jueves, 2 de julio de 2020

Entrevista a Julio Alejandre Calviño, autor de Las islas de Poniente.














El 24 de abril del presente año reseñé en este blog Las islas de Poniente, novela con la que Julio Alejandre Calviño quedó finalista en el Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda 2018. El lector que disfrute con este género literario, disfrutará de una historia muy entretenida, que incita a seguir con interés el resultado incierto que significa una expedición marítima como la que se organizó a finales del siglo XVI, en la que la nao Santa Ysabel forma parte de una flota que tiene como objetivo la conquista de las islas Salomón y el descubrimiento de las Regiones Australes.

Biografía.-


Nací en el Madrid de los sesenta. Cursé magisterio en la universidad Autónoma de Madrid y más tarde pedagogía en la universidad Complutense. Pasé una década en América Central, entregado en cuerpo y alma al sufrido oficio de cooperante. De aquella época me quedaron unas cuantas arrugas, muchos amigos, el amor por la literatura hispanoamericana y un sinnúmero de historias por contar. En la actualidad resido en Azuaga, Badajoz, y me dedico a la orientación educativa.

Ha obtenido premios en certámenes de relatos y novela. Con su novela Las islas de Poniente fue finalista del Concurso de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Otras obras del autor: Héroes, tumbas y libros perdidos. Madrid, Ed. Complutense, 2012. Seis mil lunas. Madrid, Ed. Antígona, 2013. Reporte de una boda y un entierro. Murcia, Ed. Tres Fronteras, 2015. VVAA. Universos de papel. El baúl de los recuerdos. Azuaga, Badajoz, Asociación Entre Pueblos, 2014. Pgs. 143-166.

Entrevista: 

Francisco Portela.- Gracias por concederme esta entrevista, Julio. Espero que tras esta batería de preguntas quienes no hayan leído Las islas de Poniente sientan más interés por tu novela.

Julio Alejandre Calviño.- Soy yo quien te está agradecido. Gracias a ti y a otras personas que, como tú, gustáis de leer en profundidad las novelas y escribir sobre ellas, los lectores pueden conocer algo más que las escasas líneas de la contraportada de un libro, y los escritores tenemos una gran oportunidad para ganarnos su confianza.

1) F. P.- Si bien Las islas de Poniente es una novela histórica, al principio de mi reseña comento que disfruto con las novelas de aventuras, pero que en este caso el significado de aventura no es el habitual con el que el lector asocia a las novelas que se encuadran en este género literario.

J. A. C.- Creo que tradicionalmente el género de aventuras, quizá influenciado por el cine de acción, nos sugiere algo más acorde con la idea de “aventuras trepitandes” que con “la aventura” de la humanidad. Las islas de Poniente nace de la admiración y asombro por esas odiseas vitales de viajeros anónimos que, embarcados en cascarones de nuez, se lanzaron a la conquista del Pacífico.

2) F. P .- Se agradece cuando un autor nos descubre hechos históricos apenas conocidos. ¿Qué te atrajo sobre este episodio protagonizado por la nao Santa Ysabel para novelar su participación en la jornada de las islas Salomón?
J. A. C.- La incertidumbre acerca de su destino de la Santa Ysabel. En la fuente principal que hay sobre la expedición de Álvaro de Mendaña a las islas Salomón, escrita por el piloto mayor de la flotilla, se menciona la “extraña” desaparición de la nao una noche de buena mar y viento en calma, y no halló ningún rastro de ella pese a que dedicaron unos días a buscar los restos de su posible naufragio. ¿Quién puede quedarse indiferente ante tamaña incógnita? Y sentí inmediatamente el deseo, casi la necesidad, de escribir qué ocurrió con ese barco.

3) F. P.- Pese a la desaparición de esta nao, la historia que planificas es muy verosímil. En la nota histórica que acompaña al cuerpo de la novela explicas la documentación en la que te basaste para dotar a la trama de esa verosimilitud. ¿Tenías claro el esquema del viaje que seguiría la Santa Ysabel, o iba parejo a la documentación que recopilabas?

