viernes, 22 de diciembre de 2023

Reseña La institutriz silenciosa, de Julie Klassen.

 










Datos técnicos:





Título: La institutriz silenciosa.

Título original: The Silents Governes.

Autora: Julie Klassen.

Traductor: Emilio Vadillo Pinilla.

Editorial: Libros de Seda.

1ª edición en español: Enero/2017.

Fecha edición original en inglés: 2010.

Formato: Libro digital.

ASIN: B01MZC1LH4.

Idioma: Español.

Nº páginas: 496.





Sinopsis:





Una casa que se convierte en prisión y un secreto que nunca debería salir a la luz. Creyéndose culpable de un crimen, Olivia Keene huye de su casa, topándose en el camino con una mansión en la que en esos momentos tiene lugar una fiesta magnífica. Sin embargo, no todo es tan bonito como aparenta.


Lord Bradley acaba de enterarse de un terrible secreto, algo que, de saberse, cambiaría su vida para siempre. Cuando avista una figura en la lejanía, teme que sea un espía o un ladrón a oídos del cual hayan llegado las devastadoras noticias. Pero se lleva una sorpresa mayúscula al descubrir que el intruso no es sino una mujer, o lo que queda de ella, con una grave herida en el cuello. Temiendo que pueda divulgar su secreto, le ofrece un puesto en su casa y la encierra en su propiedad. Cuando los secretos que tanto Olivia como lord Bradley ocultan van saliendo a la luz, ¿conseguirán que su amor venza el oscuro pasado que ambos arrastran?





Opinión Personal:





Soy de los lectores que le gusta acercarse cada año al género literario de la novela romántica, siempre y cuando me encuentre con títulos que atraigan mi interés, que muy raro es que no suceda. La primera es desarrolla una historia contemporánea que no deja indiferente, por las vicisitudes personales que acompañan a algunos de sus personajes. La segunda, y el penúltimo título con el que cierro mi año lector, es una historia de muy clara influencia clásica, y ambientada en la época de la Regencia británica, La institutriz silenciosa, de Julie Klassen, una de las tres novelas con las que ganó el premio Christy a la mejor novela histórica. Me encontré con una historia que cumple con el claro requisito de entretener, está bien escrita y, con intriga incluida, mantiene el interés por lo que sucede a lo largo del desarrollo de la trama hasta el desenlace. Sin embargo, el ritmo de lectura se me hizo más bien pausado y me faltaron hechos o personajes históricos de referencia que reforzaran el trasfondo histórico.

(Bosque Chedworth-Gloucestershire-Inglaterra)
La trama de La institutriz silenciosa se ubica en el período conocido como Regencia, en el rey Jorge III fue considerado no apto para gobernar, por lo que su hijo, Jorge IV, fue reconocido como regente. Una trama que comienza el 1 de noviembre de 1815, si bien el prólogo se retrotrae a doce años antes, en el que se desarrollan episodios de un pasado que la protagonista no olvida, al que se unirán a algunos más que le traen malos recuerdos de la infancia vivida con sus padres. En lo que a hechos o personajes se refiere, con los que reforzar el trasfondo histórico, en una ocasión uno de los personajes cita en un diálogo el enfrentamiento armado naval con los españoles en el que falleció quien considera como si fuese su hermano mayor. Por las fechas, entiendo que se trata de la batalla naval de Trafalgar, que tuvo lugar en noviembre de 1805. Otro tanto sucede con la alusión a la Cámara de los Lores y el juramento por el que sus miembros rinden lealtad a la Corona.

A diferencia de las novelas de corte romántico que frecuento, la mayoría de clara influencia clásica, el romance que se refleja en La institutriz silenciosa se fragua a fuego muy lento, porque en determinadas escenas se percibe que el protagonista masculino aprovecha las situaciones que se prestan a ello para dar a entender al lector que siente atracción por la protagonista femenina. Una atracción que también se manifiesta a la inversa, sobre todo por las sensaciones que se le acumulan ante la cada vez más manifiesta cercanía entre ambos. Una cercanía que indica que el desenlace de la trama es previsible, como sucede en las novelas de este género literario, si bien la autora juega con la duda, con el aliciente del interés que manifiestan por ella otros dos personajes, aunque con diferente objetivo.

