viernes, 24 de abril de 2020

Las islas de Poniente, de Julio Alejandre Calviño.





















Datos técnicos:


Título: Las islas de Poniente.
Autor: Julio Alejandre Calviño.
Editorial: Pàmies.
1ª edición: 13/05/2019.
ISBN: 978-84-17683-11-5.
Encuadernación: Rústica con solapas.
Idioma: Castellano.
Nº pág.: 544.


Sinopsis:


Álvaro de Mendaña parte del Perú a la conquista de las islas Salomón y el descubrimiento de las Regiones Australes al mando de una flota. Un aprendiz de cirujano, preso de la justicia virreinal, se enrola, para escapar a su condena, en uno de los navíos: la nao Santa Ysabel. A bordo también viajan la dama por cuyo amor había sido apresado; un marinero fanático que, iluminado por una visión, confecciona una lista de los bienaventurados que se habrán de salvar en la travesía, y una tripulación de soldados y marineros, mujeres recatadas, atrevidas busconas, hidalgos aventureros y familias de colonos, todos en busca de fama, fortuna y una vida mejor en el otro confín del mundo.

Pero en medio del Pacífico una sublevación contra el capitán hace que la nao cambie el rumbo, se separe de la flota e inicie un viaje tan incierto como apasionante por mares y tierras desconocidos.

Las islas de Poniente es una apasionante novela de viajes y descubrimientos—entre ellos, el del continente australiano—, pero también una historia marcada por las traiciones, los crímenes, las penurias y las aventuras de un puñado de expedicionarios que, perseguidos por una fatídica profecía, luchan por el poder, la codicia o la mera supervivencia.



Opinión Personal:



Disfruto con la lectura de novelas que se encuadran en el género de aventuras, porque son historias que me ayudan a relajar y al mismo tiempo cumplen con el requisito de entretener, al contener una serie de episodios en los que los personajes protagonizan situaciones que incluso pueden poner en peligro sus vidas, por el riesgo que supone enfrentarse a lances con un desenlace incierto. Aunque el sentido de aventura que se refleja en Las islas de Poniente (Ediciones Pàmies, 2019) nada tiene que ver con lo expuesto en las primeras líneas de esta reseña, porque el lector se encuentra con una trama de ficción histórica en la que sigue con interés el resultado incierto que significa una expedición marítima organizada a finales del siglo XVI. Las aventuras a las que se enfrentan los personajes están más relacionadas con el hecho histórico sobre el que gira la trama, en la que el narrador relata en primera persona los riesgos que corren tanto el navegante que organiza la expedición, Álvaro de Mendaña, como quienes lo acompañaron en esa empresa, así como por el final incierto que les esperaba, como ya sucedió en otras similares realizadas anteriormente.
(Álvaro de Mendaña)
El escritor madrileño afincado en la Baja Extremadura parte de la misteriosa desaparición de la nao Santa Ysabel, que formaba parte de la flota que componía la segunda expedición organizada por el marino antes mencionado para poblar y colonizar las islas Salomón. El autor construye una trama sólida, verosímil y que se ramifica en subtramas que la enriquecen, con las que consigue atraer la atención del lector en cada uno de los de los 47 capítulos en los que se estructura, agrupados en tres partes titulada. Para conferirle esa verosimilitud, se sirve de las lagunas documentales que surgen desde la ausencia de noticias sobre su destino, seis meses después de de su partida, como lo aclara en la nota histórica que acompaña al cuerpo de la novela, y en la que aclara la documentación que le sirve para construir esta ficción novelada.

