamás perdió su dignitas romana. Y es que ya sea por el designio de los hombres o el suyo propio, por la diosa Fortuna o la indomable Marãt, su destino estaba escrito con negra tinta en el pergamino de los tiempos. «Piensan los hombres que son dueños de sus vidas… ¡Qué necios resultan!, pues desconocen que todo lo que alcanza la vista está en manos del destino». Con una prosa delicada y sentida, Roberto Corral nos adentra, a través de la narración de dos esclavas, Helpidia y Maia, en la vida de Gala Placidia y en unos tiempos que cambiaron el mundo por entonces conocido. Con pasión, y también con cultura, perfectamente contenida en la ficción, nos muestra así un momento histórico y unos personajes que, sin duda, a partir de ahora serán inolvidables.





Opinión personal:






Hay novelas que se leen con fruición, porque el autor de turno nos ofrece un exquisito trabajo literario, del que nos apena despedir cuando cerramos el libro tras finalizar su lectura. Esta sensación es la que me provocó Gala de Hispania, novela con la que el escritor madrileño Roberto Corral ganó el premio literario Edhasa Narrativas Históricas 2024. Es la primera incursión del autor en este género literario, aunque no lo parezca.e Supongo que quienes la leyeron les pasaría lo que a mi, porque me quedé muy sorprendido por la gran calidad que atesora esta obra en la que da a conocer, y diría que reivindica, la figura de Elia Gala Placidia, reina y esclava, que supongo será un personaje histórico desconocido por la mayoría de los lectores.

(Palacio Imperial Constantinopla)
Roberto Corral planifica y desarrolla una magistral lección de historia en la que diserta, a través de las voces narrativas de dos personajes femeninos, sobre las vicisitudes de quien fue hija del emperador nacido en Itálica (Hispania) Teodosio I el Grande. Esta técnica narrativa es un gran acierto, porque el autor reparte el relato entre ambas mujeres, «Alguien habrá de escribir por mí, pues mis ojos ya no son lo que fueron y mis temblorosos dedos no me permiten fijar en el pergamino ni palabras ni pensamientos» (pág. 13). Dos personajes femeninos que son un verdadero imán, porque no perdí detalle de todo lo que sucede entre esas cuatro paredes, aisladas ambas del bullicio de palacio imperial, acompañadas de la protagonista, postrada en una cama esperando expulsar el último aliento que le permita reunirse con su amado esposo y el hijo del que no pudo disfrutar.

Gala de Hispania es una novela de ficción histórica que catalogo como novelón. Ya desde mi época de estudiante me gustaba mucho la historia, pero ojalá me la hubieran contado como lo hace este paedagogus, porque por boca de la anciana liberta Helpidia relata la historia de Elia Gala Placidia a Maia, la joven esclava que elige para tomar notas en las tablillas y luego pasarlas con el cálamo a los pergaminos. Maia recuerda al lector que en un principio no se siente atraído por la novela que lee y le cuesta trabajo seguir el ritmo de lo que le cuenta la voz narrativa; pero con el paso de los capítulos y la adictiva dicción de Helpidia, se siente envuelta por los episodios que escucha sobre la vida de quien fue reina, pero también esclava; incluso en ocasiones interrumpe con alguna intervención en torno al episodio elegido por la liberta y ya más avanzado el relato se percibe que hay una muy buena sintonía entre ambas. Por esto que acabo de comentar, en mi opinión, diría que hay claros rasgos metaliterarios a lo largo de los capítulos, que se reflejan también en las reflexiones de ambas al respecto.

Es la primera novela que leo ambientada en el principio del fin del Imperio Romano. En ella se refleja con detalle la decadencia de Roma, la Ciudad Eterna, de la que los romanos siguen muy orgullosos, pero en la que la corrupción, las conspiraciones palaciegas, los asesinatos y las traiciones están a la orden del orden del día. Un imperio dividido en dos, por obra y gracia de Teodosio I el Grande: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla, y que heredó su hijo Arcadio y el Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma, que le tocó en suerte a su otro vástago, Honorio. También me costó trabajo hacerme a la idea de que el cristianismo ya era una realidad, y cuesta acostumbrarse a escuchar a los romanos hablar sobre catolicismo, sobre todo porque la protagonista fue una mujer muy creyente. Un catolicismo que incluso vigilaba el culto de otras creencias, porque quienes todavía veneran a dioses paganos debían tener mucho cuidado a la hora de practicar sus ritos, al igual que los judíos. Una decadencia que se refleja también en la presencia de los visigodos, primero al mando de Alarico y después de Ataúlfo, que son dos reyes sin reino, pero que buscan con ahínco un lugar para que su pueblo se establezca, lo que origina una serie de episodios tensos entre éstos y el emperador Honorio, con el tristemente famoso saqueo de Roma como muestra de esas desavenencias. Sin duda alguna, este tramo es muy interesante, porque marca un antes y un después en la vida de Gala Placidia.

