miércoles, 15 de abril de 2015

Donostia, de Jon Lauko











Sinopsis:


En septiembre de 1977, la fotógrafa de prensa Guillermina Anglada recibe el encargo de realizar un discreto reportaje sobre un activista con numerosos alias, doble agente al servicio de la policía que, según parece, pretende introducirse en la organización terrorista ETA. Pedro Mari Gabarain, Kepa, empleado de banca e hijo de una familia donostiarra acomodada, lleva una plácida vida de soltero en San Sebastián e ignora por completo el peligroso torbellino por el cual va a precipitarse su vida a causa de una absurda confusión. Donostia, además de una novela de intriga que trata de adentrarse en los vericuetos de la mente humana sometida a presión, quiere ser la expresión cautivada del autor ante la luz de un hermoso lugar, la Bella Easo.


Opinión Personal:


Jon Lauko, pseudónimo de Francisco Rubio, bebe en las fuentes de los grandes autores del género en la que los personajes principales eran espías que actuaban en los tiempos en que la llamada Guerra Fría estaba en su máximo apogeo. John Le Carré es, quizás, quien más ha influido en él. De ahí viene el nombre con el que firma sus novelas.

Y así es como surge el nombre del espía doble que aparece en sus thrillers, dos publicados hasta la fecha. Este espía doble es un hombre camaleónico por aquello de que se le conoce con varios alias, como Gustavo, Marcel Cambremer, Morales, etc. Lo curioso es que mi relación con este personaje es un tanto atípica, pues lo conocí en Estación París, la segunda de las novelas en la que aparece, ya con un mayor protagonismo. En esta novela que hoy reseño, Donostia, el lector toma el primer contacto con este personaje aunque, sin embargo, tiene menor protagonismo, pero no por ello pasa desapercibido. Todo lo contrario. Nos lo encontramos utilizando una empresa como tapadera para así, en representación de ella, poder entrar en contacto con ETA. ¿Sus fines?. Más no puedo decir porque sería desvelar demasiado. Y, como se puede comprobar a raíz de lo que acabo de comentar, son dos novelas que se pueden leer de forma independiente, pues en Estación París el autor nos pone en antecedente sobre este personaje. El porqué de invertir el orden de lectura se puede comprobar en los datos técnicos que figuran más abajo.

Donostia es una novela corta, una nouvelle, en la que el suspense está asegurado desde el primer momento, desde que Guillermina Anglada es enviada a Donostia como reportera para seguir discretamente a un doble espía y desde el momento en el que Kepa Gabarain, como así le gusta que le llamen, ve cómo su vida cambia radicalmente cuando alguien, sin saber por qué, atenta contra él en el momento en el que va a recoger su vehículo que tiene guardado en el aparcamiento de su edificio. Él, un simple empleado de banca, es tiroteado por unos encapuchados, que escapan dándolo por muerto, pero logra sobrevivir al atentado. Su vida, desde ese momento, dará un cambio radical. ¿Por qué se lo quieren quitar de en medio? Esa pregunta hará que actúe con todas las consecuencias para así llegar hasta el final sin pensar en el riesgo que puede correr, al ver cómo su vida acomodada se ve alterada por la presencia del miedo, la angustia y el recelo.
                                                                                                         (Club Náutico de San Sebastián)
Jon Lauko consigue que veamos las escenas que nos relata, al estar descritas de tal forma que logra darle ese aire cinematográfico y esa ambientación con la que realmente parece que nos transporta al año 1977. Detrás de todo ello hay una buena labor de documentación. Parece que estoy viendo una de esas películas de la época en la que los personajes se levantan por la mañana y lo primero que hacen es poner la radio para escuchar las noticias del día, o los vemos moverse apresurados por las calles de San Sebastián sorteando los charcos que se forman, empapados por el txirimiri que cae, o viendo arreciar el temporal en el mar a través de la cristalera del Club Náutico mientras disfrutan de una buena comida, pues la gastronomía vasca estará muy presente a lo largo de la narración en una época en la que empezaba a sonar el nombre de un tal Arguiñano. Sin olvidarnos de la actividad terrorista llevada a cabo por ETA que sobresaltaba la vida tranquila de la población vasca con frecuentes atentados en una época en la que luchaban fuertemente por la independencia de Euskadi, pese a las posturas contrarias adoptadas por los políticos que preferían la vía dialogada, como nos lo recordará el senador Mikel Iribarren.

