Datos técnicos:
Título: Como el viento de otoño.
Autora: Teresa Cameselle.
Editorial: Libros de Seda.
1ª edición: febrero/2019.
Encuadernación: Rústica con solapas.
ISBN: 978-84-16973-41-5.
Idioma: Español.
Nº pág.: 416.
Sinopsis:
Octubre
de 1934, Enma de Castro tiene veinticinco años, un título de
maestra y la única ilusión de ejercer su oficio.
En
una aldea gallega demasiado alejada de su Madrid natal, se enfrentará
al reto de educar a sus alumnas con métodos novedosos que
despertarán recelos entre los padres. También pondrá en marcha la
escuela de adultas, ganándose la amistad y confianza de las mujeres.
Elías
Doval, un hombre culto y refinado, señor de la aldea y también
líder sindical, se convertirá en su mejor amigo, lo que desatará
las habladurías. Miguel Figueirido, un campesino viudo, rudo, que
adora a su hija, también se cruzará en la vida de Enma, haciendo
que se replantee su decisión de no formar familia propia.
Y
mientras, la II República se tambalea y nadie está preparado para
lo que se avecina.
¿Conseguirá
Emma superar las dificultades y ser la maestra que soñaba?
Opinión
Personal:
Hacía
ya casi un lustro que no me acercaba a la narrativa de la escritora
mugardesa afincada en Ferrol (A Coruña), Teresa Cameselle. Pese a
ello, Como el viento de otoño es la sexta novela que leo de
su autoría. He de reconocer que me llevé una gratísima sorpresa al
comprobar que en esta ocasión tenía entre manos una novela de
ficción histórica ambientada en Galicia durante la Segunda
República. Sin duda alguna, Teresa Cameselle conoce muy bien el
oficio de narrar historias, porque el lector se siente cómodo con su
estilo cercano y cautivador, pero al mismo tiempo sabe también cómo
conseguir que muestre interés por todo lo que sucede a lo largo de
los capítulos en los que se estructuran sus novelas. Y es que
tienen unos ingredientes muy equilibrados, con el añadido de que uno
tiene la sensación de ser un personaje más entre los que transitan
por sus páginas, porque la historia relatada por el narrador de
turno invita a realizar un viaje literario en el tiempo a la época
en la que se desarrolla la trama.
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| (Playa de Esmelle-Serantes-Ferrol) |
Las
primeras líneas de la sinopsis y el fragmento que encabeza el cuerpo
de la novela son una clara declaración de intenciones sobre los que
van a ser los pilares básicos de la trama: «Con
esta reforma, que es a la vez social, cultural y económica, la
República tiene la intención de formar, independizar, sostener y
fortalecer el alma del maestro, con el fin de que sea el alma de la
escuela» (Domingo y Llopis.
Citado en Las maestras
de la República, pág.
60). A lo que acabo de comentar hay que añadir que Teresa Cameselle
elige un período convulso pero muy atractivo para los lectores,
porque la historia comienza en octubre de 1934 y continúa hasta
después de las elecciones generales de febrero de 1936, período en
el que se percibe que la II República se tambalea y nadie está
preparado para lo que se avecina, como adelanta la sinopsis. Enma de
Castro Latorre tiene 25 años y es consciente de la inquietante inestabilidad que vive
el país, pero no por ello deja de preocuparse por su futuro
personal. Y es que ve cumplido su sueño de ejercer como maestra y
ahora le toca esperar para conseguir la ansiada plaza en la que
enseñar a sus alumnos los principios pedagógicos que preconiza la
Institución Libre de la Enseñanza. Recibe por fin la carta y
se encuentra con el reto de que le corresponde en propiedad una
escuela unitaria de niñas en la parroquia de Esmelle, en el
ayuntamiento de Serantes, provincia de A Coruña.
