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jueves, 2 de febrero de 2012

Iglesia de San Francisco, Noia



Esta iglesia se halla situada en la Alameda de Noia. Perteneció al convento de los franciscanos, fundado en el año 1316 en Sueiro, parroquia de Argalo, del municipio noiés. En el siglo XVI se trasladarían al actual templo de estilo ojival renacentista,  levantado con donaciones de familias noiesas, de las que pueden verse sus escudos tanto en el exterior como en el interior del templo.

Consta de una sola nave dividida en cinco tramos, planta de cruz latina con brazos de crucero cortos y capilla mayor rectangular. La bóveda de esta capilla así como también de las capillas laterales son de crucería propias de finales gótico tardío.  Estas bóvedas están sostenidas por nervaduras de complicada factura.

La torre-campanario es de tres cuerpos, obra del cantero Rodrigo de Sedo.

Interesante es también el claustro -que ahora forma parte del Ayuntamiento- formado por arcos carpaneles sobre columnas que descansan sobre un alto podium corrido.

En su interior destacamos la capilla de la Epístola y su retablo del siglo XX.

Muchos caballeros fueron enterrados en esta iglesia pero las sepulturas desaparecieron con la desamortización de Mendizábal del siglo XIX. También desaparecieron intersantísimos documentos que se custodiaban en su archivo. Se conservan dos tumbas en la capilla Epistolar:

 -En la clave del arco, sobre el sepulcro del caballero de la Orden de San Juan de Malta, Francisco Bermúdez de Castro, hay un escudo con la cruz de esta Orden . El sarcófago que guarda los restos de este caballero tiene sobre la tapa su estatua yacente, con la misma cruz de Malta sobre el pecho. Una inscripción y un escudo sirven para identificar al personaje aquí enterrado. El caballero aparece vistiendo armadura completa con la visera levantada, parece dormir. La mano izquierda parece que la usa para descansar mientras la otra la apoya en la espada. Los pies descansan sobre un can.

- En el otro sepulcro se puede leer: “aquí yace Pedro de Losada, hijo de Alvaro Vázquez de Sanabria y su mujer Inés Yánez Dacosta, contino de su Majestad”. Se denominaba contino a cada uno de los cien miembros de la Guardia Real que velaban, de contino (continuamente) por los monarcas y su familia. Cuerpo creado por don Alvaro de Luna, hacia mediados del siglo XV, en tiempos de Juan II de Castilla, para defender al monarca de los continuos ataques de la nobleza y que, más tarde, los Borbones transformaron en el Real Cuerpo de Alabarderos.




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