J. A. C.- En realidad, el primer tercio de la novela sigue con bastante fidelidad el itinerario de la flota como aparece en los libros de historia. Es a partir de la separación de la nao cuando, digamos, el novelista toma el timón para narrar qué pudo ocurrirle a aquella nao y sus tripulantes, intentando hacer indistinguibles la realidad histórica de la ficción.
En cuanto al esquema del viaje que seguiría la Santa Ysabel, lo cierto es que me lo fueron soplando los hallazgos más actuales de investigadores australianos y polinesios, que sitúan a la nao en alguna de las islas Salomón o en las costas de Australia orienta. Después, a medida que profundizaba sobre el siglo XVI y me documentaba mejor, en especial en asuntos médicos y cartográficos, fui modificando algunos episodios y añadiendo otros. Y el “tornaviaje” por el Pacífico sur fue algo que se le ocurrió a uno de los personajes, el piloto de la nao, hombre curioso y entendido de las cosas de la mar. Yo no tuve nada que ver.

4) F. P.- En Las islas de Poniente el lector se encuentra con un amplio elenco de personajes que conforman esta expedición. ¿Te resultó muy difícil reunir a unos personajes que se ajustaran a las jornadas que se realizaban en el siglo XVI, sobre todo teniendo en cuenta que había que enrolar a tripulantes y colonos ante un incierto viaje como este?

J. A. C.- A la hora de trabajar los personajes, tuve la enorme fortuna de encontrar la relación de los tripulantes y pasajeros de la expedición, que se conserva en el Archivo General de Indias. Aunque una simple lista nada te diga sobre la personalidad y vida de cada uno de ellos, tener sus nombres, apellidos y ocupaciones, fue como poseer el cabo de la madeja para desarrollarlos posteriormente.
La documentación existente sobre esta y otras expediciones, me ayudó a hacerme una idea del tipo de gente que se embarcaba en una aventura así y conocer sus motivaciones y esperanzas. Allí iban soldados y marineros en busca de fama y fortuna, oficiales, presos que se enrolaron a cambio de obtener la libertad, ricohombres con sus pajes y criadas, y un buen grupo de familias humildes, con mujeres y niños, como en esos buques llenos de emigrantes que zarpaban de Galicia rumbo a la Argentina el siglo pasado. Pero sólo los marineros más experimentados y el grupo más cercano a don Álvaro de Mendaña sabían realmente las dificultadas y peligros a los que se enfrentarían a lo largo de la expedición.

5) F. P.- Supongo que más de un personaje te pondría en un buen aprieto a la hora de atarlo en corto para que se ajustase a la perspectiva que habías establecido para cada uno de ellos, con el añadido de que en la novela el lector se encuentra con un elenco numeroso. ¿Planificas su personalidad desde un principio o va evolucionando según su participación en los episodios en los que toman parte o les influye?

J. A. C.- Un poco de las dos cosas. Una parte importante de la planificación de la novela fue construir perfiles más o menos claros de los personajes principales. Pero luego, la propia escritura de la novela, de cada episodio, de cada descripción o diálogo, te obliga a meterte tanto dentro de la cabeza de cada uno de ellos que acaban teniendo independencia y vida propia. Y cuando un personaje está tan definido, se vuelve más intrusivo y te “exige” que seas coherente con la personalidad que tú mismo le has dado. Algunos no me dejaron, literalmente, que pusiera en su boca palabras que no querían decir.
Los personajes secundarios han sido más imprevisibles. Cuando planificas la historia están poco definidos, como siluetas en la niebla, pero a medida que avanzas en la escritura y te acercas a cada episodio, van saliendo del limbo para pasar de largo o quedarse con peso propio. Un ejemplo: la niña Frasquita, que en principio iba a ser un personaje de relleno, alzó la voz para decir “aquí estoy yo” y me fue hechizando de tal manera que no tuve más remedio que dejarla corretear por las cubiertas de la nao. Algo parecido me ocurrió con Félix Carrasco o con el bachiller Herrera.

6) F. P.- Entre ellos destaca la peculiaridad del protagonista y narrador: el mestizo Juan Torres. Me quedé prendado de este personaje desde las primeras páginas, sobre todo porque sus inicios me recordaban a los famosos pícaros del Siglo de Oro. ¿Por qué te decides por tan singular narrador? ¿Tienes claro cuándo utilizar una voz narrativa u otra en un relato o novela?