Ataúlfo
El personaje de Gala Placidia no deja indiferente porque, pese a los altos cargos que ocupó y demostró cualificación para ejercerlos, fue tomada como una moneda de cambio. Gala Placidia recibió el primer golpe de quien era su tutora: un gran tortazo que la llevó a comprender con el tiempo cuáles eran las aspiraciones de este personaje. La hermana del emperador Honorio fue esclava de los godos tras el saqueo de Roma, sufrió vejaciones y el exilio, por acusaciones infundadas. Fue una mujer que tuvo que tragar carros y carretas, también de la plebe, porque según les convenía la situación la vitorean o la vilipendian, empujados por quienes se sirven del vulgo para conseguir sus fines. Sin duda alguna, el autor jugó con los saltos temporales para que todo lo que acabo de comentar surtiera el efecto deseado, aprovechando el recurso literario de la voz narrativa de la anciana que cuenta su historia, porque ya se sabe lo que pasa con nuestra memoria cuando los años van sumando y los recuerdos no acuden como nos gustaría.

En su devenir por este valle de lágrimas, Gala Placicia estuvo rodeada por verdaderas aves de rapiña, que desde sus altos cargos, sobre todo militares y senatoriales, quieren ejercer el máximo poder posible. Personajes históricos que buscan su momento de gloria, aprovechando la debilidad del emperador, empezando por Regina, -que fue la tutora de quien sería reina de Hispania-, junto con su esposo, el general Estilocón. Cada cual demuestra ser peor que los que le preceden en la lista, que la cierra el usurpador Juan, cuya corona laureada le duró dos telediarios. A todos ellos Roberto Corral les saca buen jugo para deleite de quien lo saborea. Personajes todos ellos bien perfilados, con sus luces y sus sombras -algunos más sombras que luces-, y que representan tanto a la sociedad romana de la época como a lo peor y lo mejor del ser humano. Son la anciana liberta Helpidia y la esclava Maia quienes acapararon toda mi atención, no sólo por el relato de la compleja y difícil vida de la augusta romana, sino también por los sentimientos y emociones que vierten durante esos días que están juntas. En la novela se percibe, sin duda, el lado intimista de los personajes, no sólo de los dos femeninos que acabo de mencionar y de la protagonista, sino que el autor dibuja unos reyes godos muy humanizados, como Alarico, Ataúlfo y Waila, pese a que se les cuelga el apelativo de bárbaros. Me pregunto si este cariñoso trato tapa las vergüenzas de su verdadera realidad, a la hora de engrandecer o sostener el imperio a costa de los enemigos de Roma, porque la lista de atrocidades que cometieron es bien larga.

La ambientación espacio temporal es exquisita. El autor consigue que el lector realice un viaje imaginario en el que acompaña a Gala Placidia en todas sus vicisitudes, que no son pocas, a través de las diversas localizaciones por las transcurre su ciclo vital; o diría que por las que le lleva el destino, al que con frecuencia alude Helpidia. Son localizaciones que invitan a ser visitadas y conocerlas en su esplendor, como Constantinopla, de la que sobrecogen las descripciones del devastador incendio que sufrió el palacio imperial; la decadente Roma, pese a que se seguía embelleciendo, y en cuya labor colaboró la augusta dama, que mandó construir o enriquecer varias iglesias y basílicas; Rávena, ciudad desde la que Honorio gobernaba el imperio o Barcino, en donde vivió varios años con su gran amor, Ataúlfo, pero que le traería tan malos recuerdos por las vejaciones sufridas.