A medida que avanzaban los capítulos, me decía que Julio Alejandre había cuidado con detenimiento todos los episodios que se desarrollan en cada uno de ellos, porque tal y como se relataban tuve siempre la sensación de que era un personaje más enrolado en la flota que había partido con el adelantado Álvaro de Mendaña hacia la jornada de las islas Salomón. Me interesaba todo lo que sucedía tanto en el virreinato del Perú, como en la nao Ysabel o en las Islas Salomón, al igual que la incertidumbre que provocaba la arriesgada idea de encontrar por fin la que se conocía como Tierra Austral Ignota. A lo largo de los capítulos el lector se encontrará con un cronista un tanto peculiar, porque fue liberado de su condición de presidiario por el virrey del Perú «Dadas las dificultades que el Adelantado estaba teniendo para reclutar a la dotación, el virrey vio en la empresa una ocasión a propósito para librarse de los muchos rufianes que llenaban las prisiones del Perú y dio carta de libertad a cuantos quisieran enrolarse en ella» (pág. 29). Pese a la particularidad a la que me acabo de referir, el hecho de haber cursado algunos años en la Real y Pontificia Universidad de San Marcos de Lima, le sirvió para ejercer durante la travesía y en las islas del Pacífico los oficios por los que de una u otra forma tenía relación con los marineros, oficiales, soldados o colonos. Si bien no puede presenciar algunas escenas, sobre todo si tienen lugar en las islas que descubren, recibe constancia de ellas por quienes las conocen o las vivieron directamente, y en algún momento dado se ven obligados a acudir a él al necesitar sus servicios.
(Zaña-Santiago de Miraflores-Perú)
Es el mestizo Juan Torres quien, pasados unos años y a modo de memorias de esta expedición, decide relatar todo lo sucedido en esta expedición histórica que conduciría a la flota mandada por el almirante Álvaro de Mendaña, y de la que formaba parte la nao Santa Ysabel, hacia tierras desconocidas. A través de este relato evocador, narra en primera persona todos los acontecimientos que vivió desde que se enrola voluntario en la expedición, de cuyas causas ya se dio constancia en el párrafo anterior. El protagonista y narrador utiliza un lenguaje sencillo pero muy cuidado, con el que se trata de aproximarse lo máximo posible al español utilizado a finales del siglo XVI, efecto con el que el autor logra que el lector tuviera la sensación de leer una obra obra clásica. A través de esos recuerdos inolvidables, cuenta episodios tristes y dolorosos en varias fases de su relato, si bien tampoco faltan hechos en los que están presentes la alegría, el jolgorio y la pasión. Supongo que me pasaría lo que a la mayoría de quienes leyeron Las islas de Ponientes, porque uno se queda prendado de este personaje, desde que me cuenta las correrías que vive en Santiago de Miraflores, en las que actuaba como un verdadero pícaro, si bien le llevarían a prisión una reyerta que tuvo con el hijo de un acaudalado personaje, con el que se volvería a topar en la nao Santa Ysabel. Y es que no es para menos esa atracción que uno siente hacia el protagonista y narrador de esta novela, porque muestra tal evolución y madurez a lo largo de los capítulos, que consigue no resultar indiferente tanto al lector como a quienes con él comparten travesía.