J. A. C.- Juan Torres es buena gente, uno de esos tipos abiertos que te cae bien al primer vistazo. Çsi hubiéramos podido conocernos y charlar al amor de un buen fuego, delante de unas copas de vino, seguro que nos habríamos llevado estupendamente, y no se habría puesto a alardear de sus muchas aventuras para no apabullarme.
Bueno, bromas aparte. Para el narrador y protagonista de la novela necesitaba un personaje consistente, en el que percibiera claramente el tránsito de la inocencia a la madurez. Aunque algo calavera y bregado en las cosas de este mundo, Juan Torres inicia la singladura con un amor platónico e inalcanzable por una mujer y finaliza con otro más sólido por otra, comienza inocente de violencias y acaba cometiendo homicidio, parte sin vocación y torna casi médico, etcétera. Esta mefamorfosis de Juan Torres es también la de muchos otros personajes secundarios, que se transformarán, para bien o para mal, a lo largo del viaje.
La voz narrativa es quizá el primer problema al que uno se enfrenta al comenzar un cuento o una novela. Hay ocasiones en las que la propia historia te la pide a gritos y otras en las que tienes que darle vueltas y hacer ensayos hasta encontrarla
Para darle más verosimilitud a la novela, yo quería hacer de Las islas de Poniente una crónica, a semejanza de las crónicas que nos han llegado de los viajes y expediciones del siglo XVI, y la primera persona era inevitable.

7) F. P.- Dada la larga lista de personajes, el narrador tiene alguna dificultad de relatar varios episodios tal y como sucedieron. ¿No supone un inconveniente el haber elegido la narración en
primera persona, sobre todo desde el punto de vista objetivo de su narración?

J. A. C.- Cada voz narrativa tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es cierto que usar la primera persona en una novela con tantos personajes es complicado, pero, como comentaba más arriba, también tiene ventajas importantes, como la cercanía y verosimilitud, que era uno de los objetivos de esta narración.
Además, se trata de una historia que transcurre fundamentalmente en el microcosmos de un navío, donde los chismes, hablillas y rumores son la norma y donde hasta el secreto mejor guardado acaba saliendo a la luz, lo cual facilita que un cronista, que además ejerce de médico, pueda tirar de muchos hilos para confeccionar una tela bien tejida.
(Archivo General de Indias-Sevilla)
8) F. P.- Entre los muchos personajes de Las islas de Poniente llama la atención el visionario Figueroa y su profecía de la salvación. ¿Por qué lo incluiste entre los que embarcaron en la nao Santa Ysabel? Aunque como contrapartida está la figura del peculiar padre Saavedra, que me provocó alguna sonrisa.

J. A. C.- Esta ha sido mi primera novela histórica y una de las cuestiones que más me preocupaban era poblar el siglo XVI de personajes de ese siglo, y no utilizarlo como un simple escenario fondo, habitado por personajes con los valores y actitudes del siglo XXI.
Aquella fue una época en la que se vivía la religiosidad con gran convicción y en la que, por desgracia, también había mucha gente que creía en supersticiones, quimeras, adivinaciones y presagios. En especial en situaciones límite, donde la vida pende constantemente de un hilo. Un campo abonado para hombres como Figueroa, en el que confluyeran la ambición de poder y el deseo de manejar los hilos del destino.
Y, por supuesto, en todas las expediciones, por tierra o por mar, iban uno o varios sacerdotes para dar apoyo espiritual a heridos y dolientes, imponer los santos óleos a los moribundos y atraer a la verdadera fe a los pueblos con que se tropezaran. De ahí sale el padre Saavedra, un contrapunto al fanático Figueroa, con sus luces y sus sombras.

9) F. P.- Me atrajeron los instrumentos por los que se rigen los pilotos para conocer la ruta que tienen que llevar, calcular los datos que les son necesarios para la navegación o cómo buscar los vientos que les sean favorables. En un jornada tan larga e incierta, las cartas náuticas suponían más bien una dificultad que una ayuda para los pilotos, como se refleja en algunas escenas relatadas por Juan Torres. ¿No realizaban un viaje un tanto a ciegas dadas las carencias que tenían algunas de las que utilizaban?