(Saqueo de Roma-410 d. C.)
En mi opinión, entiendo que estamos ante una biografía novelada de la que fue la primera reina de los visigodos, relatada a lo largo de 33 capítulos más un epílogo. Una biografía novelada a la que Roberto Corral sabe sacarle lustre, aprovechando los vacíos documentales que se lo permiten. La trama comienza con fuerza, intriga y escenas alarma te, porque hay dos capítulos que se desarrollan en el Monte Hor, cerca de Petra, a los que se le añade uno en el que dos parturientas son atendidas mientras se escucha un griterío que anuncia que el palacio imperial de Constantinopla se está incendiando. Una biografía novelada por la que transitan unos personajes muy humanizados, entre los  que me prendaron Helpidia y Maia. Son dos personajes que también muestran los sentimientos y emociones, con lo que está muy presente el lado más intimista del ser humano, y en el que también incluyo a Gala Placidia, porque ofrece una serie de reflexiones que incitan a meditar sobre los temas que aborda. Una trama que atrae mi atención hasta la última página, por los giros inesperados que me encuentro en los dos últimos capítulos, estos protagonizados por Maia. Sin duda alguna, merece la pena disfrutarla






Biografía:





Roberto Corral Moro (Madrid, 1961), licenciado en Historia del Arte, ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a la enseñanza. Actualmente, compagina su pasión por la escritura con la dirección de una escuela de español y cultura española para extranjeros. Comenzó su carrera literaria con "Gulo, el elefante anoréxico", libro de cuentos infantiles que dedicó a sus hijos, y tiene en su haber dos novelas: "La ruta de los huesos" (Vitrubio, 2018) y "El olor de las olas", finalista del Premio Nadal, publicada por Mensajero en 2020. Ahora, con esta "Gala de Hispania. Reina y esclava", se adentra por primera vez en la narrativa histórica, y lo hace por la puerta grande.



Notas:  Datos técnicos, sinopsis y biografía del autor tomados de la web de Edhasa. Fotografía de Roberto Corral tomada de la web de Zenda Libros. Imagen del Palacio Imperial de Constantinopla tomada de la web Shoes-web.ru. Imagen de Ataúlfo tomada de Wikipedia. Imagen del Saqueo de Roma tomada de Historia National Geographic. 











jueves, 13 de marzo de 2025

Reseña El valle del hierro, de Ane Odriozola.


 





                     


                             


Datos técnicos:





Título: El valle del hierro.

Autora: Ane Odriozola.

Editorial: NdeNovela (Grupo Planeta)

1ª edición: Marzo/2024.

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.

ISBN: 978-84-10140-03-5.

Idioma: Español.

Nº páginas: 520.




Sinopsis:




Siglo XVI. Una nueva desaparición. Dos gremios enfrentados. Unas mujeres dispuestas a imponer la única ley posible, la ley del valle.

Una lluviosa noche de 1577, el carbonero Domingo Harria sale de su caserío hacia la ferrería de Mirandaola, donde sus dueños, los Plazaola, lo están esperando. Asencia, su mujer, descubre a la mañana siguiente que Domingo no ha regresado a casa, y da la voz de alarma. No es la primera vez que alguien desaparece en el valle; tampoco será la última.

Tras varios días sin noticias, Asencia acude a la ferrería en busca de alguna pista sobre el paradero de su marido, pero, aunque allí le aseguran que Domingo nunca acudió a la cita, ella está convencida de que los Plazaola mienten. Su gremio nunca ha sido de fiar.

Años más tarde, cuando todo el valle parece haber olvidado a Domingo, salvo Asencia, aparece en su vida Jurdana, una joven de origen desconocido que no sólo guarda un gran secreto, sino que huye de un pasado al que, tarde o temprano, deberá hacer frente. Solo espera no tener que hacerlo sola.




Opinión personal:




Me gustan mucho las novelas ambientadas en la época de la revolución industrial o el germen de esta. En esta ocasión me traslado a Euskadi, al llamado valle del hierro, que da título a la novela, por las ferrerías que había, y su autora es la escritora legazpiarra Ane Odriozola. Sin duda alguna, El valle del hierro es una ficción que no dudo en recomendar, porque merece la pena adentrarse en una trama en la que todo está calculado para que no quede ninguna pieza suelta en un puzle muy complejo, como el ferrón que realiza su labor para que el trabajo que le encargan salga tal y como se lo piden.