Las islas de Poniente ofrece al lector un fresco en el que el narrador refleja diversos aspectos de la sociedad del virreinato del Perú. Julio Alejandre muestra a través de las páginas de esta atractiva y apasionante novela de aventuras y descubrimientos el día a día de quienes «no sienten el peso de la tela que fabrican las arañas, con hilos tan leves e invisibles que no se siente su peso ni se sospecha su existencia hasta que están presos en ella, sin posibilidades ni manera de escapar» (pág. 19). De esta forma, el destino une a personajes que pertenecen a diferentes clases sociales, que se enrolarán en una expedición con un final incierto, atraídos por diversas circunstancias que les mueven a unirse a la expedición organizada por el almirante Álvaro de Mendaña. Una expedición que está formada por un amplio elenco de personajes que tendrá que convivir en una nao que adquiere proporciones diminutas en la inmensidad del océano. El lector no perderá detalle de todo lo que relata Juan Torres, desde que esta incierta empresa empieza a coger forma en el virreinato del Perú, así como todo lo que sucede a bordo de la Santa Ysabel, en donde tienen una serie de episodios marcados por las traiciones, los crímenes, las penurias y las aventuras de un puñado de expedicionarios que, perseguidos por una fatídica profecía, luchan por el poder, la codicia o la mera supervivencia. Episodios de igual calado seguirán en las islas Salomón, o las Marquesas, en las que se tendrán que enfrentarse a combates con los indígenas, pese a que en u principio habían recibido a los colonos y demás personajes embarcados en la nao Santa Ysabel, pero una serie de incidentes que tienen lugar sobre todo en las islas Salomón derivarían en duros, encarnizados y en ocasiones desiguales enfrentamientos armados. El lector se familiarizará con las maniobras que realizan los marineros a bordo de la nao en cada singladura, los instrumentos por los que se rigen los pilotos para conocer la ruta que tienen que llevar, calcular los datos que les son necesarios para la navegación o cómo buscar los vientos que les sean favorables. También se enfrentan a los peligros de la mar, así como las penurias y enfermedades que pasan a bordo.
(Islas Salomón)
Juan Torres presenta a lo largo de los capítulos a un muy amplio elenco de personajes que embarcan principalmente en la nao Santa Ysabel, ya que los que se enrolan en las otras tres embarcaciones que conforman la flota tienen muy poca presencia en su narración. Pese a que el elenco es muy amplio, el lector se encuentra con la relación del mismo en el índice de personajes que antecede al cuerpo de la novela. Todos ellos son de distinta procedencia y condición social, que tendrán que convivir en esa larga jornada en un espacio tan reducido, y cuya relación proseguirá en las islas que descubrirán en la ruta marcada. Sin embargo, el lector se familiarizará con el paso de los capítulos con los personajes secundarios que más peso tienen a lo largo del desarrollo de la trama. Entre los que atrajeron mi atención destaco, a parte del ya mencionado Juan Torres, los capitanes Francisco Mondéjar o Bernal Flores; el cabo Hernán Vicente, con quien el narrador fraguará una estrecha relación; Abel Hinojosa, por la enemistad que mantiene desde su encuentro en Santiago de Miraflores, y que se incrementará a lo largo del desarrollo de la trama; el piloto Sebastián Valiero, quien le enseñará aspectos de la navegación, dado el interés mestizo el mestizo, y otros personajes de a bordo, como el escribano y bachiller Luis Herrera o el capellán Joaquín Saavedra, que se embarcó con el firme propósito de adoctrinar en la verdadera religión a los indígenas, aunque tampoco me olvido del singular marinero Figueroa, aunque prefiero que sea el lector quien conozca la particularidad que caracteriza a este personaje. Entre las mujeres que no dudan en embarcarse en un viaje tan largo duro, y no falto de penurias, destacaría a Elena Navarrete, de quien está prendado Juan Torres desde que la vio en la ciudad antes mencionada, y que da muestras de una gran evolución según pasan los capítulos, pero que también deja claro cuál es su posición en la escala social que ocupa, aun formando parte del pasaje de la nao; Juana Alonso es otro personaje femenino ue atrae la atención del lector, tanto por el pasado que la acompaña y que está en boca de todos, pero que se va convirtiendo en una mujer diferente a la que había embarcado en el puerto de Cherrepe, sin olvidarme de Frasquita, con quien es fácil empatizar, porque tiene tal capacidad de supervivencia que es digna de admiración, por las dificultades, amarguras y penurias a las que se enfrenta, y de cuya actitud es consciente el protagonista y narrador de esta novela.

Sin duda alguna, supuso para mí un grato descubrimiento conocer la narrativa de Julio Alejandre Calviño al tener la oportunidad de leer su novela Las islas de Poniente, con la que quedó finalista del VII Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda en 2019. El lector disfrutará con una apasionante novela de viajes y descubrimientos, pese a que su lectura es pausada porque domina la narración frente al diálogo, pero que merece la pena afrontar esta novela en la que el autor ficciona el posible destino que pudo tener la nao Santa Ysabel, desde el momento en el que hay constancia de su desaparición, pese a que formaba parte de la flota que fletó el almirante Álvaro de Mendaña para partir hacia la jornada de las islas Salomón.