J. A. C.- Precisamente en eso estriba la grandeza de aquellas expediciones. La exploración del océano Pacífico y de las Regiones Australes se hizo a costa de muchos ensayos náuticos y cartográficos, muchas desventuras y muchas muertes. Eran los inicios de la Edad Moderna y de un mundo en rápida evolución que, como no podía ser de otra forma, también afectaba a los instrumentos de navegación: el astrolabio, la corredera, la ballestilla o la brújula, que usaban desde hacía tiempo en el Mediterráneo, pero cuyo uso no se dominaba en las grandes travesías oceánicas, a causa de la diferencias entre el Polo Norte magnético y el geográfico.
Quizás aquellos navegantes no eran conscientes de ello, pero con sus arriesgadas expediciones estaban trazando el mapa del mundo como lo conocemos hoy en día. Sus diarios de abordo corregían y rellenaban constantemente las cartas y atlas de la época, ya fuera con el descubrimiento de un continente o de un simple islote.
Un ejemplo de ello fue el descubrimiento del “tornaviaje”; es decir, la manera de navegar el Pacífico desde Asia hacia América. Un barco que saliera de Méjico para Filipinas tardaba unos dos meses en hacer la travesía “de ida”. Pero con los barcos e instrumentos de navegación que había entonces era imposible volver por la misma ruta. Tuvo que pasar medio siglo de intentos frustrados, naufragios y naves desparecidas para que, en 1565, Urdaneta encontrara la forma de hacerlo.
(Pedro Fernández de Quirós)
10) F. P.- El narrador trata de aproximarse lo máximo posible al español utilizado a finales del siglo XVI, efecto con el que logras que el lector tenga la sensación de leer una obra clásica. Supongo que consultarías fuentes documentales que te sirvieran de base para adaptar la narración de Juan Torres al español hablado en el Siglo de Oro.

J. A. C.- ¡Buf! El lenguaje fue el verdadero desafío de esta novela: encontrar un punto de equilibrio donde el uso del castellano antiguo enriqueciese la narración sin hacerla pesada o indigesta.
Las primeras fuentes que consulté, y que me familiarizaron con ese lenguaje y me animaron a utilizarlo, fueron las propias relaciones de la época de los descubrimientos. Por mencionar algunas: Pigaffeta sobre la primera vuelta al mundo, Bernal Díaz del Castillo, sobre la conquista de Méjico, las cartas de Hernán Cortés al rey, y por supuesto la relación de Pedro de Quirós sobre la expedición de Mendaña. Pero son muchísimas, de verdad. Al leerlas me metía verdaderamente en sus expediciones y me empapaba del espíritu de la épocas. Parece mentira que, a pesar del analfabetismo reinante, simples soldados o marineros fueran capaces de escribir sus crónicas con un lenguaje popular y fresco.

11) F. P.- Mientras leía Las islas de Poniente tuve la sensación de que disfrutaba de una lectura de corte clásico, empezando por el protagonista y narrador Juan Torres. ¿Lees muchos autores clásicos? ¿Y cuáles son tus referentes?

J. A. C.- No muchos, tengo que confesar que a los autores clásicos los tengo algo olvidados desde mis años de bachillerato. Pero una de las estrategias que emplee para empaparme de la mentalidad de la época, sus costumbres y su lenguaje fue releerme El Quijote. Y me ayudó mucho, claro.
Mis relaciones más recientes con la literatura clásica son a través del teatro. Me gusta ir al festival de teatro clásico de Mérida o asistir a las representaciones de obras como El alcalde de Zalamea, Fuenteovejuna, etcétera.
En cuanto a nuestra segunda hornada de clásicos, si se puede llamar así a los escritores de la Generación del 98, tengo debilidad por Pío Baroja y su trilogía del mar.

12) F. P.- Se percibe una exhaustiva labor de documentación para planificar y desarrollar la trama. En la Nota Histórica explicas el proceso documental en el que te basaste para construir la historia que relata Juan Torres en primera persona. Tal y como está desarrollada, me dio la sensación de que eres muy meticuloso a la hora de ajustarte a la época en la que te ubicas. ¿Con qué fase disfrutas más en la planificación de una novela?

