miércoles, 13 de junio de 2018

Bye, bye, Heidelberg, de Carmen de la Rosa





















Datos técnicos:


Título: Bye, bye, Heidelberg
Autora: Carmen de la Rosa
Editorial: Anantes Gestoría Cultural
1ª edición: Octubre/2017
Idioma: Español
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 9789494707650
Nº pág.: 220



Sinopsis:



El Kommissar Lucas Mester Japón, de familia española y ascendencia japonesa, se enfrenta a un caso desconcertante: el concejal de urbanismo de Mannheim ha aparecido asesinado en un muelle del Rin junto a un exclusivo club donde sus socios realizan algo más que negocios de altos vuelos. Todo indica que el crimen está relacionado con la corrupción urbanística que rodea las bases americanas de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en el curso de la investigación surgen sospechas sobre el alcalde de Mannheim, una banda de narcotraficantes colombianos, un grupo de neonazis y un general americano.



Opinión Personal:



De Carmen de la Rosa leí tres novelas que se pueden encuadrar en narrativa, género literario que es como un cajón de sastre porque cada una de los títulos que lo conforman contienen rasgos de otros géneros literarios más concretos. Bye, Bye, Heidelberg es la cuarta novela que leo de esta autora sevillana afincada en Heidelberg, la ciudad alemana que forma parte del título que hoy reseño. Me sorprendió su incursión en la novela negra, pero he de reconocer que este cambio de registro me causó una grata impresión, aunque todavía se nota que en ella hay ingredientes que pueden encontrase en sus anteriores obras literarias aunque, pese a ello y en mi modesta opinión, entiendo que Bye, Bye, Heidelberg puede catalogarse claramente como novela negra, como bien podrá comprobar el lector a lo largo del desarrollo de la trama, no ya en el proceso de investigación del caso en cuestión, sino de cómo se van sucediendo los episodios propios de este género a medida que el desenlace está cada vez más próximo, en el que el comisario Mester Japón sabrá quién o quiénes están detrás de la muerte de Andreas Kurtz, concejal de urbanismo de la ciudad alemana de Mannheim. Y, sobre todo, porque se encontrará con otro caso relacionado con el narcotráfico, lo que le da a la trama una clara influencia de la novela negra más genuina del género, como se podrá comprobar en algunas escenas que son muy propias del mismo.
(Hammond Barracks Mandheim-Alemania)
Al igual que en las tres novelas que leí de Carmen de la Rosa, me vuelvo a encontrar con un narrador en primera persona, aunque en esta ocasión utiliza el tiempo presente y, tal y como está estructurada en capítulos muy cortos todos ellos fechados, que abarcan un período de cuatro meses, desde el 10 de abril de 2015, hasta el viernes 10 de julio de ese mismo año—, algunos de ellos de un par de páginas, lo que me hizo pensar que el comisario estaba relatando al lector sus confidencias, porque en algunos de los episodios nos encontraremos con situaciones muy personales, que le confieren a la novela rasgos característicos de un diario. La otra novedad que me encuentro en Bay, bay, Heidelberg es que es el propio comisario Mester Japón quien lleva las investigaciones de este su primer caso, porque tal y como finaliza la novela, aunque éste queda totalmente resuelto, me dio la impresión de que no tardaremos en tener noticias de este personaje, que seguro atraerá la atención de los amantes de este género literario, por el carisma que tiene y la cercanía que muestra en cada una de las escenas en las que toma parte. En esta primera incursión de Carmen de la Rosa en el género negrocriminal, sigue notándose el destacado papel que la mujer desempeña a lo largo de la trama, encontrándose el lector con diversos personajes femeninos que guardan relación directa con el protagonista, o bien son personajes que forman parte del caso a investigar, en uno u otro sentido.