La trama de La institutriz silenciosa empieza con fuerza y, en mi opinión, mantiene una línea equilibrada de interés a lo largo de los 50 capítulos más un prólogo y un epílogo en el que se estructura el desarrollo de la trama. Un interés en el que la intriga también está muy presente, porque los secretos que ocultan Olivia Keen y lord Bardley salen a la luz a medida que el desenlace se aproxima. Un desenlace que me resultó muy atractivo, porque en los capítulos finales se desvelan las dudas que se acumulan desde que la protagonista, tras tomar parte en un episodio en el que cree que la vida de su madre corre peligro, decide escapar del hogar familiar y buscar trabajo en la escuela femenina de St. Aldryns. El vicario de St. Mary, Charles Tugwell, se interesa por su estado y la acompaña al pueblo. Esa tarde se celebra una fiesta en Brighthwell Court. La música animada y alegre capta su atención y la curiosidad la lleva a acercarse al jardín y observar lo que sucede en un evento en el que todo es lujo, pero el destino vuelve a interponerse en su camino y su vida da un gran vuelco desde que es testigo indiscreto de una conversación que mantienen dos personajes. Un destino en el que es trascendental Brighthwell Court, porque esta mansión se convierte para ella en una prisión, dadas las circunstancias que la obligan a establecerse en ella durante un tiempo determinado, y los conflictos internos que provocan en ella el contacto cada vez más cercano que mantiene con lord Edward Bradley, pese a la diferencia de clases que los separa y a las estrictas normas que se ve obligada a cumplir a rajatabla, una vez que es nombrada institutriz de los dos primos pequeños que viven en esta mansión, hijos del personaje al que ya me referí en el segundo párrafo de esta reseña. Sin duda, estos lances originan que el lector se pregunte si la relación sentimental que se manifiesta cada vez más avanzada entre ambos personajes será realidad, si bien los tiras y aflojas que se producen entre ambos indican que puede no llegar a producirse.

(Prison Northleach-Gloucestershire-Inglaterra)
Uno de los grandes atractivos de La institutriz silenciosa es, sin duda alguna, la exquisita ambientación de la trama. Una ambientación que la autora crea a través de una exhaustiva labor de documentación, como se puede comprobar, entre la bibliografía que utilizó al respecto, a través de los fragmentos que elige de una serie de obras que instruyen cómo debe de ser la formación, el comportamiento y las relaciones sociales de una institutriz de la época, y que guardan relación con el desarrollo de cada capítulo. Disfruté con el magnífico fresco que ofrece sobre las relaciones y costumbres de la sociedad en la período de la Regencia, en la que la pirámide poblacional está definida de tal forma que cada miembro de la misma es consciente del lugar que le corresponde. Una ambientación por la que en todo momento me sentí transportado a esta época, sus estrictas costumbres sociales, los magníficos parajes que describe el narrador omnisciente, al igual que las poblaciones por las que transitan los personajes, con particular mención a la mansión del conde de Brightswell, «una casona de estilo Tudor, en forma de E y con un buen número de torres» (cap. 3). Una mansión que es un personaje más de la novela, porque se describen con detalle, y de forma natural, cada una de las dependencias que la conforman. En este sentido, tuve muy presente las series de TV Dowtton Abbey, Arriba y Abajo, así como del muy atractivo e instructivo libro de memorias de Margaret Powell, En el piso de abajo. Mientras leía los episodios que se desarrollan en esta mansión, estuve muy pendiente de la relaciones que mantienen los personajes que en ella residen, sobre todo en lo que al personal de servicio se refiere, porque el trato que mantienen con la familia del conde es estrictamente laboral. Aunque, en mi caso, me atrajo más la que se mantiene entre los miembros del mismo, porque su convivencia es más natural, en la que se percibe la cercanía y los roces que se producen entre ellos, sobre todo desde que Olivia Keen es nombrada institutriz de los sobrinos de lord Bradley. En este sentido, me llamó mucho la atención el trato con el que se dirigen los miembros del servicio a la familia del conde Brightwell, incluso a los niños que forman parte de esta. Una relación en la que se tienen muy en cuenta las medidas que toma la familia en cuanto son conscientes de que alguno de sus trabajadores incumple las estrictas normas que están obligados a acatar. Una relación en la que atrae mucho el lugar que le corresponde ocupar a la institutriz, por lo que este puesto significa entre los nobles y la alta sociedad que contratan a quienes instruyen a sus hijos.

Julie Klassen perfila un amplio elenco de personajes, bien perfilado, diría que de carne y hueso, y que son un fiel reflejo de la sociedad de la época. Olivia Keen y y lord Edward Bradley son dos protagonistas de caracteres muy diferentes. Olivia es un personaje que, desde las primeras páginas, sabe a qué quiere dedicar su vida, porque la enseñanza siempre la tuvo muy presente, ya que su madre también fue institutriz e influyó en su formación educativa. Pero también muestra cualidades en otras materias, en las que tiene una clara influencia de su padre. Es un personaje en el que la inocencia forma parte de su forma de ser, aunque con el tiempo se afianzan en ella los principios a los que se aferra, entre los que sus creencias religiosas le ayudan en las reflexiones que la acompañan en las dudas que se le acumulan, sobre todo desde que no le queda otra que desempeñar un puesto de trabajo en la mansión del conde Brightwell. Edwar Bradley es un aristócrata de carácter voluble, porque en ocasiones se muestra cercano y afable y en otras ofrece una cara diferente. Es un personaje que se escuda en la posición dominante que tiene ante los que sabe que pertenecen a estamentos sociales inferiores al suyo, aunque también muestra las dudas que tiene ante el futuro próximo que le espera, como sucesor del título que ostenta su padre. Lord Bradley mantiene una estrecha relación con su familia y permisiva con el servicio, aunque siempre recordándoles qué labor está obligada a desempeñar, aunque no duda en tomar las decisiones necesarias una vez que descubra si descubre alguno de ellos tiene conocimiento del secreto que guarda con tanto celo y lo saca a la luz, guardabosques incluido. 