Teresa
Cameselle sabe cómo atraer la atención del lector en cada uno de
los 25 capítulos más el epílogo en los que se estructura la
novela. Construye una trama atractiva en la que va alternando tres
subtramas que enriquecen el eje sobre el que giran, en el que el
lector estará pendiente de cómo la protagonista pone en práctica
la firme convicción que tiene en el método didáctico al que ya me
referí en el párrafo anterior, si bien con algunas objeciones que
enumera en algunas fases del desarrollo de la trama. Son tres los
escenarios en los que centra su atención la voz narrativa: La
adaptación de la protagonista a unas costumbres que nada tienen que
ver con el modo de vida que lleva una señorita de ciudad, quien
llega a un valle en el que lo único que importa son los cultivos, el
clima y el ganado. Tal y como se observa la rutina en sus habitantes,
da la sensación de que su ubicación geográfica ayuda a que la
inestabilidad preocupante del país no les afectará, pero se podrá
comprobar en varios episodios cómo esa situación convulsa también
irrumpe en la parroquia de Esmelle, centrando el narrador omnisciente
el foco de lo que sucede en esas fechas tanto en Enma de Castro como
en Elías Doval. La tercera subtrama guarda relación con la firme
decisión que toma la maestra de no formar familia, pero a medida que
se suceden los capítulos me pregunté en varias ocasiones si
terminaría replanteándose su determinación, por el interés que
suscita la relación que mantiene con el ya mencionado Elías Doval y
con Miguel Figueirido, un
campesino viudo, rudo, que adora a su hija, y que también se cruzará
en la vida de Enma. Sin duda alguna, el atractivo de esta subtrama
está en el juego de escenas que se desarrollan entre los tres
personajes.
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(Hotel Restaurante El Suizo-Ferrol)
|
Al
igual que en las novelas anteriores que leí de su autoría, el
lector se volverá a encontrar con el marcado realismo con el que el
narrador omnisciente describe todo lo que sucede a lo largo de los
capítulos, y con la maestría
con la que la autora recrea las costumbres de los habitantes que
viven en la parroquia de San Juan de Esmelle. En mi caso, disfruté
mucho con las escenas en las que se plasman el día a día en el
rural gallego en aquella época, con el añadido de que sonreía en
algunas de ellas por la reacción que mostraba la maestra en
determinadas labores, porque son
escenas que me resultan muy familiares, sin olvidarme de aquellas en
las que el narrador omnisciente en las que muestra cómo se divierten
los habitantes del valle. Sin duda alguna, el aspecto costumbrista de
la trama servirá para que se observe la evolución de la
protagonista y su adaptación a un modo de vida muy diferente al
suyo, lo que no impedirá que esté decidida a llevar a la práctica
la labor educativa no sólo a las niñas de la parroquia, sino
también a los adultos, como se podrá comprobar en algunos
episodios, pese a la reticencia inicial de las mujeres para asistir a
una actividad que decían que nada tenía que ver con ellas. Pero
este aspecto costumbrista también le servirá a Enma de Castro para
que tenga la sensación de estar entre dos aguas, porque se encuentra
con el trato distante que recibe en la llamada casa grande, en la que
vive Elías Doval junto con su madre, doña Virtudes, una mujer de
rancias costumbres. Por contra, se siente recompensada y a la par
sorprendida cada vez que tiene la oportunidad de desplazarse hasta
Ferrol y disfrutar de un ambiente que le resulta más familiar,
ciudad a la que siempre irá acompañada por el ya mencionado Elías
Doval, un
hombre culto y refinado, señor de la aldea y también líder
sindical, se convertirá en su mejor amigo, lo que desatará las
habladurías. Si bien también la maestra disfrutará
de la belleza de los parajes que rodean a Esmelle cuando el
tiempo lo permite, porque se da cuenta de que el día a día está
marcado también por las inclemencias meteorológicas. El realismo se
plasma también a través de los diálogos entre los personajes,
porque en ellos se refleja el estrato social de cada uno; en este
sentido, el lector se encontrará también con algunos vocablos y
frases cortas escritas en gallego, y resaltadas en cursiva, pero que
no son obstáculo alguno para comprender el contenido de la
conversación entre los personajes.