En esta novela el destino juega un papel primordial porque a veces es caprichoso y podemos vernos sumergidos en situaciones que son ajenas a nosotros pero que, por alguna causa desconocida, nos afectan y cambian el rumbo de nuestra vida. Pero la casualidad también formará parte de la relación entre los personajes, aunque de esto no puedo desvelar más porque destriparía mucho la novela.

Jon Lauko nos presenta, como es habitual en él, unos personajes muy bien trazados y creíbles. Pese a la poca extensión de la novela, llegamos a conocerlos perfectamente, haciéndosenos muy cercanos, sobre todo los tres que llevan el peso de la narración. El autor logra confundirnos en más de una ocasión con la forma de actuar con algunos de ellos, caso de Guillermina Anglada, pues las primeras escenas en las que aparece nos hacen imaginar que es una persona de vida licenciosa y no ese personaje que desempeñará un papel fundamental en el desenlace de la trama, pese a que, cosa que me sorprendió mucho, pasen unos cuantos capítulos hasta que nos la volvamos a encontrar. Lo mismo ocurrirá con Kepa Gabarain, que al principio no comprendemos por qué viniendo de una familia acomodada se conforma con ser un simple empleado de banca aunque, eso sí, permitiéndose sus caprichos. Le gusta su estilo de vida y es reacio a comprometerse en pareja, aunque conocerá a su vecina Aintzane que estaba en ese momento de la vida cercano a las últimas posibilidades de conseguir una pareja estable.

Donostia está narrada en tercera persona escrita con un estilo directo y un lenguaje preciso. Está estructurada en trece capítulos y relatada por un narrador omnisciente. Se lee prácticamente de una sentada pues el ritmo es trepidante y el lector no tendrá prácticamente tregua hasta el desenlace final. Creo que merece la pena adentrarse en sus páginas y estoy seguro que los amantes del género saldrán satisfechos tras finalizar su lectura.


Biografía:


Jon Lauko es el seudónimo con el que firma el profesor Francisco Rubio, que trabajó como catedrático de Matemáticas en varios institutos de enseñanza media y como profesor de Álgebra de la Escuela de Caminos de Barcelona.

Además de publicaciones de carácter profesional, tiene editado un pequeño libro de viajes titulado Viaje a la Comunidad de Albarracín (Comunicación Literaria de Autores, Bilbao 1980), numerosos cuentos, relatos y artículos viajeros en diferentes periódicos y revistas y la novela titulada Donostia (Meteora, Barcelona 2011). Su segunda novela, Barrendero, enterrador, ferroviario fue editada por Atlantis en 2012. Estación París es su tercera publicación.


Datos técnicos:

Título: Donostia
Autor: Jon Lauko
Editorial Meteora
1ª Edición: abril de 2011
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788492874361
Nº pág.: 144

Fuentes: sinopsis y datos técnicos, tomados de la página de Ediciones Meteora; Fotografía del autor, de mi reseña de Estación París y fotografía del Club Náutico de San Sebastián, de Wikipedia.



9 comentarios:

  1. Me gustan este tipo de libros y este no lo conocía, aunque con tanto pendiente creo que de momento no me animaré con su lectura
    Besos

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  2. No me veo ahora mismo con una novela de este corte, no obstante, el hecho de que sea tan cortita me puede hacer decidirme porque no arriesgo mucho.

    Un beso.

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  3. Pues tiene buena pinta y no me importaría en absoluto leerla.

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  4. El argumento promete y el género me gusta así que no la descarto.

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  5. No me llama la atención así que lo dejo pasar.
    Un besote.

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  6. Me gustan las historias valientes y que aporten cosas que se han mantenido tabu durante mucho tiempo. Interesante tu propuesta.,

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  7. No me importaría leer este libro. Aunque no me lanzaré a su búsqueda, con todo lo que tengo pendiente. Pero si se cruza en mi camino...
    Besotes!!!

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  8. Me gusta mucho lo que nos cuentas. Me la llevo anotada.
    Gracias por tu reseña.

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  9. La verdad es que soy horrible para analizar las películas de espías; me cuesta quedarme con los nombres y las caras y tantos faroles como se marcan los buenos espías. He leído algo de Le Carré y tengo buen recuerdo. Supongo que sería capaz de enterarme de un libro como éste, jajaja

    Bs.

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