Otro rasgo que me llamó la atención en esta novela que hoy reseño es que quien lleva el peso de la investigación es el propio comisario, si bien ayudado por dos personajes a los que tiene en gran estima, por la eficiente labor que realizan, como lo podrá comprobar el lector a la hora de definir el protagonsita la actuación de sus subordinados: el inspector Müller, a quien define como un personaje muy competente, nada agraciado, y con un carácter muy formal, aunque según él es un lobo solitario; luego nos encontramos con el joven asistente Baum, un agente despabilado recién salido de la academia. Y comento esto porque en la novela negra o thriller escrita por cualquiera de los autores españoles que frecuentan estos dos géneros literarios, quienes llevan a cabo las investigaciones del caso de turno son los inspectores, o bien miembros de inferior rango de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, o detectives privados, los que realizan el trabajo de campo para cumplir las órdenes recibidas por el comisario. En este sentido, me imagino que Carmen de la Rosa se ajustaría a cómo se llevan a cabo estas investigaciones en Alemania.
Heidelberg
Creo que la sinopsis de Bye, Bye, Heidelberg, da una idea clara y concisa de lo que se va a encontrar el lector a lo largo del desarrollo de la trama. Y es que soy de los que le gustan que en ella se refleje el eje sobre el cual va a girar el contenido de la novela, a parte de las subtramas que luego se deriven de ella. De hecho, el comisario comprobará cómo se le acumula el trabajo, porque a la corruptela urbanística que se menciona en la sinopsis, en el curso de la investigación surgen sospechas sobre el alcalde de Mannheim, una banda de narcotraficantes colombianos, un grupo de neonazis y un general americano. Y, como siempre, asocio a la sinopsis el título, porque entiendo que debe de hacer también referencia a lo que nos vamos a encontrar a lo largo de los capítulos. En esta ocasión, el título es directo y efectivo aunque, como ya es habitual en mí, me preguntaba sobre el porqué del mismo. En la primera parte de la sinopsis se habla de las bases americanas de la Segunda Guerra Mundial, por lo que llegado un momento determinado de la lectura me dije que el título era acertado pero, como se decía en un mítico concurso televisivo, aunque cambiando un poco la famosa frase, no puedo comentar más de lo que acabo de citar, porque desvelaría más de la cuenta, e influiría en la decisión que otros lectores pudiesen tomar a la hora de darle una oportunidad a esta novela. 

Al igual que en las anteriores novelas de Carmen de la Rosa, el punto fuerte de Bye, Bye, Heidelberg son los personajes que desfilan por sus páginas. El lector se encontrará con un elenco de carne y hueso, cercanos y carismáticos, que se ganan su empatía a medida que avanzan los capítulos. Aunque el comisario Mester Japón es el protagonista de la novela,  sin embargo, puede decirse que estamos ante una obra coral, porque los secundarios tienen un peso fuerte en la trama, salvo alguno que otro cuya presencia es más bien testimonial, muy propia en las investigaciones que se llevan a cabo. El comisario Mester vive por y para su trabajo, aunque también está muy pendiente de Estrella, su madre, a quien no deja de visitar, cuando el trabajo se lo permite, en la clínica Krankenhaus Sat. Vincentius, donde es cuidada por Maribel, una española a la que le tiene mucho cariño. Ambas encarnan dos formas diferentes de la emigración de nuestro país.  Junto a estos personajes femeninos, hay otros del mismo género que desempeñan un papel destacado en la novela, aunque estos ya guardan relación con las investigaciones que se llevan a cabo tras haber sido hallado el cadáver del concejal de urbanismo de Manheim. Es el caso de Carla Kurtz, viuda del fallecido, o la misteriosa Nancy, porque me pregunté en más de una ocasión qué pintaba este personaje en todo este entramado que traía en jaque al comisario. En lo que a personajes masculinos se refiere, el comisario Mester está divorciado y llamará la atención del lector el hecho de que le atrae la música clásica y la poesía. Entre los personajes masculinos, el que más me llamó la atención fue Peter, que comparte planta en el edificio en el que vive el comisario. Es un personaje extravagante donde los haya, que llamará la atención sobre todo por su estrafalario atuendo. Quizás la presencia de este personaje se me hizo un tanto recargada en la novela; en mi modesta opinión, creo que se le hubiera sacado más partido a medida que se presentía lo que se estaba fraguando en el dúplex de su propiedad, que está en el mismo edificio en el que también  vive el protagonista de esta novela. El comisario Mester compartirá elenco masculino con otros personajes que están relacionados directamente con el caso de corruptela urbanística o el de narcotrárfico, incluyendo al fallecido Andreas Kurtz, de quien iremos conociendo retazos de su vida a partir de los interrogatorios que se realizan a los investigados que tuvieron algún tipo de relación con el fallecido en algún momento dado de su vida.  


Bye, Bye, Heidelberg es una novela dinámica, por las diversdas localizaciones por las que se mueven los personajes, ubicadas sobre todo en Heidelberg y Mannheim, aunque el comisario también se desplazará a Italia, con parada en Vicenza y Venecia. A lo largo de la novela, se nota que Carmen de la Rosa disfruta de la ciudad en la que vive actualmente, Heidelberg, por cómo describe los escenarios que nos encontramos a lo largo de la novela, sirviéndose de algunos de los lugares más emblemáticos de esta ciudad para ubicar en ellos escenas trascendentales en el desarrollo de la trama. En este sentido, destacaría el papel que desempeña en la trama el triatlón que se celebra en esta ciudad atravesada por el río Neckar: me encantó el jugo que le sacó la autora a esta prueba atlética, a la hora de situar en ellas escenas en las que los narcos desempeñan un papel relevante.  Las descripciones que hace la autora de ambas ciudades son claras y concisas, sobre todo las de Heidelberg, por lo que seguro que a más de un lector le entrarán ganas de visitarla y conocer en vivo y en directo los espacios que se mencionan en la novela.