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(Calle Real-Ferrol)
|
En
mi modesta opinión, Teresa Cameselle construye unos personajes diría
que simbólicos, porque entiendo que refleja a través de ellos lo
que significó la Segunda República Española, aunque también se
perciben los estratos sociales de la época. El lector se encontrará
con una clara diferencia social que se manifiesta de una forma
notoria en el medio rural, lo que se observa en las relaciones que
mantienen los vecinos de la parroquia de San Juan de Esmelle. Estas
relaciones me traían a la memoria la gran novela de Emilia Pardo
Bazán, Los Pazos de Ulloa,
por el trato distante que se manifiesta sobre todo con el señor de
la aldea, Elías Doval, y su madre, o el párroco, don Jesús, y Enmma de Castro, la
maestra, si bien ésta trata de ganarse la confianza de sus
convecinos, tanto para que la tomen como una vecina más de la
parroquia, como para conseguir que sientan interés por asistir a la
escuela de adultos. En este sentido, atrajo mi atención la relación
que se fragua de una forma muy natural entre Enma de Castro y Miguel
Figueirido, sobre todo por la personalidad muy diferente de ambos personajes,
pero al mismo tiempo también me preguntaba por esa otra relación
paralela que fluye entre la protagonista y Elías Doval, pese a los
propósitos iniciales que manifiestan sobre la misma, así como las rumores que hay en torno a este personaje, sobre todo por
Ferrol. Es en Ferrol en donde se percibe la inestabilidad política y
convulsa que vive el país, y en donde queda constancia de quiénes
defienden la ideología republicana, y quiénes presienten que se
avecina algo para lo que nadie está preparado.
Como
el viento de otoño es una
novela que me supuso un gratísimo reencuentro con la narrativa de la
escritora mugardesa afincada en Ferrol, Teresa Cameselle. Su estilo
cercano y cautivador ayuda a que el lector disfrute de una historia
en la que el narrador omnisciente relata la historia de Enma de
Castro desde que obtiene su plaza en propiedad como maestra en la
parroquia de San Juan de Esmelle, en el ayuntamiento de Serantes (A
Coruña). El lector se encuentra con una novela que contiene una
historia cargada de realismo por la que transitan personajes bien
perfilados y diría que muy simbólicos, dado el período en el que
se desarrolla la trama. Al mismo tiempo me resultaron muy atractivos
a la par que familiares los rasgos costumbristas, aunque sin
olvidarme del período convulso en el que se desarrolla la historia,
porque a medida que el desenlace está próximo la voz narrativa da a
entender de que no se sabe si Enma de Castro superará las
dificultades y logrará ser la maestra que soñaba. El ritmo de
lectura es fluido, y hay un claro equilibrio entre la narración y el
diálogo, siendo éstos muy interesantes entre los tres personajes
que dan mucho juego a la novela. La situación convulsa de la época
da lugar a una serie de giros que atraen la atención del lector, si
bien alguno tiene lugar en Esmelle, y no le deja indiferente.
Biografía:
Teresa
Cameselle nació en Mugardos, A Coruña. Siendo como es una lectora
voraz, lee de todo y en cualquier orden, y de la misma manera, se atreve a escribir historias de lo más variado. Después de la lectura, tiene otras dos pasiones: el cine y viajar.
En
2008 publicó su primer novela, La hija del cónsul (reseña), que ganó
el Premio Talismán de novela romántica. Incansable, sigue
escribiendo y de su pluma han surgido títulos como No todo fue
mentira, El mapa de tus sueños (reseña) o No soy la bella
durmiente (reseña). En 2015 ganó el Premio Vergara con Quimera (reseña). Si
quieres saber más sobre ella y en qué está trabajando ahora,
visita su página web www.teresacameselle.com.
Nota: Datos técnicos, sinopsis y biografía de la autora, tomados de la web de Libros de Seda. Imagen de la playa de Esmelle, tomada de la web Turismo de Galicia. Imagen del Hotel Suizo en Ferrol, tomada de la web Turismo de Galicia. Imagen de la Calle Real de Ferrol, tomada de Google.Sites. Fotografía de Teresa Cameselle, tomada de la web de La Voz de Galicia.