(Ruinas romanas-Gloucestershire-Inglaterra9
Acompañan a los dos protagonistas una serie de personajes secundarios quecobran peso a medida que se aproxima el desenlace. A lo largo de los capítulos me encontré con una serie de personajes secundarios atractivos, algunos de los cuales protagonizan subtramas que atrajeron mi atención, porque intuía que podían ser concluyentes para desvelar los secretos que tan celosamente guardan Olivia Keen y Edward Ridley. Entre estos, no dejan indiferentes la labor que realizan en la trama el vicario Charles Tugwell y el guardabosques Avery Croome. El vicario tiene un papel destacado no sólo por su labor como representante de Dios que vela por el buen camino del rebaño del que es responsable, sino también por la estrecha relación que mantiene, sobre todo, con lord Edward Bradley, sino también con Olivia Keen, y el interés que manifiesta por la institutriz. Avery Croome realiza su trabajo con mucho celo, pero es temido por el mal carácter que tiene, lo que origina que su trato con los demás sea frío y distante. Sin embargo, con el paso de los capítulos se conoce su historia personal, con un pasado doloroso que marca su vida. Entre los miembros de la familia del conde Brightwell estuve muy pendiente de Judith Howe, madrastra de Audrey y Andrew, por su comportamiento altivo en el seno de la familia, pese a que vive bajo el techo del conde. El padre de Olivia Keen, Simón Keen, también protagoniza una subtrama atractiva, y del que estuve muy pendiente del futuro que le espera desde los sucesos que tienen lugar en la casa familiar y los hechos delictivos por los que se le acusan, en los que la intriga está muy pendiente por la sentencia que puede recaer sobre él.

Me gustó La institutriz silenciosa, aunque quizás esperaba algo más de esta historia de corte clásico, ambientada en la época de la Regencia británica. Quizás fue el ritmo de lectura más bien pausado el que impidió que disfrutara mucho más de una trama atractiva, porque incluso me dije que me sobraron algunos episodios o, cuando menos, se les recortarse su extensión y me faltaron hechos o personajes históricos que fortalecieran el trasfondo histórico, con algún episodio citado de forma vaga. Escenas como las que tienen lugar en la iglesia de St. Mary, a la que acudía la comunidad para asistir al oficio del vicario Charles Tugwell, o incluso reflexiones de Olivia Keen que, en ocasiones, tuve la sensación de que me parecían un tanto repetitivas. En mi opinión, entiendo que la escritora estadounidense sigue en la trama romántica las pautas austenitas, porque se presume que con el paso de los capítulos fructifique la relación sentimental entre pareja protagonista, pese a algunas tiranteces que se suscitan entre ambos. Pese a lo que acabo de comentar, el conjunto de la trama me resultó muy interesante y entretenida, porque la intriga está también muy presente, dados los secretos que con tanto celo ocultan tanto la institutriz como el hijo del conde de Brightwell, que se desvelarán a medida que se aproxima el desenlace, en unos capítulos bien enlazados, de los que incluso me dije que forman un cuerpo compacto, en el que no queda ningún cabo suelto. Julie Klein ofrece a lo largo de los capítulos un exquisito fresco sobre la sociedad durante la época de la Regencia del rey Jorge IV, en el que refleja la estricta pirámide social de la época, porque cada miembro que la conforma es muy consciente del lugar que le corresponde y, sobre todo, del trato a mantener con la nobleza o la alta sociedad. Sin duda alguna, y pese a los inconvenientes que comento en este resumen, tengo claro que repetiré con la narrativa de esta escritora estadounidense, que ama todo lo que tiene que ver con Jane ―Jane Eyre y Jane Austen―.





Biografía:




Julie Klassen ama todo lo que tiene que ver con Jane ―Jane Eyre y Jane Austen―. Licenciada por la Universidad de Illionis, trabajó en el mundo editorial durante dieciséis años y ahora se dedica a escribir a tiempo completo. Tres de sus libros: La institutriz silenciosa, En la casa del guarda y Fairbourne Hall han ganado el premio Christy a la mejor novela histórica. El secreto de Pembrooke Park ganó el premio Minnesota a la mejor historia de ficción. Julie ha ganado también el premio Midwest y el Christian Retailing Best, y ha resultado finalista en los premios RITA.




Nota: Datos técnicos, sinopsis y biografía de Julie Kassen tomados de la web de la editorial Libros de Seda. Fotografía de la autora tomada de la web de Babelio. Imagen del bosque Chedworth tomada de la web All Trails. Fotografía de Nortleach Prison tomada de la web Bussines Live. Fotografía de ruinas romanas del condado de Gloucestershire tomadas de Wikipedia. 

2 comentarios:

  1. Hola Francisco, paso a desearte unas felices Pascuas y mejor año que este en el 2024, que nos depare bienestar y venturas.
    Un abrazo.

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  2. Hola Francisco,
    Me ha gustado mucho tu reseña de "La institutriz silenciosa". Descubrí a esta escritora hace tiempo y, precisamente este año, me he leído una novela suya por primera vez: "Fairbourne Hall" y me ha resultado también muy interesante.
    Feliz año 2024

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