miércoles, 30 de noviembre de 2011

Yo, Claudio




Para todo aquel lector o lectora que quisiera iniciarse en el conocimiento de la Historia Clásica, sobre todo, en lo referente a la Roma Imperial, a la Grecia Clásica o al Egipto Antiguo, recomendaría, a mi modesto entender, que se leyese y disfrutase de tres joyas literarias ambientadas en esa época: Sinuhé, el egipcio, de Mika Waltari, Los Mitos Griegos, de Robert Graves y Yo, Claudio, también de este autor.

Quién iba a decir que “Claudio el Idiota”, “Ese Claudio”, “Claudio el Tartamudo” o “Cla-Cla-Claudio”, o cuando mucho, “El pobre tío Claudio”, como así le llamaban sus familiares, al que mantenían apartado de los cargos y honores públicos que le hubiesen correspondido por su nacimiento, iba a ser uno de los emperadores bajo cuyo reinado el Imperio Romano atravesó su periodo de mayor expansión tras la época de Augusto. Sus defectos físicos –era cojo, tartamudeaba al hablar y tenía algunos tics nerviosos- hicieron que sus familiares lo tomasen por un caso perdido, y fuese maltratado y despreciado. 

Pero Claudio se aprovecha de esta exclusión y dedica todo su tiempo a leer e instruirse, algo que le reportará grandes herramientas para escribir sus propios tratados de historia y este  alejamiento le librará de las purgas que la propia familia efectuaba entre sus componentes, que aun despreciado por su abuela Livia, Claudio procuraba no llevarle la contraria, igual que a su tío Calígula, salvándose de ser eliminado, como tantos otros miembros familiares.

Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-demás-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos) que otrora, no hace mucho tiempo, fui conocido...” Así comienza la supuesta biografía de este emperador, que nunca quiso serlo, y digo supuesta porque es una historia novelada de su vida escrita por Robert Graves. Esta escena la interpreta, de forma magistral, el actor británico Dereck Jacobi, en la miniserie producida en el año 1976 por la BBC. 

 Robert Graves (Wimbledon, Londres, 24 de julio de 1895- Deià, mallorca, 7 de diciembre de 1985), se alistó en el ejército en el cuerpo de fusileros, al estallar la Primera Guerra Mundial , siendo herido de tal gravedad en la batalla del Somme, que su familia llegó a ser informada de su fallecimiento. Pero se recuperó, aunque le quedaron secuelas en los pulmones y pasó el resto de la guerra en Inglaterra, tratando, sin lograrlo, de reincorporarse al frente. Su primer volumen de poesías fue publicado en 1916, aunque más tarde intentaría ocultar las que escribió durante la guerra. Como poeta son conocidas sus composiciones Hadas y fusileros y Poemas completos. Sus mayores éxitos los logra con novelas históricas, Yo, Claudio y su continuación Claudio el dios y su esposa Mesalina, Rey Jesús o El conde Belisario. Es autor también de una autobiografía suya Adiós a todo eso, que sería posteriormente revisada por él mismo. Escribió sobre mitología obras como La diosa blanca, Los mitos hebreos, Los mitos griegos y Dioses y héroes de la antigua Grecia. 

 Escrita en primera persona, esta novela consta de 34 capítulos y en ella el emperador Claudio va relatando, en los últimos días de vida, sus memorias. En ellas el anciano césar nos va descubriendo los acontecimientos y personajes que influyeron en la Roma imperial desde el reinado de Augusto, pasando por Tiberio y Calígula, sus tres antecesores, dándonos a conocer las disputas familiares por el poder, utilizando todos los medios posibles para conseguirlo, incluidos los asesinatos, y la corrupción. Destaca el papel de su abuela Julia, experta en asesinatos,  que manejaba como marionetas a todo aquél que estaba a su alrededor, pues, como decía el propio Claudio, Augusto reinaba en Roma pero Julia mandaba en Augusto. Esta turbia etapa lo único que consiguió fue el definitivo declive de Roma. Nos cuenta también su nacimiento, infancia y las precarias condiciones físicas que la marcaron, su relación con Livia esposa de Augusto, quien a pesar de despreciarlo lo utiliza después para convertirse en diosa (post mortem), los matrimonios que tuvo y su rocambolesca ascensión al poder, pues en Senado romano quería a un títere al que dominar. 

Son varias las fuentes en las que se inspiró Graves para escribir esta novela.  Era un gran lector de los clásicos, de los cuales se aprovechó, como Tácito, por ejemplo, del cual figura un texto en la primera página. “Una historia que fue sometida a toda clase de tergiversaciones...” De ellos se aprovechó para obtener un conocimiento puntual y perfecto del siglo primero después de Cristo y de la agitada vida de la sociedad romana.

La novela carece en muchos momentos de acción. Hay capítulos enteros en los que no aparecen diálogo alguno. Son narraciones puras y duras.  Al ser un gran conocedor de los historiadores clásicos, intenta imitar su estilo con descripciones muy detalladas de personajes y hechos. Semeja una crónica de la época y cargada de fidelidad histórica, lo que nos lleva a confundir qué parte de la misma es ficción y cuál es realidad. Son especialmente interesantes las descripciones de los mandatos de Tiberio y por encima de todos el de Calígula, un auténtico demente que se creía Dios.

Aunque al principio se nos haga un poco tediosa, va de menos a más, aunque haya unos capítulos que resulten más interesantes que otros. Quizá la parte más atractiva sea la llegada de Calígula al poder.

La novela resulta en su conjunto interesante, por el período que abarca pese a las atrocidades que en él se cometieron. Es una verdadera joya literaria. Un gran trabajo realizado por el autor al haber conseguido una novela histórica que trata, realmente, sobre historia, por lo que recomiendo su lectura aunque el lector no espere un relato ligero, pues está lleno de muchas dosis de realismo, lo que ralentiza un tanto su lectura, pero no por eso deja de entretener y de que uno se vaya encariñando con el personaje
 
Título original: I, Claudius
RBA Editores S. A., 1993.
Traducción cedida por Ana Silva Mazía
ISBN: 844730146X
Nº pág.: 463

1 comentario:

  1. Hace mucho que ví la serie. Me interesó y gustó. De lo mejorcito que pasaron por la Tele. Tengo el libro y la serie. Aprendí de ella. Bien enfocada, a veces se afloja un poco, pero mantiene el interés. Muy buena interpretación y cronología histórica...

    gracias, Paco, por traernos esta reseña de una gran joya literaria.
    Un abrazo.

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