viernes, 26 de junio de 2026

Reseña La muerte de Constantino, de Álvaro Lozano.

 












Datos técnicos.

Título: La muerte de Constantino.

Autor: Álvaro Lozano.

Editorial: Edhasa.

1ª edición: Junio/2025.

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta.

ISBN: 978-84-350-6469-9.

Idioma: Español.

Nº páginas: 410.




Sinopsis:




Tras décadas sumida en el caos, Roma es grande de nuevo. Sin embargo, el artífice de su resurrección, el implacable Diocleciano, vuelve a poner en riesgo el futuro del Imperio al dividir su territorio entre cuatro hombres. La Tetrarquía comienza a hacer aguas en cuanto el augusto abdica, y de entre la sangre de los tetrarcas surgirá el hombre que está llamado a unificar Roma una vez más: Constantino.

Y es que, desde la rica Alejandría hasta las lejanas fronteras de Britania, Constantino irá abriendo paso a golpe de espada en busca del poder absoluto. Pero, mientras avanza en su conquista terrenal, se libra otra guerra: ¿Qué dios regirá los designios de Roma? Será él, Constantino, quien cambiará la historia para siempre al elegir a Cristo en Nicea, pero también al refundar Bizancio en Constantinópolis, monumento a su vanidad y ciudad en la que es espíritu de Roma pervivirá durante mil años más.


Aún así, a pesar de todos sus éxitos y victorias, un oscuro secreto ensombrece su legado. Los nombres de Fausta y Crispo, que intentan liberarse de las cadenas del olvido al que han sido condenados, perseguirán al emperador hasta su lecho de muerte. Sólo entonces se dirimirá la última cuestión: ahora que está a punto de morir, debe decidirse si ha sido un gran hombre o un simpe asesino.





Opinión Personal:





La figura del emperador romano Constantino, conocido también como el Grande, o el Vencedor, no deja indiferente, por ser el primero que defiende la libertad de culto y prohíbe las persecuciones hacia los cristianos. Es una gran oportunidad para conocerlo mejor leer la magnífica novela que la editorial Edhasa publicó en mayo de 2025, La muerte de Constantino, del escritor sevillano Álvaro Lozano, aunque afincado en Madrid.  Sin duda alguna, Álvaro Lozano planifica y desarrolla una trama que no tiene desperdicio, y con la que consigue que la estatua sedente del augusto que ocupa la portada parezca cobrar vida propia. Una portada en la que veo a un augusto altivo, ambicioso y soberbio, que parece estar diciendo que «este que se sienta en este trono, consiguió reunificar el Imperio, ser su único emperador y conseguir que sus súbditos abrazaran la fe de Cristo». 

(Puente  Milvia, Roma, Italia)
Me gustó mucho la estructura que le confiere Álvaro Lozano a esta novela. Constantino parte con un gran ejército para que los persas sasánidas dejen de tocarle los bemoles, porque estima que no es lo correcto; o eso cree él. Sin embargo, los designios del Señor son inescrutables y, lo que parecía un triunfo más, se tornó, «a los pocos días de marcha las cosas sucedieran de una manera diferente a la que Constantino había previsto» (pág. 20). Al emperador no le queda otra que hacer parada y fonda y, tal y como avanza su estado de salud, se teme lo peor. El primer capítulo, bajo el título El Mártir Luciano, es de los que no se olvidan, una verdadera joya literaria, en la que el autor refleja la esencia propia de quien definen como «grande entre los hombres» (pág. 25). Ya sólo el diálogo que mantiene en el pequeño templo del mártir con el presbítero Hermógenes es para enmarcar, ante el tormento que muestra el emperador.

La sinopsis de esta novela muestra al lector que le espera una ficción en la que va a estar muy pendiente de todas las vicisitudes que acompañan a quien reverdece un imperio ya decadente, y que también deja un magnífico legado. Unas vicisitudes de las que también forman parte episodios en los que tiene que vigilar con el rabillo del ojo lo que sucede a su alrededor, porque también tuvo sus enemigos íntimos, lo que incita a estar pendiente de la tensión que se corta en determinadas situaciones, aunque parezca que no la haya. Pero también hay e sorprende el lado oscuro que lo acompaña porque, tal y como se suceden estos episodios, y al igual que adelanta la sinopsis, da lugar a preguntarse si, realmente, fue un gran hombre o un asesino.


En mi opinión es un gran acierto el empleo de los saltos temporales que parten del capítulo primero al que me refiero en el párrafo anterior. Un capítulo que da pie para hablar de lo divino  y lo humano, y en el que el narrador omnisciente elige con precisión quirúrgica la escena idónea que le sirve para realizar esos vaivenes temporales a los que me refiero, y que ayudan a conocer mejor a  este grandísimo emperador.          