Como ya es habitual en la narrativa de Carmen de la Rosa, el estilo que emplea en Bye, Bye Heidelberg es cercano, natural y muy directo, con la variante de emplear en esta novela elementos narrativos propios del género, y esa mezcla que hace con expresiones propias de su tierra andaluza y otras en alemán, e incluso alguna en inglés, puestas estas últimas en boca de Peter. El lector tiene ante sí una novela de lectura fluida, escrita con un ritmo que no decae prácticamente a lo largo del desarrollo de la trama. Destaca el claro dominio de los diálogos frente a las descripciones, con unas conversaciones muy vivas y dinámicas, como ya es habitual en la autora sevillana afincada en Heidelberg. En mi modesta opinión, el lector se encontrará con una investigación atractiva, y bien cerrada, y la historia personal de algunos de los personajes que desfilan por sus páginas, que forman un entramado bien hilvanado, provocando algunas dudas en lo que se refiere a los dos casos que finalmente tiene que resolver partiendo de la muerte del concejal de urbanismo, porque no sabremos si ambos guardarán relación o no hasta el desenlace de esta adictiva lectura.


Biografía:


Carmen de la Rosa ha publicado las novelas El Al Mizar (2011), El inglés de Serón (2012), La carta de Lucrecia (reseña) (2014), Amapola, 15 (reseña(2015) y Acuario con peces rojos (reseña) (2016), así como el libro de cuentos solidario ¡Arre, burro, arre!

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, realizó dos años de Doctorado y un curso de Relaciones Internacionales en el Instituto Ortega y Gasset de Madrid. Obtuvo la licencia de piloto privado y el título de profesora de danza española en el Conservatorio de Murcia. Tiene un blog culinario, fruto de sus estudios de gastronomía en Le Cordon Bleu de Londres y de su experiencia como chef en la agencia de publicidad GoYa!, que fundó hace una década en la localidad alemana de Heidelberg.
Carmen de la Rosa nació en Sevilla y ha vivido en Almería, Madrid, Múnich, Hamburgo, usseldorf y Londres. Actualmente reside en Heidelberg.

Nota: Datos técnicos, sinopsis, biografía de la autora y fotografía de Carmen de la Rosa, tomados de la web  de Anantes Gestoría Cultural. Imagen de Hammond Barracks en Mandheim, tomadas de la web de Rein Neckar Zeitung. Imagen de Heidelberg, de CruiseMapper. Imagen del Restaurante Rossini, de www.gastroguide.de.






13 comentarios:

  1. No me llama mucho la atención. La dejo pasar.

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  2. No había oído hablar de esta autora que veo lleva ya cuatro novelas, según lo que dices. Me gusta la narrativa y me gusta la novela negra. Podría ser una buena opción lectora aunque no sé si de todas, quizá sea Amapola 15 la que más me ha llamado la atención.
    Me apunto la autora como posibles lecturas

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  3. No acaba de convencerme aunque sí tengo apuntada otra novela de esta autora.
    Un beso

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  4. Conocía a la autora pero no el libro, tiene ingredientes potentes, despierta curiosidad en cómo los arma. Buena reseña.
    Besos

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  5. ¡Ah! pues sí sí sí Paco, está me gusta esta es de las mías, tengo que llevármela anotada a esa enoooorme lista que no tiene fin 😏

    Buena reseña.
    Besitos carinyet 💋💋💋

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  6. No he leído nada de la autora, pero este no me convence del todo. De momento, lo dejo pasar.
    Besos

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  7. Pues no conocía ni libro ni autora... apunto ambos =)

    Besotes

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  8. Pues no tiene mala pinta, pero con tanto del género pendiente, prefiero dejarlo pasar.
    Besotes!!!

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  9. Este no termina de llamarme en esta ocasión, Paco lo dejo pasar
    Besos

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  10. A mí esta autora me gustaría conocerla pero con alguna de sus otras novelas. Esta no la veo mal, pero tengo mucho de novela negra en casa y la dejo pasar.
    Besos

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  11. Tengo a la autora pendiente desde hace tiempo y espero hacerle un hueco pronto, aunque no se si será con esta novela o con alguna de las anteriores. Besinos.

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  12. Un giro que no esperaba en la narrativa de Carmen. A ver qué tal la siguiente. Besos

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  13. Es una autora que vino a Sevilla y no pude asistir a la presentación de su libro, me hubiera gustado mucho poder conocerla. Buena reseña Paco.

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