Biografía:


Nací en el Madrid de los sesenta. Cursé magisterio en la universidad Autónoma de Madrid y más tarde pedagogía en la universidad Complutense. Pasé una década en América Central, entregado en cuerpo y alma al sufrido oficio de cooperante. De aquella época me quedaron unas cuantas arrugas, muchos amigos, el amor por la literatura hispanoamericana y un sinnúmero de historias por contar. En la actualidad resido en Azuaga, Badajoz, y me dedico a la orientación educativa.

Ha obtenido premios en certámenes de relatos y novela. Con su novela Las islas de Poniente fue finalista del Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Otras obras del autor: Héroes, tumbas y libros perdidos. Madrid, Ed. Complutense, 2012. Seis mil lunas. Madrid, Ed. Antígona, 2013. Reporte de una boda y un entierro. Murcia, Ed. Tres Fronteras, 2015. VVAA. Universos de papel. El baúl de los recuerdos. Azuaga, Badajoz, Asociación Entre Pueblos, 2014. Pgs. 143-166.

Nota: Datos técnicos, sinopsis y fotografía del autor, tomada de la web de Pâmies. Biografía del autor, tomada de la web aeex.es. Imagen de Álvaro de Mendaña tomada de la Wikipedia. Imagen de Zaña-Santiago de Miraflores, tomada de la web Perú, Arte, Patrimonio. Imagen de las islas Salomón tomada de Wikipedia. 

10 comentarios:

  1. Tengo que reconocer, mi querido Paco, que no soy nada dada a este tipo de lecturas, me unes histórica y ultramar y la hemos liado 🙄
    No te digo que un día me dé el repente el viento y me ponga a leerla, pero hoy por hoy no me atrae, aunque tengo el lector ideal... pero que se la compre él 😂😂😂
    La reseña fantástica, como siempre.

    Besos 💋💋💋

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  2. Pues tenía apuntada esta novela pero me he ido olvidando de ellla y la verdad que después de leerte me apetece.
    Besos

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  3. Pedazo de reseña que has hecho. Leí esta novela hace poco y la disfruté más de lo que esperaba. Que normalmente estas aventuras de barcos terminan aburriéndome, pero no fue este el caso. Me ha ganado el autor con esta novela.
    Besotes!!!

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  4. No me llama la atención, lo dejo pasar. Enhorabuena, qué buena reseña. Muchos besos.

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  5. Paco este libro es ideal para mi marido. He visto otras reseñas y la tuya viene a confirmar que a él si le puede gustar. Su santo es en junio y para entonces espero que las librerías estén abiertas para poder comprárselo. También espero que estés bien. Besos

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  6. Hola Paco, estupenda reseña. Me encantan las novelas de aventuras, y ya le había echado el ojo a esta novela en otros blogs y ahora definitivamente me la llevo. Besinos.

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  7. Ese premio Ciudad de Úbeda está dando a conocer novelas muy interesantes
    De ésta me llama poco las aventuras en el mar, me suelen dar pereza. Pero la apunto con interrogante porque tu reseña me ha convencido
    Besos

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  8. Hola Paco, no conozco la historia pero muchas gracias por tu recomendación. :)

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  9. Espectacular reseña Paco, sin duda una historia muy interesante. A mi me has convencido, reconozco que sé poco sobre esas tierras pero me encantaría conocer más la historia ficcionada de Álvaro de Mendaña y el mestizo Juan Torres. Un abrazo

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  10. Pues aunque no es un género que en principio me atraiga, eso de la nao que desparece y que todo lo cuente un participante en la expedición años después y el descubrimiento de Australia... algo me atrae de este libro. A ver si le llega el turno.
    Un beso.

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