(Estatua Constantino, York, UK)
Álvaro Lozano planifica y desarrolla una trama muy equilibrada en la que no sólo muestra el gran militar que fue Constantino, sino que también incide mucho en el ámbito familiar y su preocupación por la cuestión religiosa del momento. En este sentido, el Imperio Romano tiene varios frentes militares abiertos, e incluso se ve obligado a aplacar insurrecciones, episodios que la voz narrativa describe de tal forma que imanta con su relato y, lo que es de agradecer, en su justa medida para no marearnos con tantas filigranas estéticas entre los contendientes. Movimientos militares que afectan también a su padre, Constancio Cloro, césar de Occidente y más tarde augusto, por la decisión marital que su progenitor se ve obligado a tomar. Sin duda alguna, todos estos episodios influyen mucho en la personalidad del protagonista, muy unido a su madre Helena, sin olvidarme de lo que para él supone una vida matrimonial propia de marcado cargo político, y en la que muestra su lado más oscuro. Un gran atractivo de esta novela es el papel que los cristianos desempeñan a lo largo de su desarrollo. Las persecuciones de Diocleciano y emperadores anteriores ya son historia. Constantino entiende que le conviene mantenerlos a su lado para conseguir la ansiada unificación del imperio, convertirse en el único emperador y que su vasto territorio abrace la fe de Cristo. Convoca en 525 el llamado concilio de Nicea, que merece la pena seguir, por cómo el autor desarrolla todo lo que sucedió en la sala central del palacio imperial de verano. En este sentido, en esta subtrama me gustó mucho el papel que desempeña Osio, el obispo de Corduba, y su colega Eusebio de Cesárea, junto con el presbítero Hermónenes.  

La muerte de Constantino atrae también por su exquisita ambientación y trasfondo histórico. Dada la situación del imperio, Diocleciano decide tomar el toro por los cuernos y organizar una tetrarquía para su mejor gobernanza. Pero uno no tarda en darse cuenta de que todo es papel mojado, porque no hace falta ser muy ducho en la materia para catarlo. Esta novela supone un grato viaje literario imaginario a una época en la que ya los cristianos eran una realidad aceptada, y auspiciada por Constantino. Supone visitar localizaciones en las que se refleja la labor del emperador para dar lustre a ciudades que confieren su sello de identidad, caso de Constantinópolis -la antigua Bizancio- o la fundación de Helenópolis, en honor a su madre Helena. A lo largo de los capítulos la voz narrativa incita a visitar Nicomedia, la capital administrativa del Imperio Romano de Oriente, o Augusta Treverorum, residencia oficial de Constantino el Grande, o la gran transformación que sufre Roma durante su mandato. También incita  visitar Britania, viaje que merece la pena, por los episodios que le esperan a uno de los más grandes emperadores del Imperio romano.

Sin duda alguna, merece la pena afrontar la lectura de La muerte de  Constantino, porque es una muy buena novela. A lo largo de los capítulos el lector conocerá mejor la figura de un emperador que ocupa un lugar destacado en la historia del Imperio romano. La trama es de ritmo fluido y constante, y que apenas decae, pese a que hay dominio de la narración frente a los diálogos. Un ritmo en el que influyen también la variedad de situaciones que vive el protagonista, aderezada por los saltos temporales en los que se desarrollan,  y que incitan a estar muy pendiente por lo que sucede en cada capítulo. El lector se encontrará con una novela muy bien escrita y con un estilo directo y claro que ayuda a interesarse por lo que sucede a lo largo de los capítulos. 





Biografía: 

 

 

  

Álvaro Lozano (Sevilla, 1985) es licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla. En 2010 se trasladó a Madrid para especializarse en cardiología, y allí reside desde entonces. A pesar de su formación como médico, nunca ha abandonado dos de sus grandes aficiones: la literatura y la historia, y a ellas dedica su tiempo libre. Fruto de estas dos grandes pasiones y de un riguroso trabajo de investigación centrado en las fuentes de la época, surgió su primera novela, Irene de Atenas (Edhasa, 2021). Y ese fue sólo el principio porque, tras la maravillosa historia de Pedro el Cruel, Olvido y Crueldad (Edhasa, 2023), hoy nos presenta una vuelta a nuestros orígenes y al principio del fin del Imperio romano: La muerte de Constantino.   





Notas: Datos técnicos, sinopsis y biografía del autor tomados de la web de Edhasa. Fotografía del autor tomada de su cuenta de Twitter. Imagen del Puente Milvia en Roma tomada de la web Barcelo.com. Imagen estatua Constantino en York, UK, tomada de Wikipédia.















Biografía:


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