(Ferrería Mirandaola-Legazpia-Guipúzcoa)
La escritora legazpiarra planifica y desarrolla una trama muy compleja, estructurada en 86 capítulos cortos que no tienen desperdicio, porque el misterio y la intriga están muy presentes a lo largo de su desarrollo. Está enriquecida por una serie de subtramas que incitan al lector a no perder detalle de todo lo que sucede en cada una de ellas. Una trama en la que es un gran aliciente el que en determinadas situaciones, el lector va un paso por delante de los personajes, lo que le añade un plus de interés, por conocer la reacción que tienen una vez que son conscientes de lo sucedido. 

La complejidad de la trama se refleja también en el desarrollo temporal en el que tienen lugar los hechos que relatan las dos voces narrativas: una omnisciente y la otra en primera persona. La autora juega con unos saltos temporales muy precisos, muy estudiados, para que surtan el efecto deseado, y desde luego que lo consigue con creces. Es su forma de decirnos que estemos muy pendientes del devenir de los personajes. En los primeros capítulos nos pone en antecedentes sobre la desaparición en 1577 del carbonero Domingo Harria, quien le dice a su mujer que tiene que ir a la ferrería de los Plazaola, donde sus dueños lo están esperando, como adelanta la sinopsis. Esta desaparición se alterna con un hecho histórico sucedido en esa misma ferrería el domingo 4 de mayo de 1580, ya que el dueño les comunicó a sus ferrones que tenían que trabajar este día, tras asistir a misa, porque iban con retraso en la producción. Pese a la cantidad de carbón y mineral utilizado para obtener el hierro deseado, se sorprendieron al obtener tan sólo una pequeña pieza en forma de cruz. A lo largo de los capítulos, la autora desgrana estos dos hechos de los que parte la trama de El valle del hierro de tal forma que todo queda muy bien explicado, sin fisura alguna, y en pequeñas dosis. Una trama en la que también cobra fuerza la presencia de Jurdana, una niña asilvestrada que aparece en la cabaña del zapatero Ginés Ruiz de Arzúa,  que trabaja en Vitoria, pero vive en la aldea de Betoñu, cercana a Legazpia. Sin duda alguna, este ejercicio literario supone un gran ejercicio de fortaleza, porque tuvo que andar con pies de plomo para escribir una historia fascinante, a la par que adictiva.

La ambientación de esta novela es magnífica. Es de agradecer que la voz narrativa de turno ofrezca un retrato muy visual de las diferentes localizaciones por las que transitan los personajes. Son unas descripciones muy claras y precisas, reflejadas con detalles efectivos, que nos incitan a hacernos una idea de cómo era el día a día en la segunda parte del siglo XVI en este valle. Detalles que ayudan a formar una fotografía clara de su fisonomía, porque las dos voces narrativas describen también los parajes que lo rodean, esenciales en algunos episodios. Buena parte de la trama se centra, sobre todo, en Legazpia y en la aldea de Betoñu, aunque también otros episodios tienen lugar en Vitoria y en Torre en Cameros, en La Rioja.

(Calle Zaparetía-Vitoria-Álava)
Por las páginas de El valle del hierro transitan unos personajes trazados con fuerza, con un perfil psicológico que se refleja, sobre todo, en lod episodios más álgidos que les toca vivir a los que más peso tienen en esta novela. Su perfil es muy atractivo, y entre todos ellos conforman un elenco coral. Están descritos de tal forma que, como acostumbramos a decir en estos casos, son de carne y hueso, porque tal y como actúan, y los detalles que los definen, surten este efecto. Son tres las mujeres que desempeñan un rol destacado: Asencia, Jurdana y Catalina. Asencia es la esposa de Domingo Harria, y desde que este desapareció, tiene que hacerse cargo de su familia y el caserío, aunque su tenacidad hace que no dude seguir buscando a su marido, pese a la oposición de la familia. Jurdana es una joven de segundas oportunidades, a quien la vida no se lo podrá muy fácil, aunque se enfrenta con decisión ante las adversidades que tachonan su camino. Catalina es el tercer vértice de este triángulo: sus padres le han concertado un matrimonio, aunque ella está enamorada de un chico un tanto especial, Jesús, por las circunstancias familiares que le rodean. Otro personaje que me atrajo es Pascual, el hijo de Asencia, y que se encarga de la carbonera desde que desapareció su padre. En un segundo plano están los dos hermanos Plazaola, Miguel y Juan, dueños de la ferrería Mirandaola, sin olvidarme del papel que desempeñan Dominica Uribe, en cuya cestería trabaja Catalina, la anciana Gabriela, o el señor de Orcoz y Juanastegui.