J. A. C.- La documentación es la piedra angular que sustenta a la novela histórica. Si aquella falla, la novela hace aguas por todas partes, así que me gusta ser exhaustivo. Incluso aunque al escribir no utilices todo lo que has aprendido, la documentación siempre te ayuda a meterte de lleno en el ambiente de la época.
Pero, respondiendo a tu pregunta, una de las cosas que más me gusta es meter en el argumento de la novela detalles, curiosidades y carambolas históricas, que son más abundantes de lo que pueda parecer. Creo que le dan más chispa a la historia.

13) F. P.- Como escritor de novela histórica, ¿cómo ves el panorama nacional en este género literario? Soy de los que opinan que hay buenos autores del género en España, y que no tienen mucho que envidiarles a los foráneos que tienen más renombre. ¿Hay algunos que atraigan más tu atención e incluso influyan en tu estilo narrativo?

J. A. C.- La novela histórica en España la veo con mucha fuerza y músculo. Es un género que se ha ido abriendo paso en el coto casi exclusivo de los autores foráneos, aportando una temática más cercana y centrada en nuestra propia historia, que es algo que desde hace tiempo se echaba en falta.
A los autores consagrados no dejan de sumarse nuevas voces, frescas y de calidad, que se van abriendo hueco en las estanterías y expositores de las librerías y plataformas online. Leo mucha novela histórica, pero el tiempo no me alcanza para conocer a todos los autores. Algunos me gustan más otros menos, como supongo que le ocurre a todo el mundo, pero en general prefiero a los que emplean un estilo más clásico y dejan discurrir la trama sin llevar al lector de sobresalto en sobresalto.
14) Con esta situación excepcional e inesperada que vivimos, provocada por la pandemia del COVID-19, se presenta un futuro incierto para la economía nacional. El sector editorial tendrá que mirar con lupa las novelas que quiera publicar, por lo que entiendo que los escritores tendréis que redoblar vuestro trabajo y esfuerzo para que las editoriales publiquen los manuscritos que les presentáis.
J. A. C.- Publicar en España siempre ha sido difícil. Somos muchos los que escribimos y cuesta hacerse un hueco en el mundo editorial tradicional. Esta pandemia tan fulgurante e imprevisible nos está descolocando a todos, incluidos autores y editoriales, nadie sabe bien qué va a suceder mañana y se hace casi imposible pronosticar por dónde van a ir las cosas. En mi caso, seguiré apostando por hacer bien los deberes y escribir lo mejor que sé.

15) F. P.- Y ya para terminar, ¿puedes adelantarnos algo sobre tu próxima novela?

J. A. C.- Soy algo supersticioso con estas cosas y me da un poco de vértigo hablar sobre algo que aún está en el banco del carpintero. Por eso, solo te contesto que esto trabajando en otra novela ambientada en la misma época que Las islas de Poniente, el increíble siglo XVI.

Nota: Biografía, portada de la novela y fotografía del autor, tomadas de la web de Pàmies. Láminas de las islas Salomón y de Pedro Ferández de Quirós, tomadas de Wikipedia. Imagen del Archivo General de Indias en Sevilla, tomada de la web Andalucía.org. 













3 comentarios:

  1. Pues veo que me perdí tu reseña de "Las islas de Poniente", ahora iré a leerla. Lo que deduzco de la entrevista es que esa desaparición de la nao Santa Ysabel resulta bastante intrigante. Parece ser que la novela está muy bien documentada y con personajes muy bien definidos.
    Lo de leerse "El Quijote" para tomarle pulso al lenguaje de la época, me parece una idea genial. Cuando se lee algo se queda en la mente un cierto tono acorde con lo leído que puede ser muy útil para ese propósito.
    Un beso.

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  2. Esta entrevista va directa al mail de mi marido. Creo que te dije en la reseña que es el tipo de libro que le gusta a él. Gracias Paco. Besos

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  3. Hola Paco!. Me gustan estas entrevistas que nos traes porque me permite conocer a autores a los que de otra forma no llegaría. Creo que leí tu reseña de Las islas del poniente y de aquella me apunté al autor, si no lo hice, lo hago ahora, porque lo que cuenta me parece muy interesante. Besinos.

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