En la novela se refleja la estructura de la sociedad vasca de la época, al igual que la relación que mantienen los diferentes gremios, centrada en la tensión entre los carboneros y los ferrones, sobre todo por el peso que estos tienen en el valle, dado que poseen un mayor poder adquisitivo. Pese a lo que acabo de comentar, no les queda otra que firmar contratos de suministro entre ellos, porque el trabajo de las ferrerías depende del carbón que producen las carboneras. Una sociedad en la que también pone el foco en el papel de la mujer que, pese al matriarcado predominante, no tienen voz, sino que su trabajo es ser el sostén de las familias, lo que conlleva también las labores que se realizan en los caseríos.  Pero también estuve pendiente de lo que sucede en la casa torre del señorío de Orcoz. Entre las descripciones que ofrecen las dos voces narrativas, atrajeron mucho mi atención el funcionamiento de la ferrería de los Plazaola y el duro trabajo que hacen los ferrones encerrados entre las cuatro pareces, sin olvidarme de las labores que se realizan en el caserío Harria o el trasiego que hay el día de mercado en Legazpia.

Pese a que esta ficción tiene poco más de 500 páginas, en ningún momento tuve la sensación de que me tenía que enfrentar a un  tocho de tal extensión, porque el ritmo de lectura es ágil, y junto con la corta extensión de los capítulos le confieren estructura y ritmo de thriller. Un thriller en el que el dinamismo está muy presente, no sólo por la variedad de situaciones que viven los personajes, sino también por las diferentes localizaciones por las que transcurren las varias subtramas que la conforman. En este sentido, diría que son muy equilibradas, porque en todas ellas atraen nuestra atención episodios que incitan a estar muy pendientes de lo que les sucede a los personajes que las protagonizan.

(Torre en Cameros-La Rioja)
Me encantó El valle del hierro. Ane Odriozola ofrece al lector una ficción que no da lugar a respiro, adictiva, muy entretenida y de ritmo ágil. El valle del hierro tiene una trama muy compleja, con el aliciente de que la autora juega con los saltos temporales, en los que ofrece en pequeñas dosis información sobre la desaparición del carbonero y en determinada situaciones el lector va un paso por delante de los personajes. La novela la conforman un atractivo elenco coral -como se dice en estos casos, de carne y hueso-, entre los que sobresalen tres mujeres fuertes que llevan un gran peso a sus espaldas, si bien son muy diferentes entre ellas: Asencia, Jurdana y Catalina. Tres mujeres que protagonizan tres historias muy atractivas. Tres mujeres que representan el trabajo y la tenacidad, la superación y la rebeldía. En El valle del hierro están muy presentes el misterio, la intriga, la que la aventura, el romance, la amistad, la pasión, la venganza, el chantaje y las segundas oportunidades están muy presentes.





Biografía:




Ane Odriozola nació en 1979, en Legazpi, Gipuzkoa, localidad en la que ha vivido casi toda su vida. En el 2006 obtuvo una plaza en el Servicio de Atención al Ciudadano del Ayuntamiento de Arrasate-Mondragón, donde sigue trabajando actualmente.

Aficionada a la lectura, en 2018 se animó a autopublicar El secreto de Gibola, su primera novela, donde plasma la realidad de Legazpi a principios del siglo XX. En 2020 continuó la historia con La sombra de Gibola, y en 2021 cerró la trilogía con Conspiración en Gibola.

En 2019 obtuvo el reconocimiento Literatura Saria 2019 en la categoría de mérito cultural. Ha cosechado varios premios en concursos de relatos en euskera: el Premio Iparragirre de Literatura 2019 y 2021 en la categoría de narrativa, el premio Kimetz en 2022, y fue finalista en el III Certamen de Relato Corto Urrike. El valle del hierro es su cuarta novela.


Nota: Datos técnicos, sinopsis, fotografía y biografía de la autora tomados de la web de Planetadelibros. Imagen de la ferrería de Mirandaola tomada de la web Turismo Euskadi-Euskadi.eus. Imagen de la Calle de Zapatería de Vitoria tomada de Wikipedia. Imagen de Torre en Cameros tomada de la web La Rioja.